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Juncker desafía el liderazgo de Macron

En contra de los deseos del presidente francés, defiende que los partidos presenten candidatos a las europeas de 2019 y el ganador le suceda al frente de la Comisión. Propone fusionar las presidencias de la CE y del Consejo.

  • Tras anunciar que no aspira a un segundo mandato al frente de la Comisión, Jean Claude Juncker desveló ayer en Bruselas sus ideas sobre el futuro institucional de la UE
    Tras anunciar que no aspira a un segundo mandato al frente de la Comisión, Jean Claude Juncker desveló ayer en Bruselas sus ideas sobre el futuro institucional de la UE
Bruselas.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de febrero de 2018. 03:27h

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Mirentxu Arroqui.  Bruselas. 15/2/2018

La legislatura comunitaria entra en su fase final. Y el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, consciente de que escribe las últimas líneas de su epitafio político parece deseoso de dejar su impronta en el proceso de integración europeo. El político luxemburgués ya ha dejado claro que no se presentará a la reelección y ayer esbozó el futuro de la arquitectura institucional europea cuando él ya no esté: la fusión de los cargos de presidente de la Comisión y del Consejo, una estructura de dos cámaras (el Consejo en el que están representados los Estados y el Parlamento), la elección de su sucesor dentro de la lista más votada en las próximas elecciones al Parlamento Europeo. Una propuesta con inequívoco aire federal que levanta ampollas en las capitales europeas. En unas más que en otras. En pocas suscita entusiasmo. Consciente de esta oposición, el propio Juncker rechazó la idea de los que le consideran un «federalista estúpido y cabezón» y negó estar a favor de unos Estados Unidos de Europa o un super Estado europeo.

Para abrir boca, Juncker se conforma con que el método por el que él fue elegido sea perfeccionado y no se produzcan pasos atrás. En 2014, por primera vez, el candidato de la familia política más votada en las elecciones europeas (el Partido Popular Europeo) se convirtió en el presidente del Ejecutivo comunitario con el aval posterior de los jefes de Estado y de Gobierno. En las anteriores convocatorias, la designación de los candidatos se produjo tras las negociaciones habituales entre las capitales europeas caracterizadas por la opacidad. Juncker quiere que los candidatos a sucederle en 2019 se postulen antes de final de año para que la ciudadanía conozca sus propuestas y en las elecciones a la Eurocámara se pueda hablar de la UE y el voto no esté motivado por cuestiones de índole nacional exclusivamente. «Yo no fui postulado como candidato principal en 2014 hasta dos meses antes de los comicios, y ni siquiera pude ir a todos los países», se lamentó ayer el luxemburgués. En el año 2014 eran conocidas la reticencias de la canciller alemana, Angela Merkel, ante este nuevo método, pero Martin Schulz, el entonces presidente del Parlamento Europeo y uno de los grandes aliados de Juncker consiguió lo que parecía imposible. Los tiempos han cambiado, Schulz ya no desempeña ningún puesto de responsabilidad ni siquiera en su propio partido, el socialdemócrata SPD, y el gran obstáculo para los deseos de Juncker no es otro que el presidente francés, Emmanuel Macron, la gran esperanza de la Unión Europea.

El presidente de la República francesa no ve con buenos ojos la reedición del método «spitzenkandidaten», tal y como es conocido este método de elección en los pasillos europeos por su nomenclatura en alemán. A pesar de esto, Juncker quiso dejar claro que esto no significa que haya automatismo en la designación, ya que el ganador tras las elecciones a la Eurocámara contará también con el visto bueno de las capitales (tal y como sucedió en su caso) y que dará una «doble legitimidad» al elegido.

Más allá de 2019, Juncker apuesta por fusionar las dos presidencias para que una eventual mala relación entre el presidente del Consejo y de la Comisión no pueda convertirse en una «pesadilla» para la UE.

Dentro del futuro que se avecina, Juncker anticipó un nuevo escenario inquietante para España tras el Brexit. A partir del año 2020, el presupuesto comunitario se quedará sin 13.000 millones anuales netos y esto supondrá recortes en la Política Agrícola Común (PAC) y en los fondos de las regiones, dos de las partidas del presupuesto en las que España resulta más beneficiada.

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