La familia Bush abandera la corriente crítica contra Trump

Los ex presidentes evidencian el descontento del «establishment» republicano al negarse a apoyar la candidatura del magnate

«Pacto de silencio». Los Bush, en un acto celebrado en Dallas en 2013
«Pacto de silencio». Los Bush, en un acto celebrado en Dallas en 2013

Los ex presidentes evidencian el descontento del «establishment» republicano al negarse a apoyar la candidatura del magnate

La campaña de Donald Trump se ha caracterizado desde el primer momento por una serie de acontecimientos inéditos que han revolucionado la tradicional maquinaria electoral estadounidense. Ayer, el magnate consiguió un nuevo «hit»: el desaire de dos ex presidentes de su partido. George H. W. Bush y su hijo George W. Bush no respaldarán la evidente nominación de Trump e iniciarán una campaña de «silencio» con la que se mantendrán al margen de la carrera por la Casa Blanca. Por lo tanto, será la primera vez que los Bush no se involucren en unas elecciones presidenciales para defender al candidato conservador. Ambos utilizarán como pretexto los ataques del «presunto candidato» –como todavía llaman a Trump en el «establishment»– al ex gobernador de Florida Jeb Bush, hijo y hermano de los ex presidentes, cuando éste todavía competía por conseguir la nominación en las primarias del Partido Republicano.

Su silencio pone de manifiesto no sólo el disgusto de un padre y un hermano por no ver a su familiar como candidato, sino la fractura del partido conservador a consecuencia del «efecto Trump». Sobre todo, cuando Bush padre ha apoyado de forma entusiasta en los últimos 20 años a cualquiera que fuese el candidato de su partido a la Casa Blanca. Su portavoz, Jim McGrath, confirmó ayer a «The Texas Tribune» que «a la edad de 91 años el presidente se ha retirado de la política. Dejó la jubilación en algunas ocasiones por Jeb, pero fueron excepciones». Por su parte, George W. Bush, uno de los mayores exponentes del «establishment» republicano, «tampoco tiene planes de participar o comentar nada de la campaña presidencial», según confirmó su asistente, Freddy Ford, después de que el martes por la noche Trump se asegurase la nominación y dinamitara cualquier «plan B» de los conservadores para presentar un candidato alternativo en una posible convención abierta.

Mientras, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, aseguró ayer que «aún» no está «preparado» para respaldar la virtual nominación del magnate. «No quiero subestimar lo [Trump] que ha logrado. Pero esperamos que nuestro candidato aspire a ser [inspirado por] Lincoln y Reagan. Alguien que llame a una gran mayoría de los estadounidenses», aseguró Ryan a la CNN.

Al igual que Trump, Clinton ya asumió el papel de candidata «de facto», a falta de la nominación oficial en julio, y atacó sin miramientos a su potencial rival. Su equipo de campaña difundió una recopilación de todos los calificativos despectivos de los que hasta ahora habían sido rivales en la carrera de las primarias conservadoras. Así se puede ver a Mitt Romney acusarle de «ser una copia» y de «haberse reído de un reportero discapacitado» o a Tez Cruz tachándole de «narcisista». También muestra al ex gobernador de Nueva York George Pataki, quien le define como «el candidato que no sabe nada» o a la senadora de Carolina del Sur Lindsey Graham llamándole «racista». Clinton sabe que no hay mejor campaña contra Trump que utilizar a los críticos de su propio partido para desacreditarlo.