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La hegemonía iraní moviliza a Israel

Netanyahu transmitirá hoy a Putin la creciente preocupación hebrea por la fuerte presencia militar de Irán en Siria. La situación, advierte, amenaza el equilibrio regional en Oriente Medio

  • El «premier» Netanyahu y el líder ruso, Vladimir Putin, en 2013
    El «premier» Netanyahu y el líder ruso, Vladimir Putin, en 2013 / EFE
Jana Beris.  Jerusalén.

Tiempo de lectura 4 min.

24 de agosto de 2017. 11:50h

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Jana Beris.  Jerusalén. 23/8/2017

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No es novedad que desde Israel la política de Irán ha sido siempre la de un país enemigo que no duda incluso en proclamar públicamente su deseo de destruir al Estado judío. Pero la dinámica de los últimos tiempos ha contribuido a aumentar la preocupación israelí al ver cómo se ha afianzado la presencia de Irán en Siria, que comparte frontera y se mantiene en estado de guerra con Israel.

A ello se suman las declaraciones ayer en Teherán de Ali Akbar Salehi, uno de los vicepresidentes iraníes y jefe del programa atómico. Salehi advirtió de que, si se intenta desafiar a Irán cancelando el acuerdo nuclear, «podemos retomar en no más de cinco días el enriquecimiento de uranio a nivel de 20%», del cual se puede avanzar rápidamente a calidad militar previa a la bomba. Si bien Salehi aclaró que Irán no tiene ninguna intención de desdecirse del acuerdo y hacía sus aclaraciones por las advertencias recientes del presidente Donald Trump, el tema encendió nuevamente la luz roja en Jerusalén.

En Israel hay en los últimos tiempos una clara consciencia acerca del fortalecimiento de la presencia iraní, contra la cual han advertido las máximas autoridades. Durante los más de seis años de guerra en Siria, el régimen de los ayatolás jugó un papel directo y clave en ayuda del presidente Bashar Al Asad. Lo hace a través de la Guardia Revolucionaria y de la milicia chií Hizbulá por su evidente interés en preservar un régimen que le permite influencia, presencia y control directos en territorio sirio.

Días atrás, ante el Parlamento en Damasco, Asad lo reconoció explícitamente. Sintiéndose seguro de que ha logrado revertir gran parte de la situación desventajosa con la que había lidiado tiempo atrás, casi a punto de poder proclamarse formalmente ganador en la guerra, declaró: «Se escribirán libros de historia sobre la ayuda que hemos recibido de nuestros amigos. Hizbulá defendió a Siria como si fuera su propia patria, Irán nos proporcionó armas sin limitación y Rusia nos protegió en el Consejo de Seguridad» de Naciones Unidas.

En realidad, el papel de Moscú fue más activo aún que en la arena diplomática, participando aviones rusos en ataques contra el el Estado islámico y otros grupos opositores en operaciones que se cobraron la vida de civiles.

Esta situación supone un desafío nada sencillo para Israel, que ve en el eje Irán-Siria-Hizbulá un gran peligro y, por otro lado, necesita maniobrar con sus buenas relaciones bilaterales con Moscú. Precisamente, esto es lo que llevó al primer ministro, Benjamin Netanyahu, a Sochi para reunirse con Vladimir Putin. En un hecho poco común, viaja acompañado por el jefe del Mossad, Yossi Cohen, y el asesor de Seguridad Nacional, Meir Ben Shabbat. «Discutiré con Putin los intentos acelerados de Irán para conseguir una presencia militar en Siria», declaró ayer Netanyahu en un comunicado emitido por su oficina, en el que agregó que «la agresión iraní no ha disminuido en absoluto tras el acuerdo nuclear, lo que constituye un problema no solamente para Israel, sino para todos los países de Oriente Medio y para el mundo entero».

Según el ex asesor de seguridad Yaakov Amidror, el primer ministro insistirá en dos puntos concretos: «Que Irán no tenga la posibilidad de construir bases que sean utilizadas como punto de lanzamiento contra Israel en el futuro y que Siria no sea el país desde el que iraníes, sirios y otros muevan elementos que en el futuro pueden cambiar las reglas del juego, incluyendo sistemas armamentísticos construidos en la propia Rusia». Según Amidror, «Rusia debe comprender que Israel hará lo que sea necesario para no permitir que los iraníes construyan bases en Siria y para que Hizbulá no reciba las armas».

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