Brexit

La UE pide a empresas y ciudadanos que anticipen una salida caótica

Destinará el fondo de catástrofes para aliviar a los países más castigados

La Razón
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Mientras el primer ministro británico vivía ayer en Westminter una de las jornadas más duras de su vida política, el otro lado del Canal de la Mancha decidía sumergirse en el silencio y no apartarse del camino trazado. La Comisión Europea publicó ayer su último texto preparatorio ante un eventual Brexit caótico y aprovechó la ocasión para hacer un llamamiento a capitales, empresas, y ciudadanos para que se preparen para lo peor. El mensaje parece claro: Bruselas ya ha hecho su parte y no minusvalora ningún riesgo, por muy irracional que parezca para los propios intereses británicos la posibilidad de un Brexit sin anestesia el próximo 31 de octubre.

Teniendo en cuenta que los Veintisiete ya se asomaron al precipicio de un divorcio caótico antes del 29 de marzo, el documento desvelado ayer contiene pocas novedades, aunque sirve para actualizar los plazos de las medidas de contingencia que estaban planeadas para la fecha antes mencionada y que abarcan desde el espacio aéreo hasta las cuotas de pesca, transporte de mercancías y productos químicos. Como principal paso al frente, el ejecutivo comunitario plantea utilizar el dinero del fondo destinado a catástrofes naturales –desde incendios a inundaciones–, y que también utiliza remanentes de partidas no gastadas, para salir al auxilio de los países más castigados por un Brexit a las bravas. Bruselas calcula que podrá obtener unos 500 millones de euros y también estudia que los trabajadores que pierdan su empleo debido a las consecuencias del divorcio británico puedan acudir a las partidas del Fondo de Adaptación a la Globalización. Puede que no sea suficiente, pero la determinación de ayudar todo lo posible a los países más castigados –con especial énfasis en la delicada situación de Irlanda– parece firme.

Las consecuencias de un divorcio de las bravas resultan difíciles de prever. El presidente del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo, Andrea Enria, reconoció ayer ante el Parlamento Europeo que la institución está estudiando las consecuencias de un Brexit caótico en las entidades financieras europeas, pero reconoció la preocupación de la entidad monetaria por un escenario en el que se interrelacionen otros factores como las guerras comerciales entre EE UU y China. Para Enria, lo importante es la exposición a «los riesgos que emerjan».

En cuanto a las declaraciones públicas, Bruselas prefirió ayer no valorar la sesión en Wetsminter, consciente de lo difícil de predecir el próximo paso de la inestable política británica y de que cualquier paso en falso puede acabar pagándose caro. A pesar de que las dificultades por las que atraviesa el primer ministro en su contienda con Westminter provocan sonrisas malévolas en la capital comunitaria, un Johnson acorralado no resulta menos peligroso que un «premier» en plena forma, y la debilidad del primer ministro tampoco augura que las autoridades europeas cuenten con un interlocutor válido en los próximos días. Aunque los intentos de Westminster por evitar un Brexit caótico son una buena señal, eso no significa que la Cámara pueda refrendar el pacto de Theresa May –rechazado en hasta tres ocasiones.