La última batalla para salvar la Unión

Todas las miradas apuntan hoy a Reino Unido, donde se celebra un histórico referéndum que marcará el futuro del proyecto europeo.

Todas las miradas apuntan hoy a Reino Unido, donde se celebra un histórico referéndum que marcará el futuro del proyecto europeo.

El euroescéptico Boris Johnson en helicóptero. David Cameron, primero en Londres y luego en Birmingham. Los laboristas al amparo de Sadiq Khan, el primer alcalde musulmán de la capital británica. Nigel Farage, líder del UKIP, enseñando su pasaporte a la cámara. En resumen, un cierre de campaña frenético. En Reino Unido no hay jornada de reflexión y los políticos apuraron hasta el último minuto antes del histórico referéndum en el que los británicos deciden hoy su futuro en la Unión Europea. La última palabra la tendrán cinco de los 46,5 millones llamados a las urnas que aún no ha tomado una decisión. En la recta final, también se coló la mismísima reina Isabel II, quien protagonizó una portada del tabloide euroescéptico «The Sun», donde se desvelaba una supuesta conversación privada en la que la soberana preguntó a sus invitados que le dieran «tres buenas razones» para permanecer en el bloque. Hace tres meses, la jefa de Estado ya se vio involucrada en una polémica similar cuando el mismo diario le atribuyó la frase de «la UE avanza por el camino equivocado». Desde Buckingham, un portavoz oficial indicó que la reina «está por encima de la política». Prueba de su neutralidad es que hoy no votará.

A lo largo de la jornada, también cobró especial protagonismo el homenaje que se celebró en Trafalgar Square en honor a Jo Cox, la primera parlamentaria asesinada desde 1990 y que ayer habría cumplido 42 años. El crimen, a manos de un hombre con problemas mentales que se abalanzó sobre ella al grito de «Britain First» (Reino Unido primero), marcó un punto de inflexión en una intensa campaña cargada de ataques personales, sobre todo en las filas «tories», que se encuentran inmersas en una guerra civil.

Sea cual sea el resultado del plebiscito, el cargo de Cameron como primer ministro está cada vez más cuestionado. Los rebeldes aseguran que si la permanencia no gana por 20 puntos tendría que abandonar Downing Street. La ventaja se antoja bastante improbable, según las últimas encuestas que, hasta anoche, permanecían prácticamente empatadas. Según un último sondeo de YouGov, el resultado de la consulta será una victoria de la permanencia por un 51% de los votos frente al 49%. En cambio, otra de Opinium pone en cabeza al Brexit por un punto (45% frente a 44%). Las casas de apuestas se mostraban más optimistas. Ladbrokes divulgaba ayer un barómetro en el que desvelaba que el 76% se inclinaba por continuar dentro del bloque, frente a un 24% que apoyaba al Brexit.

Hasta ahora no hay precedente de que un Estado miembro haya abandonado el hoy tan cuestionado proyecto europeo. Argelia dejó la Comunidad Económica Europea cuando se independizó de Francia en 1962. Los 56.000 residentes de Groenlandia se marcharon en 1985. La colonia caribeña francesa de San Bartolomé salió oficialmente en 2012. Pero ninguno de estos casos se puede comparar a un país de 65 millones de personas que representa la segunda economía del continente. En caso de Brexit, aunque el Tratado de Lisboa establece las pautas del divorcio en su artículo 50, el primer movimiento ha de partir de Londres, que tendría que notificar al Consejo su deseo de abandonar el club. De hecho, no está obligado a proceder inminentemente. Es más, los partidarios de romper con Bruselas han manifestado ya su preferencia por aguardar, puesto que la fórmula que regiría en caso de que finalmente abandonen el bloque sigue siendo una incógnita. Cameron insiste en que sería una «salida sin retorno». «Tú no puedes saltar de un avión y luego volver a entrar por la escotilla de la cabina», afirmó ayer al calificar el Brexit de «enorme problema».

Por su parte, su enemigo acérrimo, el popular Boris Johnson, que inició su jornada en el mayor mercado de pescado de Londres, Billingsgate, pidió a los británicos que crean en su país y se refirió a la votación de hoy como «el día de la independencia». El líder laborista, Jeremy Corbyn, argumentó que el triunfo del bando del Brexit «pondría en riesgo el servicio nacional de salud» y abogó por la continuidad en el bloque, algo que también defendió la nacionalista Nicola Sturgeon, ministra principal de Escocia, que amenaza con convocar otro referéndum de independencia en caso de que Londres opte por dejar la UE.

El FMI ha advertido de que un Brexit generaría consecuencias económicas «fatales» a «nivel global». Según el «think tank» Open Europe, si Reino Unido sale del «club», tendría que crear un nuevo modelo comercial con Bruselas, ya que los actuales no convencen. Noruega, Islandia y Liechtenstéin son miembros del Espacio Económico Europeo y de la Asociación Europea de Libre Comercio. Pero a Londres no le compensa. Debería pagar una cuota para mantener el acceso al mercado interior, pero perdería toda influencia formal sobre una legislación que tendría que poner en práctica.