La venganza del Everest: 22 alpinistas muertos y 217 desapericidos

Varios escaladores intentan socorrer a una de las víctimas en la ladera del Everest
Varios escaladores intentan socorrer a una de las víctimas en la ladera del Everest

La catástrofe se ha cernido de nuevo sobre el pequeño y precioso país del Himalaya, que tanto queremos los alpinistas y expedicionarios. Y al que acudimos con mucha frecuencia, para subir sus montañas o para recorrer los interesantes caminos, acompañados por sus sufridos pobladores... El movimiento sísmico del sábado movió y desequilibró los cimientos de las casas y de los viejos monumentos de Katmandu, causando muchas víctimas. La ciudad tiene calles estrechas y casas malamente construidas. Y el número de víctimas aumentará desgraciadamente en las próximas horas...

Pero, ¿y en las grandes montañas? Éste es un tema muy distinto. Allí las avenidas de nieve, piedras, hielo y barro... generadas por ese mismo movimiento sísmico, han producido la inestabilidad de los grandes glaciares, de las aristas cimeras, y de los inmensos bloques de hielo («seracs») que se precipitan produciendo gigantescos derrumbes.

La avalancha del Pumori, una montaña bellísima, relativamente próxima al Everest, ha sido al parecer la que ha causado estragos en el campo base de esta montaña en la que numerosos alpinistas esperaban turno para ascender la célebre montaña. El resultado, al menos 22 muertos, 217 desaparecidos y un número aún por determinar de atrapados.

En la base del Everest se hallaban, según los primeros cálculos de las autoridades, unos mil escaladores y guías, de los que unos 400 eran extranjeros. Había tantos porque estamos en la temporada punta para ascender los picos del Himalaya, el llamado «premonzón», que traerá días sin viento y con temperaturas asumibles. Por ello el Himalaya está en su mejor temporada, con muchos más expedicionarios, muchos más incluso de los que llegarán en otoño –en el «postmonzón», temporada en la que las temperaturas serán más bajas y la nieve caída con los monzones supondrá un peligro adicional.

Todavía es muy pronto para calcular el alcance de esta catástrofe, y me refiero sólo a las montañas del Himalaya nepalí, en donde hay muchos lugares que antes o después irán ampliando el número de muertos y desaparecidos. Hasta ahora, hemos tenido noticias –con dificultades e incompletas– del Everest por el sur, ya que se trata de la zona que aglutina mayor número de alpinistas y turistas que se acercan al Everest... Pero, ¿sabemos algo del campamento base del Cho Oyu? ¿Del Sisha Pagma? ¿Del Kanchenjunga?, ¿Del Manaslú y de tantas otras montañas menos famosas, pero también de gran interés para los cientos de expedicionarios españoles, y miles de otros países? Y me estoy refiriendo al Ama Dablam, al Kalapatar, al Lobuche, al Island Peak, al Lantag Lirum... y a varias decenas de montañas de esos mismos territorios. Tampoco estamos sabiendo qué pasa en los campamentos más altos, y me refiero no sólo al Everest, sino a los otros montes citados, campamentos de altura en donde las avalanchas han debido de ser más frecuentes.

Las operaciones de rescate son además lentas y laboriosas. Según recogió la agencia Efe, el Ministerio nepalí de Exteriores informó ayer de que los helicópteros sobrevolaron la zona durante todo el día y sólo pudieron rescatar a 32 personas. Al menos quedaban en la base de la montaña 51 heridos, 41 en estado grave. «Ahora las cosas están más tranquilas, pero grandes zonas del campamento base parecen que han pasado por una explosión nuclear», escribió en Twitter el montañero Alex Gavan. Siento no ser más optimista en estos momentos de ansiedad y pido que sean menos los desaparecidos. Vivir es siempre estar en peligro de muerte.

*Explorador de montañas y periodista. De la Real Academia de Doctores de España.