Las FARC dejan las armas tras 50 años de conflicto

El Gobierno colombiano y la guerrilla firman hoy en Cuba ante cinco presidentes un histórico acuerdo para el cese del fuego definitivo

El Gobierno colombiano y la guerrilla firman hoy en Cuba ante cinco presidentes un histórico acuerdo para el cese del fuego definitivo

Colombia vivía ayer uno de los momentos más importantes de su historia: el Gobierno y las FARC alcanzaban un acuerdo para el cese del fuego bilateral y la renuncia a las armas. Un anuncio que se produjo tras casi cuatro años de negociaciones, cincuenta años de conflicto armado y más de siete millones de víctimas. «Las delegaciones del Gobierno y las FARC-EP informamos a la opinión pública de que hemos llegado con éxito al acuerdo para el cese el fuego y de hostilidades bilateral y definitivo», decía el comunicado conjunto emitido desde La Habana. Ambas partes lograron sellar así un consenso en temas fundamentales como la renuncia a las armas por parte de la guerrilla y garantías de seguridad, incluidos en el punto tres de la agenda que en los últimos meses había encallado las conversaciones.

Además, el texto hace especial énfasis en la lucha contra el paramilitarismo, una de las principales preocupaciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para abandonar las armas: «La lucha contra las organizaciones criminales (...) incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz», se especifica ante la irrupción de bandas criminales intensificada en los últimos meses.

«Las FARC han insistido en concretar este punto», afirma a LA RAZÓN el ex ministro conservador Álvaro Leyva, artífice del acuerdo sobre justicia con la guerrilla –firmado en septiembre del pasado año–, uno de los pasos más exitosos de unas negociaciones iniciadas en noviembre de 2012. Para Leyva, sin embargo, «ha sido un proceso rápido en comparación con otros».

El anuncio de ayer se traduce en el fin del conflicto con la guerrilla más antigua de Latinoamérica y significa la superación del último escollo del proceso, que había hecho fracasar la firma de un acuerdo definitivo fijado para el 23 de marzo. Ahora sólo queda pendiente establecer el mecanismo que refrendará el acuerdo de paz, que podría alcanzarse en el próximo mes. «Yo creo que ya para el 20 de julio habremos podido cerrar las negociaciones en La Habana y ahí comenzará una etapa nueva para el país», aseguró el lunes el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, quien pidió «esfuerzo» para la nueva ronda de conversaciones iniciada ayer.

Hoy se darán a conocer los detalles de ese acuerdo en un evento en La Habana con la presencia de Santos y del líder máximo de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri (alias «Timochenko»), además del presidente de Cuba, Raúl Castro, y el ministro de Exteriores de Noruega, Borge Brende, los dos países garantes del proceso de paz. Al encuentro también acudirán la presidenta de Chile, Michelle Bachelet; el de Venezuela, Nicolás Maduro, y el presidente cubano así como los de El Salvador, República Dominicana y el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, invitado especial. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó en enero la creación de una misión especial para supervisar y verificar el cese al fuego bilateral, una tarea que durará más de un año y se iniciará tras la firma definitiva de la paz. La ceremonia, tildada por la prensa local como «el último día de la guerra», se solemnizará en el salón de protocolo del complejo habanero de El Laguito y servirá para dar a conocer al mundo en qué consiste el acuerdo.