Le Pen, a la conquista del voto de izquierdas para llegar al Elíseo

La líder del Frente Nacional obtuvo 1,3 millones de votos más que en la primera vuelta de 2012 y se afianza como alternativa. Cree que puede dar la vuelta a los sondeos con el voto de los derrotados

Le Pen se fotografía con un seguidor tras la jornada electoral
Le Pen se fotografía con un seguidor tras la jornada electoral

La líder del Frente Nacional obtuvo 1,3 millones de votos más que en la primera vuelta de 2012 y se afianza como alternativa. Cree que puede dar la vuelta a los sondeos con el voto de los derrotados

Con la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Marine Le Pen ha confirmado que su base se amplía a cada elección que se se celebra en Francia. El domingo votaron por ella 7,7 millones de franceses, un resultado excepcional teniendo en cuenta que en su anterior «éxito», la segunda vuelta de las elecciones regionales de 2015, el Frente Nacional obtuvo 6,8 millones de votos. Entonces se habló de un récord para la extrema derecha, que no había conseguido tan buenos resultados desde la primera vuelta de las presidenciales de 2012, en la que Marine Le Pen obtuvo 6,4 millones de sufragios. En cinco años, la líder frontista ha sabido atraerse a 1,3 millones más de electores. Casi tres millones más de los que su padre, Jean-Marie Le Pen, cosechó en 2002. Es una realidad constatada por todos los analistas polítcios: la ultraderecha amplía su base electoral pese a su todavía nula presencia en las grandes ciudades, y se ha asentado en el espectro político frances y para ampliar sus cuotas de poder.

Pese a las encuestas que le vaticinan una estrepitosa derrota en la segunda ronda, la líder ultranacionalista no se resigna y empezó ayer mismo a dar la batalla. El primer objetivo de cara al 7 de mayo es dejar claro que ella es la candidata del pueblo y su contrincante, Emmanuel Macron, el candidato de las élites. No se cansa de alertar a los votantes de que, para impedir que su partido ocupe el Elíseo, se ha gestado «un frente republicano podrido» para arropar a su rival. Por eso, la intervención ayer de François Hollande anunciando que votará por su exministro de Economía fue acogida con cierta satisfacción en la sede del Frente Nacional, a pesar de las duras palabras del todavía presidente de la República contra su líder. Según Hollande, Marine Le Pen en el Elíseo pondría en peligro la unidad de Francia y la Unión Europea, y «frente a tal riesgo no es posible callarse ni refugiarse en la indiferencia», avisó a los franceses.

Para Marine Le Pen, este apoyo de Hollande a Macron es la baza que puede presentar al electorado conservador que ha visto cómo pasaba de largo una victoria que les estaba prometida desde hacía meses tras el quinquenio del presidente más impopular que nunca ha tenido Francia: si Macron puede ser considerado como sucesor de Hollande, la única forma de obtener la alternancia sería con ella, asegura. Además, Le Pen es consciente de que ese frente republicano es ahora mucho más débil que en ocasiones anteriores por la debacle de Los Republicanos y socialistas.

Otro de sus objetivos durante los próximos días será recuperar el voto antisistema, que también se ha quedado sin su candidato. Ayer por la mañana, Le Pen retomó la rutina de la campaña paseando por Rouvroy, un pueblo de Pas de Calais, un departamento en el que Le Pen ha triunfado ampliamente por delante de Mélenchon. Era la primera imagen para mostrar que ella sigue sobre el terreno haciendo campaña puerta a puerta y peleando cada voto, mientras otros descansan en la capital después de celebrar los resultados del domingo –en referencia a la gran fiesta que celebró Macron en París y que le ha acarreado fuertes críticas–. Durante su paseo, rodeada de cámaras y fotógrafos, sacó a relucir uno de los temas sobre los que va a marcar sus diferencias con la línea Macron, el terrorismo. Para Le Pen es «bastante inquietante» que el líder de En Marcha! no tenga «un programa para proteger al pueblo francés frente a los peligros del terrorismo islamista». «Es un blando», repitió.

Le Pen quiere dejar claro a los franceses que con ella se está del lado de Francia, como dijo la víspera lanzando una llamada «a todos los patriotas sinceros, vengan de donde vengan» para dejar de lado «viejas querellas, a priori, y resentimientos» por el interés del país, frente a los que apuestan por la globalización. Sabe que ganará la Presidencia quien consiga sumar más apoyos de las fuerzas políticas descartadas en la primera vuelta, sobre todo los votantes de Fillon y del izquierdista Mélenchon, que se llevó un 22% de un voto obrero que difícilmente apoyará a Macron. Nicholas Bay, dirigente del Frente Nacional, dijo ayer con total claridad en una entrevista a la cadena BFMTV que el objetivo es «reunir a todos los franceses en torno al proyecto político de Marine Le Pen», en concreto, a quienes votaron por Fillon, Mélenchon y Nicolas Dupont-Aignan, de tendencia nacionalista. Sobre la posibilidad de que los simpatizantes de Fillon y Dupont-Aignan opten por el Frente Nacional, Bay argumentó que, «para quienes durante la campaña han dicho que hace falta una alternativa de derecha para hacer frente a (François) Hollande y Macron», no queda más remedio que votar por Le Pen, insistió en la misma línea que su jefa de filas, informa Ep.

Por último, a la espera del debate que enfrentará a los dos candidatos el próximo 3 de mayo, Marine Le Pen intentará evitar todos los temas que recuerdan de dónde viene su partido, y seguir lo que llaman en Francia el proceso de «desdiabolización» del Frente Nacional.