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Leopoldo López, seis meses recluido en la embajada de España

El opositor venezolano dedica su tiempo a coordinar el “centro de gobierno” como primer ministro en la sombra del presidente interino Guaidó

El opositor venezolano dedica su tiempo a coordinar el “centro de gobierno” como primer ministro en la sombra del presidente interino Guaidó

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Leopoldo López cumple seis meses dentro de la embajada de España en Caracas y las perspectivas de un cambio en su situación como “huésped” del embajador español Jesús Silva son mínimas en estos momentos al estar estrechamente ligadas al futuro del gobierno de Nicolás Maduro, que parece haber encontrado cierta estabilidad al salir del foco de atención mediática en los últimos meses.

El 30 de abril el opositor venezolano logró escapar del arresto domiciliario al ser liberado “por un indulto presidencial” en una jornada marcada por el intento de derrocamiento de Nicolás Maduro por parte de un sector minoritario de las Fuerzas Armadas con el apoyo del autoproclamado presidente interino de Venezuela.

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El embajador Silva decidió ese mismo día dejar entrar a Leopoldo en la residencia oficial y el Gobierno español confirmó que no iba a entregar a las autoridades venezolanas al opositor, al tiempo que exigía al régimen chavista que “se respetara la inviolabilidad de la residencia del embajador español”.

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López llegó con su familia a la residencia de Silva después de una breve estancia en la embajada de Chile. El fundador del partido Voluntad Popular no pidió asilo político -ni podía hacerlo porque la ley española solo permite hacer esa solicitud en territorio nacional- y desde un principio hizo saber que rechazaba la idea de abandonar su país. Quien sí salió de Venezuela fue su esposa, la activista Lilian Tintori, instalada en Madrid junto a sus tres hijos desde el pasado mes de junio.

Haciendo uso de su libertad de comunicación, el político venezolano vive entregado a su trabajo como coordinador del “centro de gobierno” creado por Guaidó el pasado mes de agosto, lo que convirtió a López en una especie de primer ministro en la sombra. En su actividad diaria no tiene agenda de reuniones, ni recibe visitas, y su perfil político se encuentra limitado por el hecho mismo de hallarse como huésped en una embajada de un tercer país.

Pese a su anómala situación y al perfil bajo adoptado, sigue siendo uno de los líderes opositores más valorados en las encuestas y su popularidad no ha disminuido pese al protagonismo de Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela.

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Tres patrullas de la policía política, el Sebín, vigilan la entrada de la residencia. Y toman nota de todas las personas que entran y salen del recinto. Tras las primeras semanas de tensión, la embajada española ha dejado de ser el foco de atención informativa y el día a día de la legación diplomática no se ha visto condicionado por la presencia de Leopoldo López.

Las relaciones del Gobierno español con las autoridades venezolanas transcurren en un “esquema de normalidad”, según fuentes diplomáticas, pese a las discrepancias existentes entre ambas partes, que aumentaron después de que Madrid decidiera reconocer a Guaidó como presidente interino de Venezuela.

Se espera que la llegada de Josep Borrell como alto representante de la diplomacia europea impulse el papel de España en la crisis venezolana. De momento, España se ha comprometido a aportar 50 millones de euros para paliar la crisis en el país latinoamericano. El pasado día 19, el dirigente español visitó el Puente Internacional Simón Bolívar en compañía del director general de Migración Colombia, Christian Krüger, y el ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Holmes Trujillo.

Esta semana, durante la Conferencia de Solidaridad con los Refugiados Venezolanos, Borrell planteó la posibilidad de que la UE estudie un mecanismo para intercambiar petróleo por alimentos, una medida que podría ayudar a paliar la crisis humanitaria que viven cientos de miles de personas que han salido de Venezuela y se encuentran varados en los países vecinos.

“Hay que pensar en otro tipo de actuaciones como el de petróleo por alimentos para evitar que la situación se deteriore e impulse mayores flujos migratorios difícil de manejar”, señaló Borrell, quien instó también a la Unión Europea a “pensar” en los recursos bloqueados para ponerlos a disposición de la ayuda humanitaria.