El «Chapo venezolano», despedido como un héroe

Los reclusos de una prisión en isla Margarita dedican una salva de tiros al capo Rodríguez Cazorla. La Guardia Nacional acordonó las calles para dar paso al cortejo fúnebre del criminal. La muerte del criminal airea la presencia masiva de armas dentro de las cárceles venezolanas

La Guardia Nacional acordonó calles de la isla Margarita, en Venezuela, para el cortejo fúnebre del capo Gutiérrez Cazorla

Teófilo Rodríguez Cazorla, alias el Conejo, fue el jefe de una de las prisiones más peligrosas de Venezuela, el Internado Judicial San Antonio, en la isla Margarita. En el país caribeño a los presos que mandan en las prisiones se les conoce como "pran"-acrónimo de "preso rematado asesino nato"-. El Conejo fue acribillado a balazos la madrugada del pasado día 24 cuando se marchaba de una discoteca en la localidad insular de Porlamar. A principios de 2015 había salido de la prisión de San Antonio después de cumplir varios años por narcotráfico.

Dos días después de su muerte, decenas de presos de la cárcel de San Antonio rindieron homenaje al que fuera su jefe con una salva de disparos al aire. Este peculiar homenaje dentro de la prisión fue grabado y difundido por las redes sociales y ha causado controversia en el país. “La avenida Juan Bautista Arizmendi fue acordonada para que pasara el féretro bajo la mirada de la Guardia Nacional”, asegura a este periódico Humberto Prado, director del Observatorio Venezolano de Prisiones.

Desde “El Periódico Venezolano” lo contaron de esta manera: “Los presos se subieron a los techos para expresar solidaridad con quien por más de una década fue su líder disparando ráfagas con sus armas. En horas de la tarde, el sonido de los disparos cambió por la fuerza del vallenato que se dejó escuchar hasta parte de la noche, al parecer, celebrando el cambio de mando en el penal margariteño”. En la isla Margarita se vivieron momentos de tensión el pasado lunes al conocerse el asesinato de Rodríguez Cazorla. El citado diario explica que se produjo “la paralización casi total de las actividades escolares y comerciales en Porlamar, por temor a que pudieran desbordarse las pasiones de las personas armadas que acudieron al sepelio”, celebrado ayer.

Muchas voces dentro de Venezuela lamentaron este episodio. “Que un delincuente de este tipo sea despedido así demuestra el grado de degeneración al que hemos llegado en Venezuela”, asegura el ex senador Orlando Molina, quien no duda en comparar a Rodríguez Cazorla como “el Chapo venezolano”, en referencia al capo mexicano arrestado hace dos semana.

Durante sus años como pran de la cárcel, nada importante se hacía en el penal si la autorización del "Conejo". A los pranes se les atribuye más poder que a los directores de los centros penitenciarios. Controlan las armas que entran, el tráfico de drogas, las extorsiones practicadas en las calles del país contra ciudadanos y empresarios. A su alrededor disponen de un séquito de guardianes conocidos como “luceros”. En los años del "Conejo"en San Antonio se instalaron piscina y discoteca, pero lo peor es que ésta se llenó de armas. “Había fusiles con miras telescópicos, granadas, armas de guerra, sólo faltaba encontrar un submarino”, explica Prado.

Un reportero de “The New York Times” entró en la cárcel en 2011 y describió en un artículo el “paraíso” en que se había transformado el penal de San Antonio. El propio "Conejo"explicó que dentro del recinto penitenciario se estaba más seguro que en la calle. Lo que sucede en esta prisión es algo frecuente en otras cárceles de Venezuela. Los reclusos que hablaron con el periódico norteamericano reconocieron que debían sus privilegios a Rodríguez Cazorla, de cuya muerte poco se sabe, si bien periodistas especializados en sucesos creen que se puede deber a un ajuste de cuentas. "Era una persona muy respetada, pero tenía enemigos. Es lógico. Se la tenían jurada por el gran negocio que manejaba", aseguró la reportera Deivis Ramírez, al portal de noticias Runrunes.

El país tiene 36 cárceles -muchas de ellas hacinadas- para una población reclusa de 46.000 personas, de las que el 68% están en prisión preventiva. Desde 1999, el Observatorio Venezolano de Prisiones ha contabilizado 6.500 muertes violentas en estos recintos y 12.000 heridos. “En el pasado, los presos llevaban puñales. Desde que vino la revolución en los penales entró la pólvora, hasta el punto de que el 90% de las muertes se producen por armas de fuego”, añade Prado.

Las autoridades negaron en el pasado que hubiera armas dentro de las prisiones, si bien la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, reconoció en una entrevista reciente que “hay cárceles donde ya hay cero armas”. Varela se hizo famosa en 2011, poco tiempo después de ser nombrada por el presidente Hugo Chávez para el cargo. Varela se retrató abrazada por el capo Rodríguez Cazorla dentro de la celda del criminal durante una visita oficial a este centro penitenciario. Humberto Prado defiende que la ministra debe ser interpelada en la Asamblea Nacional por la situación de los penales en el país. “Venezuela no se merece este sistema carcelario. La existencia de armas muestra el alto nivel de corrupción que existe en el sistema. Las autoridades conocen esta situación y no hacen nada por evitarlo. La responsabilidad es compartida entre la Guardia Nacional y el Ministerio de Asuntos Penitenciarios”, defiende Prado.