Maduro se blinda con los militares

La presencia de las Fuerzas Armadas es cada vez mayor en la política y en la economía de Venezuela

Soldados venezolanos durante el «ejercicio militar defensivo», ayer
Soldados venezolanos durante el «ejercicio militar defensivo», ayer

La pérdida de respaldo ha llevado al Gobierno de Nicolás Maduro a aferrarse cada vez más del estamento militar y a acentuar la represión. El mandatario mueve ficha y forma un gabinete verde oliva a la vez que demuestra su poder armamentístico en las calles. Fueron las últimas palabras que el moribundo Hugo Chávez dijo en el lecho a su sucesor: «Rodéate de los tuyos, no confíes en nadie, sólo en los militares más leales». Es lo que hizo Maduro, siempre dirigido por los Castro desde Cuba. Por un lado, fortaleció las Fuerzas Armadas con mayores sueldos y armamento comprado a los rusos. Y por el otro, permitió a los «halcones» dirigidos por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, continuar enriqueciéndose con el narcotráfico. Así lo revela una reciente investigación de la DEA, la Agencia Norteamericana Antidroga.

Como golpista y militar, Hugo Chávez siempre los respetó. Fueron los generales los que sentaron en 2007 a su comandante para que admitiese la derrota en aquel fallido referéndum constitucional. Por eso, el fallecido líder tardó tanto en salir a dar los resultados. El mismo miedo corre por las venas de su hijo pródigo.

La última excusa para movilizar a sus tropas son las sanciones de Estados Unidos, pero la realidad es que Maduro teme más una guerrilla interna que al «imperio». Ayer, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y el poder popular comenzaron «el Ejercicio Nacional Escudo Bolivariano para la seguridad y defensa integral de la nación». En las maniobras que se alargarán durante 10 días, participan 100.000 personas, 80.000 soldados y 20.000 civiles. Una vez más, las milicias ocuparon un lugar primordial. Civiles armados durante los tiempos de Chávez que inquietan a los altos mandos, pero que Maduro no es capaz de desmantelar.

El ministro de Defensa, Padrino López, informaba de que el ejercicio es una respuesta ante el decreto emitido por el Gobierno estadounidense en el que consideran a Venezuela como una «amenaza inusual». Otro dato destacable fueron las tropas rusas movilizadas para los ejercicios. Como si de una nueva Guerra Fría se tratase, entre ambos países se ha fortalecido una poderosa cooperación bilateral, tanto económica como militar. El Ejército bolivariano se encuentra bien abastecido con armas y misiles de la vieja Unión Soviética. Un informe presentado esta semana por la firma de consultores políticos Croes, Gutiérrez & Asociados revela que 70% de los venezolanos quiere que Maduro salga del poder antes de que culmine el próximo año y que la oposición aventaja por más de 20 puntos al chavismo en las preferencias del electorado de cara a las elecciones parlamentarias de este año.

Pero el mayor peligro que enfrenta Maduro no es electoral, sino el riesgo de que se produzca un estallido social producto de la grave crisis económica que aflige al país, que obligaría a los militares a decidir entre enfrentar con las armas a una población angustiada o seguir respaldando al Gobierno, advierte el documento.

En el periodo comprendido entre 2013 y 2014, el Estado se militarizó. Muchas de las instituciones civiles fueron puestas progresivamente bajo el mandato militar, incluso aquellas que por razonamiento lógico son de naturaleza civil. La militarización del Gobierno venezolano intenta mantener la plataforma de sustento del sector a Maduro. El coste es que hace al presidente dependiente y deteriora de manera significativa el balance de poderes, con lo que se ve afectado aún más el sistema democrático del país.

En sus primeros dos años de Gobierno, el mandatario ya nombró a 392 uniformados en puestos políticos. Muchos de ellos en áreas económicas y de seguridad. «Claramente los militares están controlando lo económico, la inteligencia y las armas. Están en el 25% de los ministerios», asegura Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano. Embajadores, gobernadores, directores de universidades, un canal de televisión militar, el Banco de las Fuerzas Armadas, empresas de construcción y organismos encargados de aplicar rebajas forzadas de precios conforman una lista extensa de militarización de la política venezolana.

El último elegido es el mayor general Gustavo González López, uno de los militares sancionados por el Gobierno de EE UU, designado como nuevo ministro de Interior, Justicia y Paz. El nuevo ministro era hasta el momento director general del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y presidente del Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria. De este cargo sale el mayor general Carlos Osorio, quien continuará desempeñando el cargo de coordinador del Estado Mayor de la Guerra Económica y el de vicepresidente de Seguridad y Soberanía Alimentaria.

La mitad de los gobernadores del país (11 de 23), los encargados de los servicios de inteligencia, el director de la universidad sobre temas de seguridad y varios embajadores en destinos importantes provienen de las Fuerzas Armadas. En definitiva, estos ascensos castrenses son una manera de blindarse. Un ejército de ministros y los «superpoderes» que le otorgará la Asamblea Nacional son las dos armas de Maduro ante posibles revueltas.