«Me obligaron a llevar un collar de explosivos»

Los rehenes liberados de la planta de Argelia relatan el horror que han vivido. Los terroristas retienen aún a siete occidentales y amenazan con inmolarse

Algunos de los rescaatados tienen heridas graves
Algunos de los rescaatados tienen heridas graves

Tres días después de la crisis de los rehenes en Argelia, todavía no existe un balance oficial. Ni tampoco una secuencia clara de lo que desde hace algo más de 72 horas sucede en la planta de tratamiento de gas de In Amenas y que mantiene en vilo a medio Occidente. Lo peor, señala un ex responsable de la Inteligencia francesa con mucha experiencia en conflictos, es que hará falta al menos un mes para saber lo que realmente ha ocurrido. «Los argelinos tienen un principio: cuando emprenden una operación, no hablan. Se necesitarán quince días o un mes para que empecemos a tener una pequeña idea», comentaba ayer Alain Juillet. Otra de las costumbres de las fuerzas especiales del país magrebí es la de no negociar ni ceder al chantaje de los secuestradores. Tampoco se distinguen por practicar intervenciones precisamente limpias ni «quirúrgicas». Tras haber anunciado la noche del jueves el final de la operación de asalto, ayer por la mañana seguía reinando la más absoluta confusión. Los militares se habrían hecho con una amplia zona del vasto complejo gasístico logrando la liberación de unos 650 empleados, así como un centenar de occidentales de los 130 que allí trabajan.Según las últimas informaciones, habría siete extranjeros todavía en manos de los terroristas. Aunque ningún gobierno lo ha confirmado, las nacionalidades de los secuestrados serían: dos estadounidenses, tres belgas, un japonés y un británico.

El área residencial estaría bajo control, pero no el sector de producción, en cuyas instalaciones se habría atrincherado un puñado de yihadistas armados de la facción «Los que Firman con Sangre», un grupo disidente de AQMI (Al Qaeda en el Magreb islámico). Según la agencia mauritana ANI, el jefe del comando, Abou Al Baraa, habría fallecido durante el asalto militar. Varios medios locales situaban a los terroristas – un grupo de entre 7 y 10– en la sala de máquinas de una de las fábricas. El único recuento oficial parcial ofrecido por las autoridades locales cifra en 18 el número de víctimas mortales entre los guerrilleros islamistas, aunque la víspera el ministro de Comunicación argelino lamentaba también el fallecimiento «de varios rehenes». Los secuestrados muertos serían unos 12, entre ellos un francés, según anunció el ministro de Exteriores galo, Laurent Fabius.

Por su parte, los servicios secretos argelinos ya habrían empezado a recabar detalles sobre la composición del comando islamista gracias al interrogatorio de uno de los salafistas que capturaron con vida. Según el diario argelino «El Watan», el grupo lo formaban 32 integristas, fuertemente armados y cargados de explosivos. También habría confesado actuar bajo órdenes de Mojtar Belmojtar, alias «el tuerto» o «Mr. Marlboro», cabecilla de la «katiba» «Los que firman con sangre», condenado en rebeldía en 2004 por un tribunal argelino a cadena perpetua. Frente al hermetismo de las autoridades de Argel, sólo las palabras de algunos de los supervivientes permiten reconstruir el relato de lo sucedido durante el ataque. Liberados por los militares o fugados aprovechando la confusión o el descuido de los terroristas, los afortunados coinciden en señalar su desconcierto y algo de incredulidad cuando a primera hora de la mañana del miércoles se oyeron de repente fuertes detonaciones. «De primeras no entendí que estaba ocurriendo», explicaba ayer a la radio Europe 1, Alexandre Berceaux, convencido al escuchar la alarma que se trataba de un «ejercicio» o tipo de simulacro. Por el boca a boca, este francés responsable de la empresa de catering (CIS), que gestiona la planta, se enteró de que era una toma de rehenes. Entonces se atrincheró bajo su cama. «Estuve unas cuarenta horas. Me cubrí con unas tablas por si acaso. Tenía algo de comida y agua que iba racionando porque no sabía cuánto iba a durar», explicaba todavía traumatizado. Si no fue descubierto es gracias a la ayuda de sus colaboradores locales con los que se comunicaba por contraseñas hasta que fue liberado por los militares. Según su testimonio, otros extranjeros podrían seguir escondidos en los falsos techos.

Los tiroteos duraron varias horas, cuenta un rescatado argelino que recuerda fuertes explosiones cuando los terroristas irrumpieron en la base. «Enseguida nos sumieron en la oscuridad, entraron en las habitaciones rompiendo las puertas y buscaban a gritos a los expatriados occidentales», indica a la radio France Info. En cuanto el Ejército argelino rodeó el amplio complejo, los yihadistas, que según los testimonios tenían «acento argelino o libio», ataron y separaron a los rehenes extranjeros para utilizarlos como moneda de cambio. Stephen MacFaul, irlandés de 35 años, iba en un convoy de terroristas que trataban de huir con un grupo de secuestrados. Cuenta que le colgaron un collar explosivo al cuello. Logró escapar porque su todoterreno fue el único de cinco que no fue alcanzado por los bombardeos militares.