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Milchán, el productor de «Prety Woman» y ex espía que podría hacer caer a Netanyahu

Milchán, junto a su amigo y socio australiano, también millonario, James Packer, habría proporcionado regalos a la familia del primer ministro por valor de un millón del shéqueles (unos 230.000 euros o 287.000 dólares).

  • El productor israelí, Arnon Milchan, en una imagen de 2005
    El productor israelí, Arnon Milchan, en una imagen de 2005
Jerusalén.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de febrero de 2018. 14:01h

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Jerusalén. 15/2/2018

El millonario israelí Arnon Milchán, productor en Hollywood de películas de éxito como Pretty Woman y que ha reconocido un pasado como espía y colaborador en el programa nuclear israelí, es el personaje principal de los supuestos sobornos al primer ministro, Benjamín Netanyahu.

Según la Policía, que le ha interrogado en varias ocasiones a lo largo de un año de investigación, Milchán, junto a su amigo y socio australiano, también millonario, James Packer, habría proporcionado regalos a la familia del primer ministro -fundamentalmente puros, champán rosa, ropa y joyas- por valor de un millón del shéqueles (unos 230.000 euros o 287.000 dólares).

El abogado de Netanyahu reduce esa cifra a «menos de la mitad» y la enmarca en lo que considera un intercambio de obsequios normal entre amigos, pero los inspectores aseguran tener pruebas de mediación del jefe del Gobierno en varios negocios y en la aprobación de leyes que le habrían hecho ganar millones de euros.

Entre ellos figura la mediación con las autoridades de Washington, a través del entonces secretario de Estado John Kerry, para que le concediesen un visado de larga duración después de obtener uno de solo un año, y no de diez, como tenía antes y el que se suele conceder a los israelíes.

Netanyahu argumenta que no le ayudó para devolverle un favor, ni en pago de los regalos, ni como ayuda a un amigo, sino más bien en agradecimiento a los servicios que Milchán, de 73 años, prestó anteriormente a la seguridad del país.

Y es que el productor de cine, cuya fortuna Forbes calcula en 3.400 millones de dólares (2.725 millones de euros), tiene una vida de película y un pasado mezclado con agencias de espionaje y ayuda al programa secreto nuclear del país (Israel no reconoce tener bomba nuclear, aunque el mundo así lo considera) a través de la intensa actividad empresarial que compatibilizó durante décadas con el mundo del celuloide.

«Milchán es un hijo mimado que nació con una cuchara de plata en la boca. Viene de una familia de Rehovot que importaba químicos e hizo fortuna en la Segunda Guerra Mundial. En los 60, era un playboy de Tel Aviv que conducía coches de carreras y era invitado habitual del (que fuera ministro de Defensa) Moshe Dayan y de Simón Peres», describe hoy el periodista Yosi Melman en el diario Maariv.

Entró en Hollywood en los años 70, tras producir cine en Israel y Reino Unido, y fundó la empresa Regency Enterprises.

Ha hecho más de un centenar de películas, algunas con Martín Scorsese y Oliver Stone, y en los 90 se asoció con la poderosa Time Warner y más tarde con Century Fox. Entre sus títulos se cuentan éxitos como L.A. Confidential, 12 años de esclavitud y JFK.

Pero además, participó o creó otras 30 empresas en las últimas dos décadas y ha reconocido tener negocios en sectores como la agricultura, los plásticos y las armas, según el diario Los Angeles Times.

La «colaboración de seguridad» en que participó, asegura Melman, consistió en obtener material químico para la planta nuclear de Dimona, un trabajo «voluntario y sin contraprestación» que, sin embargo, le valió el favor de las autoridades israelíes desde entonces y acrecentó su fortuna.

Entre otras cosas, le habría abierto la puerta a servir como agente de Israel en las negociaciones de los acuerdos de Defensa entre empresas israelíes y estadounidenses, y también con el Irán anterior a la revolución islámica, o con países como con Taiwán y Suráfrica.

EEUU detectó la actividad a mediados de 1985, cerró una de sus empresas por exportar equipos sensibles para el programa nuclear israelí, y detuvo a su principal socio, que acabó en la cárcel tras entregarse años más tarde, pero no tocó al productor, incluso después de que reconociera su mediación en una entrevista anónima para un libro.

Fue en 2013 cuando Milchán habló abiertamente y con orgullo de sus actividades nucleares en el programa de la televisión israelí Uvdá, donde se presentó como un joven «James Bond», lo que indignó a las autoridades de Washington e hizo que no volvieran a darle una visa de larga duración hasta que el Gobierno medió para ello.

La Policía también acusa a Netanyahu de tratar de impulsar una ley de exención fiscal durante diez años para los israelíes que hubieran residido fuera, que le favoreció enormemente; de mediar en sus negocios con el empresario indio Ratan Tata y de otros favores que le habrían beneficiado y habrían perjudicado los intereses del país.

Está por ver si efectivamente fue así y, de serlo, si Netanyahu lo hizo a cambio de compartir un poco del lujo del que Milchán disfruta, con puros y licor, o si fue en pago de favores previos al Estado, algo que solo se sabrá si la Fiscalía decide imputar al jefe del Gobierno. EFE

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