«Los jóvenes somos el futuro y tenemos miedo»

Más de un millón de personas toman Washington y otras ciudades para pedir un mayor control en la venta de armas. La Casa Blanca aplaude las protestas mientras sopesa mínimas reformas legales

Más de medio millón de personas ayer en Pennsylvania Avenue, en Washington, en la marcha contra las armas
Más de medio millón de personas ayer en Pennsylvania Avenue, en Washington, en la marcha contra las armas

Más de un millón de personas toman Washington y otras ciudades para pedir un mayor control en la venta de armas. La Casa Blanca aplaude las protestas mientras sopesa mínimas reformas legales.

«Nunca más», gritaba la multitud en Pennsylvania Avenue. Nunca más se escuchó una y otra vez en la llamada «Manifestación por nuestras vidas». Nunca más al oprobio de saber que en EE UU necesitas 21 años para comprar una cerveza y votar pero puedes adquirir un fusil de guerra en apenas una hora en 32 estados. Nunca más a la vergüenza de que la Segunda Enmienda ampare el derecho a adquirir armas mientras los números de víctimas coquetean con los de los Estados fallidos y países acuciados por la sombra del narcotráfico y/o los conflictos civiles. Hablamos de un tiroteo en las escuelas cada semana. 12.445 tiroteos en total. 145 niños de menos de once años y 596 adolescentes muertos por bala. Contra unas estadísticas que en 2018 se mantienen al alza, salieron ayer más de un millón de jóvenes para tomar las calles.

La mayor de las manifestaciones tuvo lugar en Washington DC. Allí, cientos de miles de personas acudían a la llamada de los adolescentes. Salían para pedir restricciones a la compra/venta de armas en EE UU después de que Nikolas Cruz, un antiguo estudiante de un instituto en Florida, el Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, irrumpiera en las aulas y asesinara a 17 compañeros. Lo hizo armado con un AR-15, el fusil semiautomático de Smith & Wesson, versión civil del arma de asalto del Ejército. «Si coges dinero de la Asociación Nacional Rifle has elegido muerte», gritó uno de los ponentes, «y nosotros elegimos la vida». Ayer, en Parkland, otros 20.000 estudiantes se concentraron en el parque Pine Trail para pedir medidas a las autoridades.

Las pancartas rezaban, entre otras cosas, que el país necesita «maestros armados con lapiceros, no con pistolas». «Somos el futuro, y tenemos miedo». «Madres contra los ataques con pistolas». «Protege a nuestros hijos, no a la Asociación Nacional del Rifle». «Armas del siglo XXI, leyes del siglo XVIII». Uno tras otro, niños y adolescentes testigos de matanzas, familiares y amigos de muertos a punta de pistola, traumatizados por la carnicería diaria y, ay, la absoluta falta de respuestas políticas.

Como contraste, las pantallas gigantes a ambos lados del escenario escupían también extractos de discursos de la ANR y sus portavoces: una caricatura en la que pacifistas desfasados, jipis y multimillonarios de Hollywood piden controlar el comercio de armas a despecho de que, como sostiene Wayne LaPierre, director de ANR, «los únicos hombres libres que caminaron sobre la Tierra fueron hombres armados». Entre tanto, periodistas próximos a la organización, como Grant Stinchfield, acusaban a los medios de «amar las historias con niños muertos» y ocultar las historias que entorpezcan la lucha contra las armas. Según un informe del «Chicago Tribune», la Asociación del Rifle ha multiplicado sus gastos en publicidad desde la matanza en Parkland. Así, habría pasado de 11.000 a 43.000 dólares diarios en anuncios en televisión y otras campañas, incluidos 34.000 dólares al día en anuncios en Facebook.

La manifestación de Washington se repetía en muchas de las principales ciudades de EE UU. Por ejemplo, en Nueva York, donde la concentración ciudadana guardaba las mismas características de la de Washington, esto es, nutrida de gente de todas las razas y edades. Pero el foco informativo estaba en el Mall. Muy cerca del monumento dedicado al presidente Lincoln. Allí estaban desde personalidades como Paul McCartney a alumnos y maestros llegados desde todo el país. Con un objetivo común. Denunciar los más de 12.000 muertos por arma de fuego al año (sin contar los 22.000 suicidios), en un país que entre 1968 y 2017 perdió a más gente así que en todas las guerras en las que jamás haya participado: 1,5 millones frente a 1,2 millones que murieron desde la Guerra de Independencia hasta los conflictos de Afganistán e Irak.

Algo que bien puede deberse al hecho de que en EE UU los ciudadanos poseen más de 260 millones de armas. Es decir, donde hay 87 armas de fuego por cada 100 personas. Y no sólo escopetas de caza sino también pistolas automáticas y fusiles de asalto. Uno de los momentos más dramáticos llegó al contemplar a Samantha Fuentes, superviviente de Parkland, vomitar en escena en mitad de su discurso, incapaz de controlar la angustia que sufrió al rememorar la matanza.

También emocionó la nieta de Martin Luther King, Yolanda Renee King, gritar: «Mi abuelo tuvo un sueño, que sus cuatro hijos pequeños no serían juzgados por el color de su piel, sino por quienes eran y tener un sueño ya es suficiente. Quién sabe si el sueño fructificará el día en el que las niñas y niños de América puedan moverse por aulas y calles sin temor a engrosar unas estadísticas grotescas».

La Casa Blanca se limitó a a valorar positivamente las manifestaciones. «Aplaudimos a los muchos jóvenes valientes que ejercen sus derechos de la Primera Enmienda (que protege el derecho a la libertad de expresión)», dijo en un comunicado. Para solucionar esta crisis, Donald Trump ha sopesado incrementar hasta los 21 años la edad legal para llevar armas, así como armar a los profesores, prohibir el acceso a armas de asalto y vetar la venta de los conocidos como «aceleradores de disparo». Pero hasta ahora son sólo eso, propuestas.