Mitsotakis asume las riendas como primer ministro de Grecia

El flamante «premier» nombra a su equipo de Gobierno, formado principalmente por antiguos ministros. Su prioridad, insiste, es reactivar la afligida economía del país

Kyriakos Mitsotakis estrecha la mano al presidente greigo, Prokopis Pavlopoulos, durante la toma de posesión. Reuters/Alkis Konstantinidis

El flamante «premier» nombra a su equipo de Gobierno, formado principalmente por antiguos ministros. Su prioridad, insiste, es reactivar la afligida economía del país.

Tras una década arrastrando las peores consecuencias de la crisis económica en Europa y tres rescates financieros que han dejado al país en el chasis, a Grecia parecen entrarle las prisas. El vencedor el domingo en las elecciones, el conservador Kyriakos Mitsotakis, ya es oficialmente nuevo primer ministro. A media mañana de ayer ya había jurado el cargo y por la tarde anunció incluso la composición de su Gobierno. Una infrecuente mayoría absoluta en los tiempos de la fragmentación política le permiten pisar el acelerador. El Mitsotakis candidato insistió una y otra vez que su prioridad era reactivar la economía y, ya como primer ministro, sus primeras palabras fueron que «acaba de comenzar una difícil tarea».

Antes de eso, hubo tiempo para el protocolo. El nuevo mandatario juró su cargo con la mano sobre la Biblia ante el arzobispo de Atenas, Jerónimo II, y varios representantes de la Iglesia ortodoxa. Esto ya supone una novedad con respecto a su predecesor, Alexis Tsipras, quien en 2015 renunció a todo acto religioso. La ceremonia y el toque justo de solemnidad fueron las únicas concesiones que Mitsotakis se permitió antes de arremangarse y ponerse en marcha, como venía anunciando en campaña. Su Ejecutivo estará formado por gente con experiencia gubernamental, pues seis de los 17 ministros ya han pasado por anteriores gobiernos, y varios colaboradores personales.

Un equipo que llevará marcado a fuego sacar a Grecia del marasmo en el que se encuentra desde la última década. Tsipras lo intentó con un supuesto proyecto revolucionario que no sólo no fue tal, sino que quedó domado por la inapelable «troika», formada por la Comisión Europea, el BCE y el FMI. Lo curioso es que el populista, radical e izquierdista Tsipras le hizo el trabajo sucio al conservador que lo sucede en el cargo.

Aplicó una serie de reformas que han llevado a la economía real al descalabro, para tragedia de los griegos, y al universo de los indicadores económicos a una ligera recuperación, para satisfacción de los hombres de negro. Está por ver si los raquíticos brotes verdes de una economía que pasó de caer un 9% en 2011 a subir un 1,8% en 2018 o de una deuda pública todavía en el 176% del PIB le permiten muchas alegrías al Ejecutivo exprés de Mitsotakis.

Si cumple su palabra, sus primeras medidas serán fuertes bajadas de impuestos. Se estima que el de sociedades –para las empresas– caiga ocho puntos, hasta el 20%. Mientras que los tramos del IRPF –para los ciudadanos– se reducirán, aunque todavía no hay un plan concreto. Sí está previsto un descenso del 22% al 9% en el caso de rentas muy bajas, inferiores a 10.000 euros, y una cotización de las pensiones que pasará del 20% al 15%. Actualmente, el régimen de caja contempla un superávit del 1,1%, lo que en teoría podría permitir un presupuesto expansivo. Sin embargo, el compromiso con la «troika» es que el superávit debe alcanzar el 3,5% en 2022 y mantenerse constante en un ritmo del 2% hasta 2060, informa Efe. Toda una hipoteca a largo plazo para un país.

El primer ministro confía en que todas sus medidas se traduzcan en crecimiento del PIB, lo que económicamente reactivaría las inversiones y psicológicamente ayudaría a la sociedad a salir de la depresión. Sin embargo, un programa de reducción fiscal de este tipo suele generar menos ingresos para el Estado y, por tanto, más déficit. Sobre todo, si se tiene en cuenta que también se plantea bajar los distintos tipos de IVA. En la agenda de Mitsotakis estaría un nuevo acuerdo con los inversores. Una hipótesis que parece ahora más plausible que con Tsipras, después de que distintos mandatarios europeos hayan reconocido que se equivocaron al imponer unas condiciones tan estrictas.

El primer ministro saliente tuvo al menos el gesto de cederle el testigo a quien ocupa ya el cargo, algo que no hizo Antonis Samaras en 2015. Los resultados de estas elecciones otorgan la primera mayoría absoluta –con un 40% de los votos– en la última década a un partido heleno, en este caso Nueva Democracia, que hace sólo una legislatura parecía en vías de desaparición. Por su parte, Tsipras ha sufrido un fuerte castigo, pero se mantendrá como gran referencia de la oposición gracias al 30% de los votos obtenido. Su perfil ya no es el de izquierdista radical, sino el de reformista aliado de Emanuel Macron que aspira a ensanchar su espacio político natural.

Entra en el Parlamento heleno su viejo amigo y ex ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis. Mientras que la ultraderecha cambia de rostro con la salida de Amanecer Dorado y la entrada de Solución Griega, una formación de un estrambótico líder que vendía cartas manuscritas de Jesucristo y ha adoptado el discurso del cierre de fronteras. No obstante, ambos extremos son testimoniales. Con las prisas, Grecia ha vuelto al bipartidismo, a la casilla de salida.