Netanyahu gana las elecciones con 31 escaños y el 99% escrutado

El Likud-Beitenu acusa la irrupción del partido sionista de Bennett y pierde once escaños. Contra todo pronóstico, la coalición de centroizquierda pisa los talones a la derecha

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , escribe una nota para depositarla en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, hoy martes 22 de enero de 2013
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , escribe una nota para depositarla en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, hoy martes 22 de enero de 2013

La coalición que preside el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ganó hoy las elecciones legislativas en Israel con un 31 por ciento de los escaños, mientras que el partido Yesh Atid consiguió una sorprendente segunda posición con 19, según la Comisión Electoral.

Los resultados reflejan una práctica paridad por bloques ideológicos, 61 escaños para el de la derecha y los ortodoxos y 59 para el de los partidos de centro e izquierda, lo que complicará a Netanyahu las negociaciones para consolidar una coalición parlamentaria que apoye su gobierno.

Al publicarse anoche los resultados de pie de urna, segundos después de finalizar la jornada de votación en Israel, se reveló casi un empate técnico entre los dos «bloques», el de centroderecha y el centroizquierda en Israel, anunciándose 61 escaños del Parlamento para el primero y 59 para el segundo. Debido a la estrecha diferencia entre las partes, será clave aguardar a los resultados finales auténticos para poder tener claro el escenario exacto. Pero si se mantiene este cuadro, hay varias sorpresas que en gran medida revolucionan el mapa político de Israel. Ante todo, los elementos claves: la pérdida de poder de Netanyahu, el aumento de la fuerza del Hogar Judío del sionismo religioso nacionalista, la desaparición de Kadima, el crecimiento del partido de izquierda sionista de Meretz, la reducción de la presencia de los partidos árabes pero, en primer término, el gran ganador de las elecciones: un partido centrista, que no existía hace un año, con agenda secular.

La lista del «premier», Benjamin Netanyahu, Likud Beiteinu es la mayor, con 31 escaños, pero en realidad su resultado puede ser visto como un verdadero fracaso, ya que los dos partidos que lo componen, el Likud de Netanyahu y el Israel Beiteinu del ex ministro de Exteriores, Avigdor Liberman, tienen en el Parlamento saliente 42 escaños, once asientos más que los obtenidos en la elección de ayer. Aun así, lo más probable es que Netanyahu repita nuevamente como primer ministro de Israel. Sin embargo, su coalición puede ser totalmente diferente de la actual. Según los resultados a pie de urna, podría inclusive tener coalición con una cómoda mayoría, sin recurrir siquiera a los partidos nacionalistas a su derecha sin los ultraortodoxos. Un ejemplo: Likud Beiteinu junto con el laborismo y el nuevo partido de Lapid podrían tener una coalición de 67 escaños, más cómoda además que la agrupación que encabeza hoy el primer ministro israelí. Cabe suponer que «Bibi» Netanyahu optará por buscar un gobierno amplio, que irradie unidad y que no lo convierta en jefe de un bloque opuesto ideológicamente a lo que parece ser su hogar más natural. «Me habéis dado la ocasión por tercera vez de gobernar el Estado de Israel. Es un gran privilegio, pero también una gran responsabilidad», declaró el primer ministro. «Veo muchos socios para esta misión. Estrecharemos la mano para un Gobierno amplio y, con la ayuda de Dios, triunfaremos juntos», dijo Netanyahu en un breve discurso ante sus seguidores en Tel Aviv.

Estas elecciones dejan, entonces, varias sorpresas a falta de los resultados oficiales que ofrezcan los detalles exactos del nuevo Parlamento (Knesset en hebreo). Además de la gran caída de Netanyahu, la gran sorpresa es que el segundo partido de Israel es hoy «Yesh Atid» (que significa: Hay Futuro ) del ex periodista televisivo Yair Lapid, cuya baza electoral fue el llamamiento a la participación activa de los ultraortodoxos en la sociedad tanto mediante el alistamiento en el servicio militar obligatorio, del cual hoy en día están exentos en masa, como a través de su incorporación en el tejido laboral. El partido no existía hace un año y hoy será la llave para la formación del nuevo Gobierno, con 19 de los 120 escaños del Parlamento israelí. «El mensaje que sale hoy de las elecciones que hay un nuevo orden del día», declaró el ex periodista Ofer Shelaj, candidato en la lista de Lapid. «Los términos izquierda y derecha ya no son los claves, y lo que cuenta son los problemas para los que la ciudadanía exige respuestas», aseguró.

En palabras del propio Lapid, los ciudadanos del país «han dicho no a la política del miedo y el odio, no al radicalismo y a la anti-democracia». «Esta noche ha recaído sobre nuestros hombros una gran responsabilidad», añadió ante sus seguidores. Huelga recordar que Lapid, cuyas posturas políticas son consideradas de centro con tendencia hacia la derecha, aclaró que él no es parte «de ningún bloque» y de todos modos, en la campaña electoral, tuvo dos pronunciamientos que permitirían sí colocarlo del otro lado: «No a un gobierno que no negocie con los palestinos» y «no a más inversiones en los asentamientos». Su prioridad será tener un gabinete «sin extremistas». Según el nuevo diputado Shelaj, «no se descarta a nadie, pero hay un tipo de gobierno al que no nos sumaremos: derecha extremista y ultraortodoxos». Otros puntos a destacar de la jornada de acuerdo con los resultados a pie de urna son: la desaparición total de Kadima, que en la cámara saliente es el partido mayoritario; la duplicación del poder del partido de izquierda Meretz (de tres a siete escaños); la reducción de los partidos árabes (de once a nueve; el mantenimiento del poder de los partidos ultraortodoxos y el hecho que Tzipi Livni, que en las elecciones anteriores consiguió 28 escaños al frente de Kadima, esta vez al parecer obtiene sólo siete. Un elemento clave en los cambios en el mapa político israelí, fue el alto porcentaje de participación de la ciudadanía en las elecciones, lo cual no se dio en el electorado árabe, que de antemano daba a entender que iría con poco entusiasmo a las urnas.