Nuevo fallo de seguridad: uno de los asesinos fue fichado en 2015

Adel Kermiche, identificado ya por la Policía Francesa, intentó en dos ocasiones viajar a Siria y estaba en libertad bajo fianza. Un brazalete electrónico debía controlar sus pasos desde mayo

El presidente de Francia, François Hollande, durante un encuentro el lunes con tropas de la Armada en el Fuerte de Vincennes, en las afueras de París.
El presidente de Francia, François Hollande, durante un encuentro el lunes con tropas de la Armada en el Fuerte de Vincennes, en las afueras de París.

François Hollande anunció ayer, minutos después de que terminara el ataque contra la iglesia de Saint-Etienne, a las afueras de Rouen, que los dos hombres que habían degollado a un sacerdote e intentado hacer lo mismo con uno de sus feligreses, eran «dos terroristas que se reclaman de Daesh».Tampoco pasó mucho tiempo para que saltara la noticia de que la Policía ya conocía a los terroristas, y sobre todo a uno de ellos, Adel Kermiche. Según «Le Nouvel Observateur», este hombre era «bien conocido por los servicios de información» y debía llevar un brazalete electrónico desde el 22 de mayo. Por si hubiera alguna duda, Daesh, a través de la agencia Amaq, emitió un comunicado afirmando que «los autores del ataque son dos soldados del Estado Islámico».

Si tras el atentado de Niza, el autor del atentado parecía un hombre que abusaba del alcohol, las drogas y el sexo, y a través de la instrucción se ha descubierto que llevaba preparando el ataque desde hacía un año, en el atentado de Saint-Etienne, la personalidad de los terroristas, abatidos a la puerta de la iglesia, no ha sorprendido a los investigadores. Es más, uno de ellos, Adel Kermiche, había sido fichado por la Policía porque había intentado una primera vez unirse a la Yihad en Siria en marzo del año pasado, cuando todavía era menor de edad. Logró llegar hasta Múnich pero, una vez descubierto, fue devuelto a Francia y colocado bajo control judicial en casa de sus padres. Estas medidas de control no bastaron para disuadirle porque, semanas más tarde, ya mayor de edad, volvió a intentarlo, esta vez a través de Suiza. Logró llegar hasta Turquía, pero en el aeropuerto de Estambul fue detenido y devuelto de nuevo a Francia, y esta vez, encarcelado.

El diario suizo «La Tribune de Genève» se interesó en su día por la historia de este hombre y entrevistó a su madre, profesora de Historia, que hablaba de su hijo como de alguien alegre y bueno, que comenzó a frecuentar la mezquita tras el atentado de «Charlie Hebdo». En tres meses vio a su hijo cambiar de forma radical, sin poder hacer nada contra ello: «Estaba embrujado, como en una secta». A pesar de sus peticiones, no logró que la justicia le impusiera entonces un brazalete electrónico.

Francia tiene un grave problema de superpoblación carcelaria. El último informe indica que cuentan con 58.311 plazas en las cárceles para un total de 69.375 prisioneros. Esta fue una de las razones que llevaron a los jueces a decidir la puesta en libertad bajo fianza de Kermiche el pasado 22 de mayo tras diez meses de prisión preventiva, a pesar de que la fiscalía se había opuesto. Y mientras esperaba su proceso por «asociación de malhechores en relación con una empresa terrorista», debía llevar un brazalete electrónico, y sólo tenía libertad de movimientos cuatro horas al día, desde las 8h 30 a las 12h30. Por su parte, el fiscal informó ayer de la detención del hermano pequeño de un hombre que se marchó a Irak con la documentación de Adel Kermiche.