Obama y Trump inician una compleja transición

Tras una agria y tensa campaña, el presidente y su sucesor se reúnen en la Casa Blanca para discutir el traspaso de poderes. «Haremos lo posible para que tenga éxito», dijo el demócrata al magnate, quien se mostró dispuesto a trabajar cuanto antes juntos.

Barack Obama saluda a su sucesor Donald Trump
Barack Obama saluda a su sucesor Donald Trump

Tras una agria y tensa campaña, el presidente y su sucesor se reúnen en la Casa Blanca para discutir el traspaso de poderes. «Haremos lo posible para que tenga éxito», dijo el demócrata al magnate, quien se mostró dispuesto a trabajar cuanto antes juntos.

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Delante de una multitud de reporteros y fotógrafos, Barack Obama y Donald Trump comparecían en la Casa Blanca para escenificar el inicio de la transición política. Antes, el presidente saliente, que abandonará el cargo en enero, y el flamante nuevo presidente habían departido por espacio de más de una hora. Con semblante adusto, consciente de que más que nunca es necesario tratar de suturar heridas y evitar nuevos conflictos, o al menos disimular, Obama comentó que su «prioridad número uno es facilitar la transición para asegurar que el trabajo de nuestro presidente electo sea exitoso». «Estoy muy animado», añadió, «por su deseo de trabajar con mi equipo en muchos de los asuntos a los que debe hacer frente este gran país, y es importante, con independencia del partido y las diferencias políticas, trabajar juntos».

«Nunca habíamos departido antes en persona», respondió Trump mientras zumbaban las cámaras y un enjambre de flashes retrataba la histórica reunión, «y hemos discutido muchas cuestiones. Miro hacia el futuro para trabajar con el presidente en el futuro, incluido su consejo. Ha sido un gran honor estar con él y espero que podamos encontrarnos más veces en el futuro». La reunión de cortesía duró cerca de hora y media, frente a los quince minutos previstos por el protocolo. Había discurrido en paralelo a la entrevista que mantuvieron la primera dama, Michelle Obama, y su inminente sustituta, Melania Trump. «Quiero enfatizar», añadió Obama dirigiéndose a Trump, «que haremos todo lo posible para ayudarte a tener éxito, porque tu éxito será el de todos». Tras recordar que no se admitían preguntas, Trump musitó varias veces sobre Obama que era «Un gran hombre, un gran hombre».

Minutos después, Josh Earnest, secretario de Prensa de Obama, explicó el presidente y Trump no habían «solucionado sus diferencias, y ni siquiera lo han intentado. No era ése el objetivo. Se trataba de conocerse y discutir la transición de poder en la Casa Blanca». Earnest dejó claro que el equipo de Obama trabaja en facilitar la transición desde hace un año, y que su principal obsesión pasa por ayudar en todo lo posible a la naciente Administración Trump.

Abundaba así en el discurso que ofreció anteayer Obama en los jardines de la Casa Blanca, cuando flanqueado por su vicepresidente, Joe Biden, explicó que «todo el mundo está triste cuando los suyos pierden las elecciones. Pero el día después debemos recordar que formamos parte del mismo equipo. No somos primero demócratas. No somos primero republicanos. Somos, antes que nada, americanos. Somos patriotas. Todos queremos lo mejor para nuestro país. Eso mismo le escuché al señor Trump en su discurso de anoche y cuando hablé con el directamente. Y me sentí alentado. Eso es lo que el país necesita. Unidad, inclusión, respeto por nuestras instituciones, nuestro sistema de valores, nuestro sistema legal y espero que [Trump] mantenga ese espíritu». Obama también comentó que «a nadie se le oculta que el presidente electo y yo mantenemos algunas diferencias muy significativas. Pero recordad, hace ocho años el presidente Bush y yo también tenías diferencias muy pronunciadas, y su equipo no pudo ser más profesional y más amable para asegurarse de que la transición fuera eficaz. Y una de las cosas que descubres rápidamente en este trabajo es que la presidencia y la vicepresidencia son más grandes que cualquiera de nosotros». «A veces pierdes una discusión», remató, «a veces pierdes unas elecciones. El camino de este país nunca fue una línea recta. Giramos, y a veces nos movemos de forma que algunos consideran que avanzamos y otros que retrocedemos. Está bien. Yo he perdido elecciones antes. Pero la clave es que seguimos adelante, porque la presunción de buena fe en nuestros conciudadanos es esencial para una democracia vibrante y funcional. Así se ha movido este país durante 240 años. Así expandimos los derechos que concibieron nuestros fundadores. Y así llegamos tan lejos».

Palabras conciliadoras con las que Obama recupera el espíritu que marcó la relación con los colaboradores de Bush. Palabras de aliento y fortaleza institucional, ecuánimes, para suturar quince meses atroces, de una campaña en la que volaron los insultos y en la que Trump se consagró como el candidato más vociferante e irrespetuoso que nadie recuerda. Durante años el ahora nuevo presidente alentó las sospechas respecto al lugar de nacimiento de Obama, del que aseguraba que había nacido en África. La polémica quedó aparcada cuando el presidente hizo público su certificado de nacimiento, pero Trump, lejos de disculparse, dio una rueda de prensa en la que se vanaglorió de que gracias a sus esfuerzos Obama había cerrado una controversia que, dijo, inició Hillary Clinton.

Con todo, no son esos los comentarios más graves que ha vertido contra Obama, por mucho que abrieran una vía inquietante, de corte nativista y xenófobo, a la que sus más conspicuos partidarios quisieron revestir con la audaz pátina de la incorrección política. La revista «Politico», que ha recopilado algunas de estas perlas, recuerda cómo, durante un mitin el pasado mes de julio, Trump tachó al demócrata de ser «el presidente más ignorante de la historia. Sus ideas respecto al mundo no funcionan y el mundo es un desastre». También explicó que «cuando llegó a la Presidencia no sabía nada, este tipo no sabía nada, y honestamente hoy sabe todavía menos».