Pánico a Trump

La apretada carrera presidencial en Estados Unidos provoca el desplome de los mercados. Obama se vuelca en hacer campaña por Clinton y recuerda al FBI que sus investigaciones no pueden basarse en «insinuaciones» políticas.

El candidato republicano, Donald Trump, se ha beneficiado en la recta final de campaña de los escándalos que salpican a Hillary Clinton y su marido
El candidato republicano, Donald Trump, se ha beneficiado en la recta final de campaña de los escándalos que salpican a Hillary Clinton y su marido

La apretada carrera presidencial en Estados Unidos provoca el desplome de los mercados. Obama se vuelca en hacer campaña por Clinton y recuerda al FBI que sus investigaciones no pueden basarse en «insinuaciones» políticas.

Acababa el mes de agosto de 2015 cuando la bolsa comenzó a desplomarse y Donald Trump aprovechó la ocasión para culpar a China y a la mala gestión de la Administración Obama y solicitar el voto. Seguramente, no podía imaginar que, ya en plena carrera presidencial, el Banco Barclays afirmaría que su victoria se traduciría en una caída de las bolsas de hasta un 13%. Ayer los mercados encadenaron otra jornada de pérdidas. Wall Street cayó un 0,43%, mientras que en Europa la bolsa más castigada fue la de Milán, que se dejó un 2,51%. ¿Estarían detrás de esa caída preocupaciones reales, la mano poderosa de Georges Soros, donante privilegiado de Hillary Clinton y experto en hundir mercados, o simple especulación?

Es difícil saberlo, pero de lo que no cabe duda es de que la candidata demócrata no pasa por sus mejores momentos. Así lo ha señalado hace apenas unas horas «The Wall Street Journal»: «Hillary Clinton puede haberse convertido en la ‘‘mano insegura’’». En otras palabras, la más que previsible ganadora el 9-N tendría –como ya anunciamos en estas mismas páginas– la posibilidad de perder las elecciones. Tal es así que Obama se ha tenido que lanzar a la carretera en apoyo de su ex secretaria de Estado. El presidente recordó ayer al FBI que es importante que las investigaciones no se guíen por «insinuaciones» políticas. «He hecho un esfuerzo muy deliberado para asegurarme de que no parezca que me estoy entrometiendo en lo que se supone que deben ser procesos independientes para tomar estas decisiones», dijo Obama en una entrevista al «Now This News». «Pero sí creo que hay una norma, la de que, cuando hay investigaciones, no trabajamos basándonos en insinuaciones, ni en informaciones incompletas, ni en filtraciones», añadió.

Sin embargo, el sistema electoral no pone nada fácil a Trump imponerse. Como es sabido, el presidente no es elegido por el voto directo de los ciudadanos, sino mediante un complicado sistema de compromisarios o votos electorales. Para llegar a la Casa Blanca se necesitan al menos 270. A día de hoy, Clinton contaría con 115 compromisarios seguros, 54 muy cerca de la seguridad y 58 casi seguros. Podría dar por casi embolsados 227 compromisarios, a menos de 50 para ganar las elecciones.

El panorama para Trump es menos halagüeño. Seguros tiene 28 compromisarios, prácticamente seguros otros 71 y casi seguros 49, lo que se traduce en un conjunto de 148. A esa distancia, la clave está en cuál de los dos contendientes logrará hacerse con los 163 compromisarios que están en el aire y que se hallan en los denominados «swing states» (estados oscilantes). Si las elecciones se celebraran hoy, podría incluso darse el caso de que Trump obtuviera más votos –el denominado voto popular– y, sin embargo, la Presidencia cayera en el regazo de Clinton por 273 compromisarios frente a 265 del candidato republicano.

Con este panorama de fondo, no puede sorprender que los dos rivales se estén esforzando por recoger más y más fondos que les permitan multiplicar los anuncios y que aumenten su presencia en los «swing states», entre los que destaca Florida como el más importante. Los caladeros electorales resultan obvios. Hillary cuenta con la mayoría de los votos de la población negra, pero no está claro que vaya a movilizarla tanto como lo consiguió Obama, y no porque sea blanca, sino porque los dos mandatos del actual presidente han creado no poca frustración y desilusión entre la gente de su raza. Una abstención importante de los afroamericanos puede dañar más a Clinton de lo que pueda ayudarla el respaldo seguramente mayoritario. Tampoco es tan abultado el apoyo de las mujeres. Que la mayoría votará por la candidata demócrata a la Casa Blanca puede considerarse seguro, pero no es menos cierto que no se trata de una gran diferencia y que son millones las norteamericanas que consideran que el ser mujer no es razón suficiente para otorgar su voto a Clinton.

Por lo que se refiere a la población hispana, resulta enormemente importante en Texas o Florida. Sin embargo, en Texas, Trump supera a Clinton por casi ocho puntos y no parece que la situación pueda cambiar. En cuanto a Florida, un sector de los hispanos ya se ha apresurado a votar por Hillary desde hace semanas. Todo parece indicar que en el sur del Estado los cubanos respaldarán mayoritariamente a Trump. Más posibilidades tiene el magnate entre los trabajadores blancos de Ohio o Michigan. De manera más que reveladora, incluso fuerzas sindicales que tradicionalmente han apoyado al Partido Demócrata se sienten ahora atraídas por un discurso como el de Trump, que promete traer de regreso las fábricas a Estados Unidos, evitar futuras deslocalizaciones y vedar la competencia de la inmigración.

El avance de Trump podría tener repercusiones en otras elecciones relacionadas con el poder local. Si hace tres semanas los demócratas se veían recuperando el control del Senado, a día de hoy parece mucho más posible que las dos Cámaras del Legislativo sigan en manos de los republicanos. Por si fuera poco, del conjunto de gobernadores estatales, seguramente 30 serán republicanos y 14 demócratas, mientras que tan sólo cinco están en el aire. A estas alturas, no se trata sólo de que Trump pueda ganar, sino de que existen posibilidades de que los republicanos cuenten con una extraordinaria concentración de poder. Y es que, en estos momentos, Hillary ya no es la mano segura que ha parecido ser desde hace más de un año, aunque las bolsas se resientan.