Piñera y Guillier irán a segunda vuelta en las presidenciales de Chile

Beatriz Sánchez, del Frente Amplio, estuvo a punto de dar la sorpresa

El expresidente de Chile y candidato presidencial de la coalición Chile Vamos, Sebastián Piñera (c-d) abraza a su esposa Cecilia Morel (c-i) tras pronunciar un discurso  ante simpatizantes en el hotel Crown Plaza, en Santiago (Chile)
El expresidente de Chile y candidato presidencial de la coalición Chile Vamos, Sebastián Piñera (c-d) abraza a su esposa Cecilia Morel (c-i) tras pronunciar un discurso ante simpatizantes en el hotel Crown Plaza, en Santiago (Chile)

El expresidente Sebastián Piñera y el senador independiente Alejandro Guillier disputarán la presidencia de Chile en una segunda vuelta el próximo 17 de diciembre, tras los comicios de este domingo, en los que Beatriz Sánchez, del Frente Amplio, estuvo a punto de dar la sorpresa.

El expresidente Sebastián Piñera y el senador independiente Alejandro Guillier disputarán el 17 de diciembre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile.

Siete elecciones después del fin de la dictadura de Augusto Pinochet y once años después de su muerte, Chile no acaba de desprenderse del extenso legado de su régimen, poniendo en especial disyuntiva a la derecha chilena, que de la mano de Sebastián Piñera acaricia el regreso al poder. Un 12% de los chilenos considera que el ex dictador –cuyo régimen se cobró más de 3.200 vidas– fue «uno de los mejores gobernantes del país», según una encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), un porcentaje imposible de obviar en el mapa político chileno.

Piñera ha obtenido el 36,66 % de los votos y el aspirante oficialista Alejandro Guillier un 22,68 por ciento de las papeletas, según datos oficiales publicados por el Servicio Electoral de Chile. La abanderada del izquierdista Frente Amplio, Beatriz Sánchez, cuyo inesperado ascenso es la sorpresa de la jornada, al sumar 21 diputados. El aspirante ultraconservador José Antonio Kast se sitúa en cuarto lugar por delante de la abanderada demócrata cristiana Carolina Goic y el candidato progresista Marco Enríquez-Ominami. Los últimos lugares corresponden al ultraizquierdista Eduardo Artés y al bolivariano Alejandro Navarro. Kast reivindica abiertamente la dictadura de Pinochet, por lo que tras su irrupción como candidato obligó, según algunos expertos, a Piñera a «derechizar» su discurso durante la campaña.

Piñera acudió a votar en la Escuela República de Alemania, en la comuna de Santiago. Durante la votación, el candidato de Chile Vamos sufrió un pequeño inconveniente, ya que dobló mal su voto y tuvo que ser asistido por los vocales de mesa. Sin embargo, éste no fue el único contratiempo producido durante la jornada electoral y es que un grupo de manifestantes, miembros del Movimiento Juventud Rebelde, fue detenido por la Policía después de que los jóvenes irrumpieran en la sede electoral. «Por un Chile rebelde y popular. Ya no basta con votar», decía una de las pancartas que sostenían asaltantes. «Piñera no sabe lo que es ser chileno, es el símbolo de la corrupción», declaraba una de las manifestantes. A pesar de lo ocurrido, el candidato pudo realizar su votación sin más inconvenientes. «La democracia tiene que ser una fiesta en la que cada uno pueda expresar su opinión libremente, pero sin violencia», afirmó contundente el empresario.

Las elecciones de ayer ponían a prueba el nuevo sistema electoral que sustituye al binominal vigente desde la recuperación de la democracia en 1990. Además, era la primera vez que los chilenos residentes en el extranjero (un 11% del padrón) podían elegir al presidente desde sus países de residencia. Aunque cada vez más reducido, el llamado «pinochetismo» tiene todavía un inmenso poder económico y maneja gran parte de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido político más grande del país. «Piñera no es pinochetista pero necesita del pinochetismo», argumenta el analista de la Universidad de Santiago, Raúl Elgueta, a LA RAZÓN.

En contra del aborto, a favor de cerrar las fronteras a los inmigrantes y de la posesión de armas para combatir al crimen, Kast quería captar el voto más extremo y que desconfía de las lealtades y la moderación del ex mandatario chileno. Con un lenguaje directo y en ocasiones extremo, como cuando prometió disparar en caso de que un delincuente entrara a su casa, Kast logró levantar bastante ruido mediático. «En segunda vuelta, todos deberán votar por Piñera, y Piñera deberá adoptar posiciones más moderadas para poder ganar. El pinochetismo está muerto o es muy marginal», sostiene por su parte el analista de la Universidad de Nueva York, Patricio Navia. La «derechización» de su campaña llevó a Piñera a sepultar momentáneamente sus intentos de erigirse como el líder de una derecha renovada y despojada de toda herencia de la dictadura de Pinochet.

Veintisiete años después del fin de su dictadura, el sistema económico de libre mercado que instauró permanece casi intacto, al igual que el sistema privado de pensiones y la Constitución de 1980. Su sistema electoral, a priori favorable a los conservadores, fue desmantelado por el Gobierno de Michelle Bachelet. La presidenta chilena también ha querido reforzar la educación pública en un sistema que favorece los centros privados. Los cambios, no obstante, se han dado a paso lento y han despertado muchas reticencias. Tanto es así que es palpable el desencanto ciudadano con las políticas adoptadas por la izquierdista Bachelet que han perjudicado las posibilidades de su sucesor Alejandro Guillier. Este ex periodista elegido al Senado en 2013 hizo de la diversificación de la economía el tema central de su campaña. También abogó por el reconocimiento de los indígenas en la Constitución.