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Portugal: El tripartito de izquierdas de Costa, en el alambre

Las elecciones europeas se celebran a cinco meses de las generales y la ultraderecha pugna por lograr representación por primera vez.

Assunsao Cristas (centro), líder del DDS-PP, en un acto de campaña
Assunsao Cristas (centro), líder del DDS-PP, en un acto de campañalarazon

Las elecciones europeas se celebran a cinco meses de las generales y la ultraderecha pugna por lograr representación por primera vez.

Este año las elecciones europeas se celebran en Portugal cinco meses antes de los comicios legislativos, factor que ha hecho que la convocatoria de este fin de semana se vea como un ensayo de las generales de octubre, y lejos de debatir temas europeos, la campaña en el país vecino se ha centrado en temas nacionales: la economía, la gestión de los incendios, la corrupción en las grandes ciudades... Sobre todo, los candidatos discuten sobre si el socialista António Costa debe repetir como primer ministro.

Costa gobierna en solitario desde 2015 gracias a una alianza de la izquierda parlamentaria. Pocos pensaban que el pacto fraguado entre socialistas, comunistas y los marxistas del Bloque de Izquierda duraría más de unos cuantos meses, pero el Ejecutivo minoritario ha conseguido agotar la legislatura, y lo ha hecho logrando una tímida recuperación de la economía gracias a la gestión del ministro de Finanzas, Mário Centeno. Tras los largos años de la crisis, la mejora ha sido motivo de celebración para los lusos, quienes parecen estar dispuestos a dar un segundo mandato al primer ministro. Todo indica que los socialistas serán los más votados tanto ahora como en octubre, si bien en ambos casos la victoria no será mayoritaria.

En el caso particular de las europeas, las encuestas indican que crece el voto de castigo contra Costa. Su partido obtendría el 33% de los votos. Mientras, el PSD, principal partido de la oposición, recabaría el 23%, su peor resultado histórico. Desde hace años la derecha tradicional lusa vive una crisis profunda, y está sumido en una guerra civil interna desde la elección de su polémico presidente, Rui Rio, en 2018. Aun así el descalabro sería menor que el que le vaticinaban algunos analistas, algo que dice más sobre el descontento de ciertos sectores con el primer ministro que sobre la brillantez de la campaña del PSD.

Para muchos portugueses –especialmente aquellos que viven en el interior luso– la mejoría económica no se ha notado, y son cada vez más los colectivos profesionales que se muestran hartos de la política fiscal de gasto público ultralimitado seguida por Centeno. Este año, profesores, enfermeros, bomberos y funcionarios judiciales han convocado huelgas y tomado las calles, y las movilizaciones de los trabajadores ferroviarios han paralizado el país vecino cada par de meses.

El Ejecutivo también se ha visto afectado por controversias como el «Familygate», el escándalo que surgió al demostrarse los abundantes lazos familiares existentes entre miembros del Gobierno y otros altos cargos. La cantidad de primos y esposas de prominentes socialistas colocados en la Administración estatal generó críticas a Costa y forzó la presentación de una iniciativa legislativa para impedir el nombramiento de familiares de políticos hasta el tercer grado a gabinetes y otros órganos gubernamentales.

Todas las formaciones –tanto las de la oposición conservadora como las de la izquierda aliada– han criticado a Costa durante la campaña que ahora acaba. El partido que lo ha hecho con mayor furia, sin embargo, es Chega! (¡Basta!), la formación que aspira a ser el «VOX portugués» y que concurre en las europeas como parte de una colación de extrema derecha. Liderada por André Ventura, un ex militante del PSD que fue defenestrado por hacer campaña contra las personas de etnia gitana en 2017, Chega! se autodefine como un partido populista de derechas «sin miedo» que aspira a salvar Portugal de la «degradación en la que ha caído el régimen democrático».

La formación arremete contra la corrupción de las élites y el abandono del portugués medio: quiere menos burocracia, mayor libertad de expresión contra lo «políticamente correcto» y la prohibición del aborto y la eutanasia. También pide acabar con la supuesta inseguridad que se vive en Portugal –país que siempre está en el «top ten» de Estados más pacíficos del mundo– con medidas dramáticas, entre ellas la restauración de la pena capital –abolida en el país vecino hace más de 150 años– para terroristas y la castración química de los pedófilos condenados.

Durante esta campaña para las europeas, Ventura ha afirmado que es hora de acabar con «la Europa que nos intenta hacer tragar la ideología de género y el marxismo cultural» y, pese al principio de libertad de movimiento intracomunitario, exige que se refuercen las fronteras para proteger a la Unión de la «invasión extranjera».

Aunque la formación no parece tener mucha fuerza entre la famosamente moderada población lusa, muchos siguen su progreso electoral para ver si Portugal mantiene su particular estatus como único país del sur de Europa en el que la ultraderecha no cuenta con representación parlamentaria. De momento las encuestas dejan a la coalición liderada por Ventura lejos del porcentaje mínimo que necesitaría para entrar en la Eurocámara, pero dada la baja participación en los comicios europeos en Portugal –la abstención fue del 66,2% en 2014, un récord histórico–, cualquier pequeña variación podría cambiar el balance de manera decisiva.