Primer «martes negro» en Francia

El gran seguimiento del paro en los trenes franceses amenaza el plan reformista del presidente Macron.

El gran seguimiento del paro en los trenes franceses amenaza el plan reformista del presidente Macron.

Alejo se tuvo que levantar ayer una hora antes para ir a su trabajo en la localidad de Issy-Les-Moulineaux, un suburbio al sur de París. El trayecto de una hora que cada mañana hace en tren se ha convertido en una odisea que le ha llevado el doble de tiempo. «He tenido que tomar un tren hasta arriba de gente desde mi casa hasta la primera estación del metro. Luego el metro para atravesar todo París y finalmente treinta minutos andando. Estoy hablando con mi empresa para volverme en taxi porque no puedo estar cada día cuatro horas en los transportes». Este editor de contenidos de internet tiene 44 años y dos hijos y comienza a plantearse la opción de pactar con su empresa días de teletrabajo haciéndolos coincidir con los días de huelga.

En su situación están millones de franceses afectados por un calendario de paros intermitentes de la compañía pública de ferrocarriles, la SNCF, que promete ser la primera gran prueba de fuego del quinquenio del presidente Emmanuel Macron. Bruno Gazeau, presidente de la Asociación Nacional de Usuarios de Transporte, dijo ayer que la perspectiva que marca una huelga intermitente de tres meses es nueva. «Es un movimiento destinado a perjudicar al máximo a los usuarios. Dos días de cada cinco cada semana. Esto crea un sentimiento de incertidumbre extrema, ya que no todos pueden hacer teletrabajo. Si a eso le sumamos que estamos en periodo de exámenes para muchos estudiantes... Nosotros respetamos el derecho de huelga, pero esperamos que los sindicatos respeten los derechos de los viajeros», afirmó. La clave está en saber si la erosión en el usuario se puede volver contra los planes de reforma de la compañía que pretende Macron, que incluye poner fin a las ventajas laborales del estatuto laboral de los ferroviarios, que incluye jubilaciones antes de los 55 años. «Un statu quo inaceptable», sentenció ayer el primer ministro, Édouard Philippe. La SNCF tiene unos 160.000 empleados, de los cuales unos 140.000 se benefician de dicho estatuto.

De momento, en este primer día señalado en rojo en el calendario, el sindicato CGT –el más duro y frontal frente a Macron– calificó la huelga de «masiva». Cerca de un trabajador de cada dos secundó la huelga y un 77% de los maquinistas de trenes cumplió con la medida de fuerza, según datos proporcionados por la propia dirección de la SNCF. A medio día, sólo operaba un tren de alta velocidad de cada ocho y uno regional de cada cinco. El tráfico internacional también se vio perturbado, pero en menor medida, con tres de cada cuatro trenes Eurostar que unen París con Londres y una circulación casi normal en los enlaces con Bélgica. Sin embargo, el tráfico ferroviario en la mitad sur del país hacia España, Italia y Suiza estuvo completamente paralizado. Durante la jornada, varios grupos de sindicalistas se manifestaron contra los planes del Gobierno en las principales estaciones ferroviarias de la capital. Y mientras los sindicatos inician su pulso «para defender los servicios públicos», el Gobierno pretende dar ante la opinión pública una imagen de firmeza y diálogo a partes iguales. La ministra de Transportes, Elisabeth Borne, aseguró en la radio RMC que «el Ejecutivo resistirá por la vía de la escucha, la concertación y el diálogo». Para justificar la reforma, los miembros del Ejecutivo galo no pierden ocasión en señalar la enorme deuda de la empresa pública, debida en buena parte a las costosas inversiones en las líneas de alta velocidad durante los mandatos de Nicolas Sarkozy y François Hollande, y la necesidad de preparar una próxima apertura a la competencia de otras empresas como pasa ya en varios vecinos europeos. «Hacer circular un tren en Francia cuesta un 30% más caro que en otras partes», repiten como argumento los miembros de la mayoría parlamentaria de En Marcha, el partido de Macron. De momento este primer periodo de huelga se prolongará hasta mañana con un impacto diario en la vida cotidiana de cuatro millones y medio de franceses.