Schulz se da de bruces contra el sólido liderazgo de Merkel

Con 13 puntos por debajo de la canciller, las opciones del líder socialdemócrata se desinflan.

Martin Schulz confía aún en dar la sorpresa gracias al voto de los indecisos
Martin Schulz confía aún en dar la sorpresa gracias al voto de los indecisos

Con 13 puntos por debajo de la canciller, las opciones del líder socialdemócrata se desinflan.

Se dice en los corrillos paralelos a la campaña electoral que el líder del Partido Socialdemócrata (SPD), Martin Schulz, no está de buen humor por las mañanas. Tras el desayuno, se reúne con su equipo para pasar revista a la prensa. No hay buenas noticias para el candidato a canciller. Los titulares de los periódicos ya no sólo insisten en los malos sondeos para su partido o se jactan en ilustrar a un hombre que se empeña en pelear una batalla que ya tiene por perdida.

En los últimos días son constantes las crónicas en las que se sugiere un escenario gubernamental más allá del 24 de septiembre. Sin Schulz. No obstante, todo parece cambiar algunos minutos después cuando, en una plaza de mercado o ante los cientos de personas que lo aclaman en un mitin, el líder del SPD vuelve a repetir, relegando al olvido lo leído esa mañana, que sólo él será el canciller de los alemanes. El instinto de superación pervive en este hombre que, en los últimos días de campaña y desde los carteles electorales, grita al pueblo alemán que «ha llegado el momento». El domingo, las urnas dirán para qué. Por ahora, los sondeos no dejan lugar a dudas. El último, realizado por Forsa, predice un escaso 23% de votos para Schulz, trece puntos menos de los que conseguiría el bloque de la canciller Angela Merkel. De cumplirse el pronóstico, el SPD se anotaría su peor dato electoral en mucho tiempo. Una cifra con la que todavía muchos se preguntan qué ha pasado con el ya anodino «efecto Schulz».

Para el analista político Franco Delle Donne está claro: «Schulz llegó con un discurso apegado a las emociones en el que reivindicó alguno de los mensajes más arraigados en el sentir socialdemócrata, lo que no acabó de gustar al partido», asegura Delle Donne en declaraciones a LA RAZÓN. Poco después, llegaron las tres derrotas consecutivas de su partido en las elecciones regionales de otros tantos Länder, entre ellos el de Renania del Norte-Wesfalia, tradicional feudo socialdemócrata. «Esto llevó al SPD a un cambio desesperado de estrategia –continúa Delle Donne–, que hizo que Schulz se acercara a posiciones más conservadoras y a montar una campaña más tradicional que no convenció a su electorado y que, por tanto, les ha perjudicado en la estimación de voto».

Muchos creen que el líder del SPD no ha sabido estar a la altura de las circunstancias y que incluso desaprovechó el momento en el que consiguió superar a la canciller en los sondeos. Sólo él pudo demostrar que Merkel no es imbatible, pero dejó pasar la oportunidad. Otros analistas van todavía más allá y sugieren que el problema está en el empeño del partido por circundar una posición de centro, lo cual les incapacita para hacer frente a a la CDU. A dos días de las elecciones, el «efecto Schulz» agoniza. Con todo, el candidato del SPD no subestima ningún acto de campaña y, confiado por aquellos votantes indecisos o en posibles giros de última hora, se mantiene recio en su intento de alcanzar su objetivo. Va grabado en su ADN y en su instinto político.

Schulz sabe lo que es la superación y crecer apoyándose en los puntos débiles. Fue un mal estudiante, abandonó el instituto antes de conseguir el título de bachillerato, pero se formó en una librería y acabó montando la suya propia. Sabe lo que es el desempleo, el alcoholismo, perder a la familia y tocar fondo. Pero también levantarse, luchar y reinventarse. Conoce bien la importancia de tener una segunda oportunidad, aunque ahora esa posibilidad ya no depende de él sino de lo que decida el pueblo alemán. Las previsiones no son halagüeñas y los comentarios de la prensa alemana –esos que amargan el desayuno a Schulz– sugieren que si no supera pasado mañana ese raquítico 23%, debería abandonar. La revista «Der Spiegel», siempre prudente y comedida, sugiere incluso el nombre del alcalde de Hamburgo, Olaf Scholz, o el de la actual ministra alemana de Trabajo, Andrea Nahles, como dignos sucesores de Schulz al frente. Para un hombre que atesora semejante experiencia vital y política, que alcanzó la jefatura de la Eurocámara sin renegar de su pasado y que fue elegido líder de su partido con el 100% de los votos, el momento se ha de tornar más que amargo. No obstante, un Schulz efusivo y de todas formas optimista, volvió a gritar ayer que «quien no quiere más Merkel debe votarle». Esta tarde, en la histórica plaza de Gendarmenmarkt en Berlín y como uno de los últimos actos de campaña, Schulz volverá a repetir esas palabras. Después, su futuro político quedará en mano de las urnas.