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Trump reconoce ahora que compró el silencio de la actriz porno

El presidente de EE UU insiste en que no tuvo un «affaire» con Stormy Daniels, pero confirma que pagó a su abogado 130.000 dólares para acallar sus «acusaciones falsas y extorsionadoras»

Donald Trump camina por la Casa Blanca después de una ceremonia oficial
Donald Trump camina por la Casa Blanca después de una ceremonia oficiallarazon

El presidente de EE UU insiste en que no tuvo un «affaire» con Stormy Daniels, pero confirma que pagó a su abogado 130.000 dólares para acallar sus «acusaciones falsas y extorsionadoras».

Se veía venir. Rudolph William Louis Giuliani, alias Rudy Guiliani, flamante incorporación al equipo de abogados que asesora a Donald Trump, no sabe vivir ajeno a incendios. El último, provocado al declarar en la cadena Fox, entrevistado por Sean Hannity, que el dinero para comprar el silencio de la actriz porno Stormy Daniels, 130.000 dólares, salió del bolsillo del hoy presidente. Una explicación que contradice tanto lo sostenido por el entonces abogado de Trump, Michael Cohen, como la versión del propio inquilino de la Casa Blanca, que siempre ha negado los pagos.

«Ese dinero no era dinero de campaña», comentó ufano Rudy, feliz de encontrarse de vuelta frente a los focos. No quedó ahí la cosa. «Lo siento», añadió, «te estoy dando un hecho que desconocías. No es dinero de campaña. No hay violación de financiación de campaña (...) Se canalizó a través de un bufete de abogados y el presidente lo pagó». Por si fuera poco, comentó que Trump «no sabía nada específico, hasta donde yo sé. Pero sabía del acuerdo general, que Michael se encargaría de cosas como ésta. En plan, me ocupo de esto con mis clientes. No los vuelvo locos con cada cosa que hago. Son personas ocupadas».

A la vuelta de la publicidad Hannity, que mantiene una excelente relación con Trump, trató de ofrecer una salida. Un atajo. Una disculpa. Trató de clarificar, y Giuliani –ex alcalde de Nueva York– fue incluso más claro: «La pregunta ahí era, la única violación posible consistía en saber si fue una violación de la normativa de la financiación de las campañas. Algo que generalmente acaba en una multa, dicho sea de paso, no en que lleguen las tropas de asalto y destruyan tu departamento y tu oficina». Hablaba, claro está, del registro del despacho, la habitación de hotel y el domicilio de Cohen, que previamente había asegurado a quien quisiera escucharle que aquellos 130.000 dólares salieron de su propio bolsillo y que Trump nada tenía que ver en ello. Precisamente por Cohen, por la delicadísima posición en la que queda ante el FBI, y por su insistencia en que el dinero no era de Trump, le preguntó Hanitty.

La respuesta de Giuliani, insuperable: «No sé, no lo he investigado. No hay razón para disputarlo, para disputar ese recuerdo [de Cohen cuando afirma que pagó de su bolsillo a Daniels] Michael me gusta mucho, me gusta mucho Michael (...) Me siento muy mal por cómo lo han victimizado. El presidente se siente aún peor. El hecho es que deben confiar en mí, no encontrarán infracciones en este asunto. Los pagos son perfectamente legales».

Poco después, el propio Trump escribía en Twitter su propia versión de lo ocurrido, que por cierto no encaja con lo que había afirmado durante meses sobre este polémico asunto. «El señor Cohen», dijo, «un abogado, recibió un pago mensual, no de la campaña, y sin tener nada que ver con la campaña, de la cual celebró, a través del reembolso, un contrato privado entre dos partes, conocido como un 'acuerdo de no divulgación' o NDA [por sus siglas en inglés]. Estos acuerdos son muy comunes entre celebridades y gente rica. En este caso, está en pleno vigor y efecto y se utilizará ante el tribunal de Arbitraje por daños y perjuicios contra la señora Clifford [Daniels]. El acuerdo se usó para detener las acusaciones falsas y extorsionadoras hechas por ella sobre un asunto después de haber firmado una carta detallada donde admitía que que no había ningún asunto. Antes de su violación por la señora Clifford y su abogado, este era un acuerdo privado. El dinero de la campaña o las contribuciones a la campaña no jugaron [ningún papel] en esta transacción».

La tormenta, perfecta, ha encontrado a un complacido Giuliani. En declaraciones al «New York Times», ha explicado que todo formaba parte de un plan. Que la intención desde el principio ha sido admitir el pago, que siempre habían negado, a cambio de evitar problemas por posible financiación ilegal. «Ni la Trump Organization ni la campaña de Trump participaron en la transacción con la señora Clifford, y tampoco me reembolsaron el pago, fuera directa o indirectamente», había declarado Cohen después de que el pasado 11 de enero el «Wall Street Journal» revelara que el abogado abrió una Sociedad de Responsabilidad Limitada (LLC por sus siglas en inglés), para pagar a Daniels.

La idea de Giuliani pasa por adtimir finalmente el mal menor, el romance del presidente con la actriz porno, o al menos que cedió a un presunto chantaje, a cambio de evitar que la Comisión Electoral lo acuse, a él o a miembros de su campaña o al propio abogado Cohen, de realizar pagos a la campaña por persona interpuesta. Mejor las portadas de los tabloides, de las que en cualquier caso siempre fue asiduo, que las indagaciones de unos fiscales a la caza o la posibilidad de que Cohen acabe por traicionarles.