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Trump y Xi ultiman una tregua comercial

El presidente de EE UU rebaja la tensión con su homólogo ruso a la espera de su reunión con Xi Jinping, la bilateral más decisiva de Osaka. El magnate se muestra dispuesto a lograr una breve tregua en comercio ante los temores de una recesión global.

El presidente de EE UU rebaja la tensión con su homólogo ruso a la espera de su reunión con Xi Jinping, la bilateral más decisiva de Osaka. El magnate se muestra dispuesto a lograr una breve tregua en comercio ante los temores de una recesión global.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió ayer a protagonizar una de esas escenas a medio camino entre la comedia y la tragedia cuando, señalándole con el dedo, espetó a su homólogo ruso Vladimir Putin: «No interfieras en las elecciones de 2020». La actitud del magnate dejaba a las claras que se toma totalmente a la ligera un escándalo que ha provocado una investigación de dos años sobre los contactos de su equipo con el Kremlin en las presidenciales de 2016. Preguntado por una periodista antes de que diera comienzo su bilateral con Putin sobre si iba a pedirle que no interfiera en los comicios de 2020, Trump respondió: «Claro que lo haré» y en ese momento señaló con el dedo al ruso y repitió dos veces la frase que titula estas líneas. Mientras le traducían esas palabras, Putin asentía y sonreía plácida y enigmáticamente. Poco después la oficina del líder ruso informaba de que había invitado a Trump a visitar Moscú en 2020 y que estaba dispuesto a hablar con él de estabilidad y desearme.

La escena dista mucho de ser una excepción en la tónica general de la Cumbre: tras «calentar» los días previos al G20 con sus ya habituales declaraciones tormentosas, el presidente de EE UU acaparó el centro de la pista en la primera jornada, en la que celebró, además del de Putin, cuatro encuentros bilaterales en los márgenes con el primer ministro japonés y anfitrión, Shinzo Abe, el primer ministro indio, Nirendra Modi, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y la canciller alemana Angela Merkel. Esta última es objeto de un especial escrutinio por parte de la prensa tras sufrir el jueves un preocupante temblor en manos y piernas, el segundo que captan las cámaras en nueve días, durante un acto celebrado en el palacio de Bellevue, sede de la Presidencia del país.

Una vez más, los juegos psicológicos puestos al servicio de su estrategia de comunicación han vuelto a dar resultado y en Osaka todos los ojos apenas se separaron de la figura del magnate estadounidense, que aprendió hace ya tiempo que lo importante es que hablen de ti aunque sea mal. Sea como fuere, la reunión en la que Trump y Xi se verán finalmente las caras, sin duda el punto culminante de la cumbre, se será hoy a las 11:30 de la mañana, a las dos y media de la madrugada hora española. «No hay condiciones previas», aseguró el asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow. «El presidente Trump espera con impaciencia la reunión. Creemos que es muy posible que todo vaya bien y los chinos vuelvan a la mesa de negociaciones y que seremos capaces de volver al punto que nos encontrábamos en mayo», dijo. El magnate aseguró por su parte que esperaba que la reunión fuera «productiva».

De este sentir son la mayoría de los expertos, que consideren que las presiones de la Administración estadounidense van encaminadas a forzar a China a firmar un «acuerdo razonable» que logre que parte del aparato productivo perdido vuelva a EE UU; una victoria internacional que Trump pueda «vender» en bandeja de plata a partir de enero de 2020 y, gracias a ello, lograr la reelección tras haber materializado ante la opinión pública americana –al menos la parte de ella que le es afín– el célebre «America First» de 2016. Tan optimistas son los analistas sobre la buena noticia que espera al mundo al final de esta cubre que el índice de referencia Standard & Poors 500 acumula máximos históricos y cerró al alza ayer.

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Pero Estados Unidos no sólo ha puesto pirotecnia retórica encima de la mesa. También ha habido demostraciones de fuerza incontestables como la aprobación por parte del Senado al mismo tiempo que Trump ponía el pie en Osaka de un paquete presupuestario de 750 millones de dólares para el Departamento de Defensa con dotaciones presupuestarias para proyectos militares que amenazan directamente a China.

Si bien el acuerdo de mínimos en el apartado comercial parece posible, el optimismo brilla por su ausencia en cuando a la lucha contra el cambio climático se refiere. Pero aquí el culpable no es sólo Trump: como comentaba a LA RAZÓN un experto en política energética en los pasillos del centro de prensa internacional en Osaka, es fácil olvidar que las economías del G20 triplicaron sus subsidios a plantas generadoras alimentadas con carbón entre 2013 y 2019. Y a la cabeza de esta tendencia no sólo está EE UU, sino China, India y Japón, país anfitrión de la cumbre.

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Trump también sacó su equívoca personalidad a relucir durante su reunión con Merkel, a quien confesó que entre sesión y sesión en Osaka se entretenía viendo en pantalla de plasma el debate entre los candidatos demócratas en unas primarias destinadas a seleccionar a su contrincante en 2020. «Tuvieron su primer debate ayer y hoy tienen otro. Pero prefiero hablar con usted a volver a ver otro». En su cita con Jair Bolsonaro, quedó clara la sintonía mutua. Ambos trataron la crisis de Venezuela, y buscaron las medidas para «asfixiar económicamente al régimen de Maduro», aunque Trump aconsejó a su homólogo que, en este tema, «se requiere paciencia».