Internacional

Un entrenador evita un tiroteo masivo a base de abrazos y consuelos

Angel Granados-Diaz portaba una metralleta en el instituto Parkrose de Portland cuando Keanon Lowe comenzó a abrazarle para impedir una masacre

Angel Granados-Diaz portaba una metralleta en el instituto Parkrose de Portland cuando Keanon Lowe comenzó a abrazarle para impedir una masacre

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Dice Diego Ojeda en una canción con Elvira Sastre (’Amerizaje’ lleva por título) que “hay abrazos que curan y no los receta un médico”. El cantante se refiere al acto de abrazar como un acto de cariño, de afecto o de amor, pero en su afirmación hay una verdad que trasciende más que todos esos valores. Por ejemplo, una serie de abrazos del entrenador de fútbol americano del instituto de Parkrose Keanon Lowe al estudiante Angel Granados-Diaz “curaron” a muchos de sus compañeros de una muerte irremediable.

En el vídeo de ABC News, proporcionado por las cámaras de seguridad del edificio, se ve al estudiante portando un arma para cometer atrocidades. No se sabe qué quería hacer, pero viendo la actitud de las personas que aparecen en el corte, no parece que sus intenciones fuesen pulcras. En ese momento, aparece el entrenador del equipo de fútbol americano, que comienza a abrazarle y consolarle mientras Angel deja el arma en el suelo. Cuando una persona se la lleva, continúan hablando y conversando durante un tiempo.

Lo que en un principio se había reportado como que el entrenador había forcejeado con el estudiante hasta reducirle en el suelo acabó demostrándose que nada más lejos de la realidad. Al poco tiempo, la policía apareció en el lugar de los hechos y detuvo al implicado mientras Keanon Lowe se consagró como un héroe en el instituto.

Según ABC Portland, Angel Granados-Diaz sufría una crisis mental en dicho momento. El mismo medio reportó que él mismo se declaró culpable de dos delitos; la posesión ilícita de un arma en un edificio público; y la de posesión ilícita de un arma cargada en público.

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Por su parte, Lowe comentó que cuando el pupilo entró armado a una de las clases él estaba lo suficientemente cerca como para agarrarla con ambas manos. “Mi instinto me hizo agarrarla; ambos estábamos sosteniendo el arma. Había cuatro manos sobre ella”, contó. Dice que su principal objetivo era “mantener la puntería fuera de los jóvenes” y que “sus instintos aparecieron para ‘hacer algo bueno’ que podía haber acabado de manera trágica”.