Un pulso a los tiranos del mundo

Defensores de derechos humanos y perseguidos políticos critican en Ginebra la impunidad de las autocracias y reclaman a la ONU un mayor compromiso para defender la libertad y la democracia

La Razón
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Las verdaderas víctimas de los gobiernos autócratas y de las peores dictaduras no estarán hoy en la 37º sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que ha comenzado este lunes en Ginebra. Las denuncias de los perseguidos políticos se oír escuchar la pasada semana en el marco de la décima Cumbre de Ginebra de Derechos Humanos y Democracia, organizada por UN Watch y otras 20 ONGs.

Durante dos días se escucharon testimonios -muchos de ellos desgarradores- de activistas, periodistas, religiosos y políticos que fueron acosados y en algunos casos torturados por las autoridades de sus países. La gran paradoja es que los gobiernos que más violan los derechos humanos son los que están sentados como estados miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Esta instancia intergubernamental, encargada de proteger los derechos humanos, ha sido muy criticada por acoger en su seno a países como Rusia, Cuba o Venezuela. “Que la ONU ponga a Catar, Pakistán o República Democrática del Congo como jueces mundiales de los derechos humanos es como poner a un pirómano de jefe de bomberos”, asegura el combativo Hillel Neuer, director de UN Watch.

Lo que sigue son los testimonios de algunas de las víctimas que participaron en la décima Cumbre de Ginebra. Cada caso es diferente, pero todos tienen una cosa en común: llevaron hasta el extremo sus convicciones éticas y por ello pagaron un precio muy alto.

Kenneth Bae, misionero encarcelado en Corea del Norte

«Durante el cautiverio perdí 27 kilos»

Este misionero norteamericano fue detenido en Corea del Norte y pasó más 735 días en campos de trabajo. Cuando fue arrestado hacía labores de divulgación religiosa al mismo tiempo que promocionaba el país como destino turístico a través de su empresa. Las autoridades lo acusaron de intentar derrocar al régimen. «Durante el cautiverio perdí 27 kilos. Sufrí torturas piscológicas. Si hubiera sido norcoreano habría muerto allí. Lo peor era la espera. Me decían que todos se habían olvidado de mí, mi familia, mi gobierno. Después supe que las gestiones de Barack Obama contribuyeron a que me dejaran libre». Bae se dedica ahora a ayudar a presos de la dictadura comunista y llevarlos a Corea del Sur, su país de origen. «Durante los últimos 70 años más de 25 millones de personas han estado en la cárcel norcoreana, pero la gente de Corea del Norte necesita saber que no les dejamos solos y que luchamos por ellos».

Maziar Bahari, periodista torturado en Irán

«Me torturaron para confesar que era espía»

Su delito fue informar. Contar al mundo que las elecciones de Irán de 2009 fueron fraudulentas y que el candidato del régimen, Mahmud Ahmadineyah, fue declarado vencedor en contra de la voluntad del pueblo iraní. Por este motivo, el periodista Maziar Bahari fue detenido y torturado, si bien la acusación de las autoridades fueron otras. Decían que era un espía de la CIA, del Mossad y de la revista «Newsweek», para la que trabajaba desde Teherán como reportero «freelance». Durante 118 días vivió una pesadilla en la cárcel. «Me torturaron psicológicamente y después físicamente. Me pegaban puñetazos y me azotaban. Querían que confesara que era un espía, pero nunca lo hice porque yo sabía que en Irán los espías son asesinados». Después de una fuerte presión internacional finalmente fue liberado. Tras el calvario que vivió en prisión, escribió el libro «Después vinieron a por mi», que inspiró la película «Rosewater» protagonizada por el actor mexicano Gael García Bernal.

Guillermo Fariñas, activista político en Cuba

«Habrá un estallido social en la isla»

En sus años de juventud fue «un castrista ingenuo», pero como otros muchos cubanos acabó renegando de la dictadura comunista y decidió alzar al voz contra el Gobierno. Fue preso político y mantuvo más de 20 huelgas de hambre como forma de protesta contra las arbitrariedades del régimen. Su lucha le hizo merecedor del Premio Sajarov de la UE. Pese a la tímida apertura económica cubana, Fariñas denuncia que nada ha cambiado dentro de la isla. «La represión a los opositores es ahora mayor. No es tanto que encarcelen disidentes sino que les dan golpizas. Estamos en unos niveles de acoso muy altos, como en 2003», afirma este periodista. Fariñas pronostica cambios dentro de la isla, y no porque Raúl Castro vaya a abandonar el poder. «Creo que habrá un estallido social. El Gobierno cubano está en una disyuntiva muy fuerte. No puede dejar salir a la gente porque Estados Unidos les ha quitado la protección a los cubanos y al mismo tiempo la economía no funciona».

Asli Erdogan, novelista presa en Turquía

«Turquía reprime a los que opinan distinto»

El día en que la novelista turca Asli Erdogan fue arrestada un grupo de unos 50 policías irrumpieron en su casa y saquearon sus pertenencias durante siete horas. Ella fue una de las decenas de periodistas y escritores encarcelados tras el fallido golpe de estado de julio de 2016. En la cárcel de mujeres sufrió condiciones tan extremas que llegó a pensar en el suicidio. Erdogan fue acusada de pertenencia a banda terrorista, y todo porque formaba parte del consejo editorial del periódico «Özgür Gündem», al que las autoridades acusaron de ser un brazo del grupo kurdo PKK. «Yo escribía artículos en los que trataba de dar voz a los kurdos, pero también a los negros, a las mujeres y a los presos», asegura la escritora, hoy exiliada en Alemania. «El Gobierno turco quiere monopolizar la verdad y la realidad. Reprime con violencia cualquier opinión mínimamente distinta a la suya». Durante sus 133 días en prisión, recibió tres premios por su valiente trayectoria.

Antonio Ledezma, preso político en Venezuela

«Somos el país más inseguro del mundo»

El ex alcalde de Caracas fue arrestado en su oficina en 2015 por las autoridades venezolanas, acusado de promover la violencia. Primero fue encarcelado y después le concedieron el arresto domiciliario. A finales del año pasado logró escapar a través de Colombia y ahora se dedica a conseguir apoyo internacional para derribar al régimen de Maduro. «Yo no huí ni me fugué. Yo me liberé porque más que un preso, era un secuestrado. Llevaba más de 1.000 días secuestrado por un gobierno que detiene a los disidentes de forma caprichosa», contó en Ginebra. La Venezuela que dejó Ledezma está sumida en una depresión. «Hoy es un país en el que sólo 4 millones de venezolanos comen dos veces al día. Hay ajusticiamientos y una violencia desbordada. Somos el país más inseguro del mundo. La gente muere de cualquier enfermedad porque no hay medicinas. No existe libertad de expresión y a los que protestan los detienen».

Vladimir Kara-Murza, opositor envenenado en Rusia

«No podían callarme, así que me intoxicaron»

Es una de las voces más valientes de la disidencia rusa. «No soy valiente, soy cabezota», prefiere matizar este activista de 36 años que fue envenenado en dos ocasiones, en 2015 y en 2017. En ambas ocasiones quedó en coma y tuvo que ser tratado fuera de su país. «El médico me ha dicho que no sobreviviré una tercera vez», cuenta entre risas este enemigo declarado de Putin, que ahora es vicepresidente de la Fundación Boris Nemtsov, una organización que lleva el nombre del opositor político asesinado hace tres años en Moscú. Kara-Murza sabe que está en el punto de mira del régimen. «Como no podían silenciarme con sus calumnias decidieron que eran mejor intoxicarme. Su intención no era meter miedo sino sencillamente matarme». Kara-Murza critica abiertamente «la ausencia de unas elecciones libres» y rechaza el estereotipo de que los rusos no están preparados para la democracia. «Estamos listos para la democracia y algún día la tendremos. No sé cómo ni cuándo, pero la dictadura de Putin caerá».

Yang Jianli, superviviente de Tiananmen

«China invierte muchos recursos en represión»

«Vi como los tanques aplastaban a los estudiantes. La gente trataba de escapar y los mataban. Me tocó ser testigo de aquella tragedia. Yo pude huir más fácilmente porque tenía una visa de Estados Unidos». Este es el recuerdo que el activista chino Yang Jianli tiene de las protestas de Tiananmen en 1989. Años después no tendría la misma suerte. Yang fue encarcelado y pasó cinco años en prisión. Hoy es el presidente de Iniciativas para China, una organización que coloca al Gobierno comunista de su país en la primera posición de países que violan los derechos humanos. «China invierte más recursos en el control social y la represión que en cualquier otro sector. La dictadura china es el mejor exponente de una sociedad orwelliana, totalmente vigilada y maniatada». Yang lamenta el doble rasero moral de potencias como Estados Unidos, que optan por callar sus críticas a Pekín en materia de derechos humanos para conseguir su apoyo en asuntos económicos.

Ewan Mawarire, religioso acosado en Zimbabue

«No voy a dejar que el régimen me amordace»

El pastor Ewan Mawarire encabezó en 2016 un movimiento de protestas en Zimbabue contra la corrupción de las autoridades. Su gesto de colgarse una bandera inspiró las mayores manifestaciones (conocidas como #ThisFlag) en los últimos años contra el dictador Mugabe. Este activista, acusado de subversión, se enfrentaba en el jucio una condena de 20 años en prisión, de la que finalmente fue absuelto. «Mientras yo estaba en la cárcel, mi mujer embarazada y mis dos hijos fueron amenazados de muerte», explicó este disidente. «Lo que hemos aprendido es que no podemos dejar que un gobierno nos amordace ni que nos brutalice, ni que subvierta nuestra voluntad», defendió ante cientos de diplomáticos y defensores de los derechos humanos en la Cumbre de Ginebra. «El acoso al que fui sometido era inaguantable, pero no tuve otra opción que enfrentarme y sobrevivir. Soy un zimbabuense que se niega a salir corriendo».