Y con Syriza Grecia volvió a la recesión

Más allá de discusiones sobre el corte ideológico de Syriza o sobre su poco ortodoxa forma de negociar con sus acreedores, la realidad que reflejan los números es que desde que el partido de Alexis Tsipras llegó al poder en enero, la economía helena ha empeorado de forma sustancial. Todos sus indicadores han ido a peor truncando las ligeras mejoras que, al menos a nivel macroeconómico, se atisbaban a finales de 2014.

Grecia cerró el pasado ejercicio con un crecimiento de su PIB del 0,8%, en lo que significaba la primera mejora apreciable de su economía tras la puesta en marcha en febrero 2012 del programa de ajustes y reformas asociado a su segundo rescate, que significó la extensión del primer plan de ayuda con el desembolso total de 240.000 millones de euros. Pero la llegada de Tsipras al poder supuso la quiebra de este programa y el empeoramiento de los indicadores de la economía helena. Según el último dato oficial conocido, hasta marzo, su PIB retrocedió en tasa intertrimestral un 0,2%, mientras que en interanual el avance del pasado ejercicio se ralentizó hasta el 0,4%. Las recientes revisiones tanto del Fondo Monetario Internacional (FMI) como de la UE apuntan a un estancamiento absoluto del crecimiento como consecuencia de la incertidumbre política que están generando las políticas de Tsipras. En un informe fechado el 26 de junio para evaluar la sostenibilidad de la deuda helena, el Fondo augura que el avance este año de su PIB será del 0%. La Comisión Europea, por su parte, recortó en mayo al 0,5% el avance del 2,5% que había pronosticado en febrero. Y eso que las negociaciones entre Grecia y sus acreedores no habían alcanzado la tensión que viven estos días.

Pero donde la desconfianza hacia el Gobierno de Tsipras se ha reflejado de forma más nítida e inmediata ha sido en los mercados financieros. Tanto el interés del bono a diez años como la prima de riesgo griega se han vuelto a disparar en estos meses. A comienzos de año, la rentabilidad de la deuda helena en el mercado secundario era del 9,26%. Esta semana ha escalado ya hasta el 14,78% después de que lo que antes se consideraba casi una quimera, el abandono de Grecia del euro, ahora sea una opción real que ni siquiera el Banco Central Europeo (BCE), sus socios o el propio Banco de Grecia descartan ya. En un reciente informe, la agencia de calificación de riesgos Standard&Poor’s (S&P) aseguró que las opciones de un «Grexit» son ya del 50%.

Sin contagio

Arrastrada por el interés del bono, la prima de riesgo –la diferencia entre la rentabilidad de la deuda a diez años alemana y la del país que se compare– se ha disparado de forma exponencial. Arrancó el año en el entorno de los 640 puntos básicos y ahora ronda los 1.400 puntos. La buena noticia para la eurozona es que, a diferencia de lo ocurrido en años anteriores, las tensiones en el mercado de deuda no se han trasladado a otros países periféricos. Las primas de países como España, Italia o Portugal se han incrementado ligeramente y se mantienen en niveles bajos.

La extrema situación a que Tsipras ha empujado a Grecia ha debilitado de forma preocupante al sector bancario del país. A finales de junio, Citi estimaba que la fuga de depósitos de los bancos griegos desde principios de mayo alcanzaba los 12.000 millones de euros por la incertidumbre sobre la futuro permanencia del país en el euro. Según los cálculos del banco norteamericano, en lo que va de año la fuga de depósitos alcanza ya los 40.000 millones de euros, el 25 por ciento del total. Aunque muy preocupante por su cuantía, los expertos creen que la mayoría de estos fondos volverán al país si las negociaciones de Grecia con sus acreedores llegan a buen puerto.

Entre los pocos indicadores griegos que han mostrado una ligera mejoría está la tasa de paro. En enero era del 26% y en mayo había caído hasta el 25,6%. Es poco probable que esta reducción hubiera sido posible sin los 4.000 funcionarios que el Gobierno de Syriza volvió a contratar en mayo contraviniendo las recomendaciones tanto del FMI como de la UE. Ambos organismos han señalado a su hipertrofiada Administración como uno de los principales problemas a solucionar. No sólo reduciendo el número de funcionarios, sino también sus abultados salarios que, de media, llegaron a rondar los 70.000 euros antes de la crisis.