Sexo y redes sociales: el sexting ha cambiado las relaciones íntimas

La tecnología entra en el dormitorio. El sexteo está cada vez más presente en nuestras vidas, sobre todo tras la cuarentena.

Redes sociales, aplicaciones para citas, sexting… son términos que todos conocemos y que muchos tienen interiorizados de primera mano. Las nuevas tecnologías han irrumpido en nuestras vidas cambiando muchas normas de convivencia, incluso las más íntimas. Pero realmente ¿existe realmente el sexo social? Y la respuesta es rotundamente sí.

Cada vez es más frecuente el intercambio de relaciones íntimas virtuales sin que las personas interactúen más allá de su teléfono móvil. Las expectativas de encuentros con desconocidos solo a través de las redes buscan, en un gran porcentaje de las ocasiones, una retroalimentación positiva y la búsqueda de una satisfacción inmediata.

La comunicación en el ámbito relacional ha cambiado a la par que la tecnología de los dispositivos y las redes sociales, por ello el sexteo se encuentra cada vez más activo en nuestra sociedad. Es más, es útil y hasta necesario para nuestra salud emocional en estos tiempos de pandemia en la que relacionarse físicamente con otra persona puede ser peligroso para nuestra integridad física.

Por otro lado, esta búsqueda de la satisfacción inmediata y la gran oferta de conocer gente nueva que ofrecen las redes es vista para algunos como la muerte del romanticismo. Mantengamos los pies en el suelo: las certezas que ofrecen el nuevo milenio son dos, internet ha matado el compromiso y los príncipes azules se han extinguido.

Ahora prima el “primero tengamos sexo y luego quién sabe”. En el mundo virtual, las citas de cena y despedida con un tímido beso se sustituyen por unos cuantos “me gusta” que desencadenan declaraciones apasionadas y solicitudes de encuentros reales. La parte positiva de esta velocidad virtual es que se juega con las cartas expuestas y se deja claro las intenciones de cada cual: en el mundo virtual se eliminan unas expectativas que solo tienen sentido en las relaciones reales.

En internet no existen reglas sino que se sigue el instinto. No podemos estudiar el lenguaje no verbal de nuestra (futura) pareja, ni apreciar su olor o cómo se mueve, simplemente hay que dejarse ir de manera espontánea.

Las redes sociales como lugar de encuentro

En la actualidad el sexo virtual se está convirtiendo en norma. Las redes sociales no solo se están convirtiendo en el entorno donde se practican las fantasías eróticas, sino también en el contexto cada vez más utilizado para encontrar una pareja idónea para implementarlas en la vida cotidiana. En la actualidad seis de cada diez relaciones nacen gracias a internet, sobre todo en usuarios mayores de treinta años, personas absortas por su trabajo y sin tiempo libre para dedicarse a buscar un partenaire afín.

La sencillez de las redes y las aplicaciones para ligar, donde un simple deslizar con el dedo puede suponer conocer a una persona hace que los usuarios sientan más atracción que el “cansancio” que implica tener una relación real.

El sexting o sexteo

El sexo y la intimidad son claves para mantener viva una relación, y el sexteo puede ser una gran herramienta para esos momentos en los que no puedes tenerlo físicamente, además es una buena forma de estimular la imaginación y pensar en muchas cosas que quizás no se te habrían ocurrido en este momento.

El coronavirus ha hecho que esta práctica se convierta en un auténtico método de supervivencia para solteros o personas encerradas en su casa. Sin embargo, todavía mucha gente desconoce todo lo que implica esta práctica y lo confunden con enviar fotos de desnudos sin venir a cuento.

El sexteo no es pornografía sino enviar mensajes, fotos o vídeos sexualmente explícitos a través de cualquier dispositivo digital. Esto incluye desde mensajes de texto para proponer encuentros reales hasta fotos íntimas que puedan reforzar las relaciones entre parejas separadas. Sextear puede ser también un arma de doble filo, porque puede ser considerada desde un simple pasatiempo hasta convertirse en toda una adicción, y hay quienes lo consideran también una forma de traición.

Dicen que no todo el campo es orégano, y en el arte del sexteo también existen pequeñas normas que hay que seguir para que un simple “¿qué llevas puesto?” no se convierta en un bloqueo por parte de tu interlocutor.

Las fotos

La sutileza es la clave, y en el caso de las fotos íntimas también hay que actuar con cautela e ir poco a poco. A ninguna mujer le gusta ser bombardeada con atributos masculinos cuando no conoce de nada a su dueño. El efecto que se consigue es de acoso y repulsa. Es mejor que estas fotos se envíen cuando se está en medio de una sesión de sexteo consensuado o ya existe mucha confianza previa.

A la hora de enviar fotos hay algún consejo que es básico, como evitar que se vea la cara, tatuajes o marcas significativas que puedan identificarte. Cuando envías una foto o vídeo, este se pierde en el ciber-espacio y no puedes tener la certeza que vaya a ser compartida o termine en un portal pornográfico. O que al terminar la relación la otra parte no la borre y la comparta entre sus contactos, por ejemplo.

Los mensajes

Al igual que con las fotos, no se puede agredir a la otra parte enviando mensajes subidos de tono sin un ambiente previo. Se recomienda comenzar con textos más inocentes que vayan derivando a un juego de palabras más pícaro e íntimo, sin ser demasiado obvio, para poder así analizar la respuesta e intenciones de la otra persona.

Sexo y alcohol

Todos deberíamos tener un amigo que nos quitase el teléfono móvil cuando hemos bebido un par de copas. Sextear cuando estás borracho conduce a errores ya que puede volver a la persona demasiado directa e incluso ofensiva. Prohibido totalmente.

Ser inmaduro

La clave para sextear es dejar volar la imaginación y dejar que esta se desarrolle de manera natural, pero ser demasiado pasivo, hablar solo de las habilidades de uno (peligro, fantasma) o enviar emojis para sustituir a frases puede matar rápidamente las ganas de continuar escribiendo o incluso de quedar en persona.