Doña Sofía vuelve a reinar en El Rastrillo

La Reina Sofía en uno de los puestos de El Rastrillo, ayer
La Reina Sofía en uno de los puestos de El Rastrillo, ayer

Se mantiene fiel al mercadillo solidario, que este año visitó por primera vez como monarca emérita

Los días de compras solidarias en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo van llegando a su fin y, como colofón de despedida, no podía faltar una de las asiduas por estos parajes: la Reina Sofía, que visitaba El Rastrillo por primera vez tras la abdicación de Don Juan Carlos el pasado junio. Su llegada al mercadillo, que se produjo en torno a las 11:00 de la mañana de ayer, era una de las más esperadas y, como es habitual, generó una gran expectación entre los miembros de los puestos y los visitantes que coincidieron con ella en el evento. Fiel a su tradicional cita con la organización benéfica Nuevo Futuro –de la que su cuñada, la Infanta Pilar, es presidenta de honor y una de sus principales promotoras–, recorrió las instalaciones en la nueva ubicación de El Rastrillo –que venía celebrándose en el Pabellón de La Pipa– acompañada de Pina Sánchez, presidenta de la ONG, y de varios miembros de la organización. A pesar de que no figura en sus agendas oficiales, se trata de un evento ineludible para la Familia Real, que asiste siempre que puede. Aunque en las últimas ediciones era habitual ver a la Reina acompañada de Doña Letizia, en esta ocasión realizó sus compras navideñas en solitario pero sin perder ni un ápice de su cercanía e interés por los artículos, especialmente los gastronómicos y los artesanos, aunque también se paró en algunos de bisutería y textiles. Doña Sofía charló con los vendedores y hasta se animó a participar en una tómbola de dos euros en la que le tocó una crema limpiadora facial. La encargada de este último «stand», Beatrix Van Rosmalen, se mostraba muy agradecida con la Monarca, ya que «nos visita todos los años y siempre se lleva productos holandeses. De entre todos, el queso maasdam es su favorito. Además de gustarle, la ayuda a mantener su línea», explicaba orgullosa a este diario. En su recorrido por el recinto, la Reina paró en puestos como el ruso, donde adquirió un par de muñecas matrioskas, y en el holandés Casa Rembrandt, en el que compró unos calendarios de adviento quizás para las pequeñas de la casa.

Cuestión de calcetines

Otra nacionalidad que captó su interés fue la peruana, en la que se detuvo durante un largo tiempo mientras asistía a un espectáculo de baile regional, para más tarde adquirir cuatro pequeños belenes típicos de la selva amazónica. La tendera, Alessandra Chipoco, esposa del cónsul de Perú, le regaló una pashmina de alpaca «en agradecimiento a su visita anual» y quiso tener un detalle con Doña Letizia, a la que le envió un libro de la cultura peruana. La anécdota de la jornada se produjo mientras charlaba con su sobrina política, Simoneta Gómez Acebo, en el establecimiento que ésta regenta y una de sus compañeras sugirió a la Reina que allí se encontraban «los mejores calcetines de todo El Rastrillo», a lo que ella le contestó de forma jocosa: «¡Es que yo no entiendo nada de calcetines!», provocando una carcajada entre los presentes. Su visita, que siempre se produce sin previo aviso –de hecho, se especuló con que iba a ser el pasado miércoles, auque finalmente se quedó en una falsa alarma–, acostumbra a generar un gran revuelo, ya que no todos los días se puede coincidir con Doña Sofía haciendo unas compras «vintage». La Reina, que recorrió buena parte de los 70 «stands» de El Rastrillo, fue la indiscutible protagonista de esta jornada previa a la clausura del mercadillo solidario, que hoy cerrará sus puertas tras diez días recaudando fondos para los niños en riesgo de exclusión social.