Cibeles, puro teatro

Uno de los modelos de Juan Vidal

Juan Vidal encandila en la tercera jornada de la «fashion week» con su colección «Aurora», en la que olvida sus aires rockeros para despertar a la mujer que espera entre bambalinas

«Tras un gran esfuerzo, inmóvil y sin aliento, sintió que su esbelta belleza se alejaba de ella. Me quedé observándola y durante un instante sentí el magnetismo y lirismo de sus misteriosas cualidades, suficientes para encender el firmamento y llenar de sentimientos a un observador que todavía la ama». Aunque Juan Vidal exhibe lo opuesto a la afectación del artista atormentado, por sus venas corre puro arte. Se percibe cuando explica su colección, «Aurora» –siempre las bautiza con nombre de mujer–, y lo demuestra cuando sale a escena. Porque más que una pasarela, en esta tercera jornada de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid hemos contemplado «el gran teatro del mundo», recorriendo ballets, mezclándonos con el burlesque, dejándonos apasionar en un tablao flamenco y observando los ensayos de una compañía de danza. En concreto, el diseñador alicantino ha recorrido el desarrollo vital de una bailarina, bebiendo de «Madame Butterfly» pero también de la ópera de Turandot: «Las piezas bailan el ritmo de la danza: de la inocencia de una joven que se curte en el ballet clásico a la extravagancia de aquella que ya se ha convertido en una musa, y que espera entre bambalinas, tranquila, los ramos de flores de sus admiradores y las preguntas de la prensa».

Por ello Vidal las atavía con «maillots» que favorecen el movimiento, gabardinas que imitan batines con plumas de marabú, abrigos que lucen «bolsillos tutú» y maravillosos vestidos midi en terciopelo rosa. El diseñador prescinde de la «Strawberry Fields Jacket» de Paul McCartney, que inspiró la primavera de «Alex», y se olvida también de sus aires rockeros para recrear el despertar de una bella durmiente, Aurora, que es mitad bailarina mitad princesa. «Me he inspirado en Anna Pávlova, Alicia Markova y Pina Bausch, tres generaciones de bailarinas que han combinado estatismo, poeticidad y expresionismo. Mi Aurora duerme en camisón –y Vidal enseña elegantes diseños de aire lencero: puro satén cortado al bies con espaldas de ensueño–, se mueve y fluye gracias a la amplitud de vestidos con claveles (esos que recibe la artista tras la función) devorados en satén, se deja caer en una butaca enfundada en su abrigo de zorro, muy años 30, y sale con una bomber de flores que imita el “body” bajo el tutú». Y en lugar de puntas, reinventa la bota de media caña, pero en satén y redondeada para imitar a esa bailarina romántica y moderna que baila de puntillas al ritmo del «I’m on Fire» de Bruce Springsteen.

De «El lago de los cisnes», Vidal rescataba la contraposición entre bondad y vileza, cerrando el desfile con imponentes diseños en negro. Con estampados de flores y abrigos deshilachados y construidos dramáticamente, Juan evocó Japón; una inspiración oriental que también hemos podido contemplar en los diseños de Juana Martín, que ha conseguido fundir el minimalismo de Oriente con su flamenco más característico, dando a luz una colección que, de nuevo, nos ponía en movimiento. Sobre las tablas, «Take Flight», una colección inspirada en la figura de un pájaro, «símbolo de espíritu, inmortalidad y renacimiento». En su décimo aniversario pisando fuerte en Ifema, la cordobesa vistió a una «working girl» que no pierde el duende flamenco pero que evoluciona hacia la sastrería más masculina con «blazers» de hombros muy marcados, abrigos clásicos y pantalones sastre de lana y cintura alta.

El «show» Montesinos

El teatro más surrealista lo vivimos a través del particular universo de Francis Montesinos. Tras la reapertura de su caso, el público se volcó con él, aplaudiendo todos y cada uno de sus diseños, que conformaron un excéntrico espectáculo a mitad de camino entre «El laberinto del fauno», «El amor brujo» y «Gladiador». También parecía brotar la España más almodovariana en colores vibrantes, minivestidos con «blazers» con hombreras en rojo, grandes collares dorados y referencias muy noventeras tanto para él como para ella. Importante, el casting: como Nicolás Coronado (hijo de su amiga y musa Paola Dominguín) y su novia, Cristina Duato, sobrina de Nacho Duato. Todo aderezado con música en directo, la que ponía una «torera» mitad Remedios Amaya mitad Gloria Gaynor. Y no, no se jubila. La España del desarrollismo la visitó también Moisés Nieto en una colección que comenzaba con una cita de García Lorca, unas sillas de tablao y una saeta rota, casi a ritmo de procesión. Sus diseños pretendían «oscilar entre la pena y la alegría, la culpa y la omisión», y el modisto lo conseguía sacando a sus modelos de dos en dos. Por su parte, Leandro Cano quiso rendir homenaje a su tierra, Andalucía, en paisajes que ha representado en algunos de sus mejores «looks». Puro teatro que se respiró por doquier entre bambalinas, gran inspirador del «backstage» moderno.