Cibeles: todo sigue (Des)igual

Nadie sabe muy bien cuál es la clave de su éxito. Puede que radique en la exaltación de la alegría, la frescura y la naturalidad. Y de la diferencia, claro. Algo que, en esta ocasión, queda patente con la elección de Chantelle Winnie, la primera modelo con vitíligo, como imagen de la próxima temporada. Frente a la perfección de la brasileña Adriana Lima, que abrió la última edición, esta modelo canadiense insufla aire fresco a una pasarela que, por lo demás, continúa inamovible en su 30º aniversario. «Me encanta ser diferente. Me quiero y me gusto tal y como soy», asegura la «top model» poco antes de desfilar. Ella es el principal reclamo de lo nuevo de Desigual, que realiza un viaje nómada a las raíces de la bohemia en clave «seventies», aunque continúa apostando por la habitual línea urbana que ya se ha convertido en su ADN. Winnie se ha reído, ha lanzado besos y ha movido su cuerpo bicolor al ritmo de Najwajean, Buraka Som Sistema y Major Lazer feat Amber Coffman... y al final se ha «sacudido» los prejuicios a ritmo del «Shake It Off» de Taylor Swift. La canadiense ha vestido como nadie las nuevas propuestas de la firma, que ha rebajado la mezcla de estampados (en ese dudoso uso del «mix and match» que tanto les caracteriza), ha incorporado faldas midi de vuelo y los ponchos aderezados con flecos, plumas y ribeteados de pelo. Eso sí: tan ajenos a las tendencias como en su primer desfile.

«Hemos creado una nueva mujer, con una línea que definimos como “boho” urbano, aunque nos inspiramos en los bosques, las frutas y los insectos, apostando mucho más por la paleta de tonos tierra, cálidos, más engamados. Es ponible, versátil y muy “folk”», cuenta a LA RAZÓN Manel Jadraque, CEO de la firma. Él es el artífice de la expansión internacional de la firma catalana, que en menos de una semana aterrizará en Nueva York, donde su estilo «happy» causa furor. Allí sus geometrías imposibles y su arriesgada mezcla de colores se asocia al desenfado mediterráneo; aquí, al estilo retro y a la chulería que se ha convertido en su eslogan más reconocido. Las corrientes intelectuales catalanas dejaron su huella en el particular estilo del noreste español, que se caracteriza por los grafismos y la mezcla agresiva de la paleta cromática. En esta ocasión, pudimos ver cruzar una pasarela cubierta de pelo naranja propuestas arriesgadas: desde «crop tops» vaqueros a ponchos de punto que prácticamente barrían el suelo, pasando por lentejuelas desperdigadas en camisetas elásticas, cuellos cisne combinados con «shorts» de pelo o unos divertidos sombreros al original –y reconocible– estilo de Pharrel Williams, que añadían el punto más folclórico a la colección. Los gorros de lana se combinaban con los vaqueros rotos y parcheados a base de pata gallo, ese estampado que caracterizó a las primeras mujeres trabajadoras de los 80, que encumbraron el «look» «dress for success». Y mientras las modelos lucían crestas de plumas al estilo mohicano, el resto de complementos continuaba la línea marcada por Desigual: comodidad y versatilidad se hacían patentes en botines cubiertos de pelo de colores, encaje, aplicaciones... Las plumas saltaban de sombreros y tocados para adornar hombreras y mangas, las sudaderas con mensaje se combinaban con ajustadas faldas de punto y las camisas vaqueras y los chalecos de punto hacían su irrupción sobre la pasarela. Ha sido sólo el primer desfile: por delante nos quedan cinco jornadas maratonianas de moda y estilo. Y Desigual ha dejado el listón muy alto.