Liza Minnelli, ¿la última recaída?

La intérprete de la mítica «Cabaret» ingresa en una clínica de desintoxicación.

Ha vuelto a caer, sumida en un bucle melancólico que le hace ingresar de tiempo en tiempo en una clínica de rehabilitación para superar una vez más su adicción a las pastillas y el alcohol, su sostén para superar a saber qué cosas. La última vez que fue ingresada fue en 2004, pero para Liza Minnelli el pasado siempre vuelve como un boomerang.

Una pena sus recaídas porque ella nació para el cabaret. Fue la única, la inimitable Sally Bowles, el personaje que encarnó en el filme de Bob Fosse «Cabaret» (1972). Con su pelo negro cortado y peinado como la «flapper» Louise Brooks. Sus sofisticadas uñas verdes y esa forma de caminar indolente que encarnó como una divertida parodia de la mujer fatal que por entonces representaba en el cine Marlene Dietrich en «El ángel azul». Hoy nadie recuerda a Jill Haworth como Sally Bowles, la actriz teatral que interpretó al personaje creado por Christopher Isherwood en su novela «Adiós a Berlín» en 1939, ni tampoco al personaje real, la cantante y escritora comunista Jean Ross, retratada por Isherwood como una mujer de «una fina y hermosa cara alargada, nariz aristocrática, pelo negro brillante y grandes ojos marrones». El prototipo de la vampiresa «divinamente decadente» a la que puso rostro y maneras más americanas Liza Minnelli en el papel que le consagraría y haría de ella un icono gay.

«Cabaret» puso de moda la imaginería nazi en el cine, influyó en la música de David Bowie y sus admiradores, los «nuevos románticos», con sus decadentes vestuarios y maquillajes, no sin antes crear una corriente de travestismo que partía principalmente de la imitación de Liza Minnelli en los números musicales de la película de Bob Fosse.

Liza fue el modelo perfecto como Joe Grey fue el maestro de ceremonias gay para iniciar los numerosos espectáculos que florecieron en la escena «drag queen» de todo el mundo, en especial la imitación del número de las sillas en el «Kit Kat Club», donde Liza Minnelli canta «Mein Herr» y se contorsiona con una silla como único soporte escenográfico.

A partir del escandaloso éxito de «Cabaret» y de sus giras por todo el mundo con el espectáculo, también dirigido por Bob Fosse, «Liza with Z», la vida de Liza Minnelli entró en una vorágine de alcohol, depresiones, amantes, maridos y drogas que culminaría en las escandalosas veladas del Studio 54 y su amistad con el pintor Andy Warhol a finales de los años 70. Cuenta en sus «Diarios» que un día entró en su casa y le dijo taxativamente: «Dame cualquier droga que tengas».

Sin fortuna en el cine

A partir de 1980, Liza Minnelli comenzó a entrar y salir de clínicas de desintoxicación sin que por ello abandonara sus actuaciones en el cine, en el que no tuvo demasiada fortuna. «New York, New York» (1977) fue un fracaso de taquilla, aunque hoy es uno de los grandes musicales de culto. Tras el idilio con su director, Martin Scorsese, y su colaboración con su padre, Vincent Minnelli, en su último y crepuscular filme, «Nina» (1976), la carrera de Liza Minnelli se centró en grandes espectáculos teatrales y televisivos, sus juergas y continuas curas de desintoxicación. Su vuelta triunfal a Broadway en 1997 con la sustitución de Julie Andrews en la versión teatral de «Victor/Victoria» fue apoteósica.

En 2000, los médicos le predijeron que viviría el resto de su vida en una silla de ruedas debido a una encefalitis viral, pero milagrosamente se recuperó y volvió a los escenarios acompañando a su amigo Michael Jackson en el «Especial 30ª aniversario», tan «estable como una mesa», y en 2002 con «Liza’ s Back», donde a petición de sus fans cantó en recuerdo de su madre Judy Garland «Over the Rainbow». Su última aparición ha sido junto a Cindy Lauper cantando «Girl Just Want to Have Fun», que muy bien podría resumir su intensa y agitada vida.