Alimentación macrobiótica, buscando el equilibrio

La macrobiótica no es una dieta de adelgazamiento ni un tratamiento depurativo puntual, se trata, al contrario, de una forma de alimentación basada en incorporar unos hábitos alimenticios saludables de por vida inspirados por la filosofía oriental del equilibrio entre el ying y el yang. En la práctica, sin llevarla al extremo, se trata de una dieta equilibrada cuyos parámetros coinciden en gran medida con los de la pirámide nutricional recomendada por la Organizacinó Mundial de la Salud.

La macrobiótica no es una dieta de adelgazamiento ni un tratamiento depurativo puntual, se trata, al contrario, de una forma de alimentación basada en incorporar unos hábitos alimenticios saludables de por vida inspirados por la filosofía oriental del equilibrio entre el yin y el yang. En la práctica, sin llevarla al extremo, se trata de una dieta equilibrada cuyos parámetros coinciden en gran medida con los de la pirámide nutricional recomendada por la OMS.

Sin ser una dieta vegetariana, la macrobiótica desaconseja el consumo de carnes –especialmente carnes rojas- y de pescado de piscifactoría, así como los productos lácteos y los huevos que no sean de gallinas criadas en libertad. También recomienda evitar los alimentos procesados.

En la base de la dieta macrobiótica están los cereales, que los especialistas en macrobiótica aconsejan comer preferentemente en grano y siempre integrales. Junto a los cereales, las legumbres son otras de las bases de la dieta. Combinadas con los cereales, son una excelente fuente de proteína vegetal, como también lo son el tofu o el seitán.

Los vegetales son por supuesto otra de las claves de esta filosofía alimentaria. Se recomienda comer siempre verduras de temporada, propias de la región en la que vivimos y a ser posible de producción ecológica. Asimismo, será preferible comer la verdura cocinada, aunque sea levemente, que cruda, para facilitar la digestión. De hecho, lograr digestiones ligeras, fáciles para nuestro organismo, es uno de los principales principios de la macrobiótica y por ese motivo hace especial hincapié también en la importancia de masticar bien los alimentos.

Otro de los elementos básicos de la dieta son las semillas. A menudo olvidadas, como señala el Dr. Jorge Pérez-Calvo, profesor de la Universidad Ramón Llull y reconocido especialista en medicina integrativa, en su libro Nutrición energética y salud (Random House Mondadori, 2003), “las semillas son un alimento altamente nutritivo y cuando acompañan a los granos les aportan vitaminas, ácidos grasos esenciales y sales minerales”. Asimismo, las algas y los encurtidos –verduras macerada con sal y fermentadas- son muy recomendados por sus propiedades nutritivas.

La macrobiótica concibe en definitiva la alimentación como una fuente de bienestar y salud, partiendo de que el equilibrio del cuerpo favorece también el equilibrio emocional y la claridad mental. Aunque existen varias recomendaciones generales y hay alimentos desaconsejados, la dieta puede adaptarse según las necesidades energéticas de cada uno, el tipo de trabajo que realiza, el área geográfica en la que vive o sus condiciones físicas. En todo caso, para no tener carencias y adaptarla a nuestro ritmo de vida es importante que sea seguida por un nutricionista que pueda resolver nuestras dudas y ofrecernos consejo. Las formas más radicales de alimentación macrobiótica –basadas sólo en el consumo de cereales- no son recomendables ya que comportan importantes carencias.