Alba Carrillo es retratada por sus antecesoras

Alba Carrillo

A ver cuánto dura la paz, qué tiempo guarda silencio y si mantiene esta fumata de paz con Fonsi ante los villancicos, belenes y polvorones de Estepa –que quizá mal digeridos frenen su desatada lengua– la imparable –¿inestable?– Alba Carrillo. Incomoda y al tiempo divierte con sus despropósitos orales, un ingenio desaprovechado que arremete con las que tienen el único delito de haberla precedido en las preferencias amorosas de su ex, Feliciano López. Se ve que todavía no superó el «ahí te quedas» y por eso arremete contra Alejandra Prats y María José Suárez. Incurre en la inelegancia de revelar que a esta última «los padres de Feli la llamaban “la anciana”», cuando la guapa miss sevillana sólo tiene 4l años. Otro despropósito al que la Suárez no entra. Se limitó a decir que «en su día hasta le deseé un buen matrimonio». Cordialidad mal correspondida que perfila el carácter de la última, hasta el momento, en los afectos del apuesto y tan castigador campeón. Dejará mas huella sentimental que jugando en las pistas. Cuidarán de oír sus requerimientos, irán con cuidado evitando un compromiso que pueda avivar la iracundia de Alba, que parece que por fin ha acordado la paz –no se sabe si sólo temporalmente– con Fonsi Nieto, que pasó de protegerla a confesar «que callé durante cinco años y ya está bien»; podría abrir un nuevo fuego descalificador porque ninguno de sus amigos cree que Alba enmudecerá mucho tiempo. Antes muerta que callada. A ver si los Reyes le traen un nuevo encandilamiento que rebaje su rabia.

Y ya que andamos de propósitos navideños, me sorprende gratamente que algunos hayan retomado la archivada buena costumbre de mandar postales con buenos deseos. Repaso las recibidas, como la de la detallista Nati Cañadas, con parte de los mártires del siglo XX, a los que llama «ciudadanos del cielo». Es un óleo suyo que cuelga en las históricas Calatravas, nada que ver con el aire casi naif de sus también evocados franciscanos de América. Dior es fiel a la suntuosidad de la marca y, festejando 70 años, felicita oliendo a «Miss Dior» con un huevo desplegable. Mantiene el buen gusto antaño publicitado por Beatriz de Orleans. Es incombustible. Resiste y supera lo que sea y pide que le sigamos llamando alteza real, aunque su marido haya vuelto a casarse.

Con ese tratamiento desea buenas Pascuas desde el sol de su retiro marbellero, donde la nada cuestionable princesa Teñu de Hohenlohe es amparo y amistad. Para Porcelanosa, Colonques –que el próximo mes de febrero abre nuevo tiendón en Madrid– reproduce una Virgen con anónimo del XVI colgado en el Museo del Prado, al que acompaña en alarde un juego de té inglés. Sólo Luis Gil prefiere la corona de muérdago añorando sus años de mejor joyero madrileño, mientras la marquesa de San Eduardo publicita sus brillantes en una guirnalda de las que quitan el hipo.