Alessandro Lequio: «Mi hijo es un toro»

La enfermedad de Álex es «larga, dura y exige paciencia». El conde tuvo que sustituir a su hijo en la presentación de un restaurante.

El conde Lequio acudió la noche del jueves a la presentación del restaurante en lugar de su hijo
El conde Lequio acudió la noche del jueves a la presentación del restaurante en lugar de su hijo

La enfermedad de Álex es «larga, dura y exige paciencia». El conde tuvo que sustituir a su hijo en la presentación de un restaurante.

Alex Lequio nos mantuvo en un ¡ay! permanente. Costaba creer que el hijo de Ana Obregón y el conde italiano se hubiera recuperado tanto de su cáncer como para obtener permiso para viajar a España –l8 horas de vuelos, ida y vuelta– sin más objetivo que apadrinar un restaurante de shushi de La Moraleja. Parece que era un favor a unos amigos. Fueron vísperas de incertidumbre, de sí pero no mantenido por su propio padre, que confiaba en la llegada de su retoño. Sufría la desorientación general antes de salir para el estreno, cuando me dijo: «No hay que extrañarse del desconcierto. Mi hijo Alejandro es un toro, podía haber venido. A él, incluso contra el informe médico, le apetecía, sobre todo por reunirse con la familia y los amigos.Tiene mucho interés en volver cuanto antes y salir de esta especie de clausura lógica ante su salud. Cubriendo su ausencia, me tocará sonreír...».

–Es lo que debes hacer, no hay más remedio, nobleza obliga y más a ti.

–Pero me costará hacerlo.

–¿Cómo estáis Ana y tú?

–Con miedo, claro. Pero esperanzados ante la positiva reacción al tratamiento.

–¿Aún le queda mucho?

–Te lo puedes imaginar. Por eso envié un mensaje con intención de que haya calma y tranquilidad. Ana, que es una madre de sensacional coraje, no se separa de él desde el primer momento. Yo vuelo cuando puedo porque no puedo dejar mi trabajo televisivo. Es una enfermedad dura, larga y que exige paciencia. Tardará en volver siguiendo lo que diga el doctor Baselga.

Se le vió muy acongojado alabando a la Obregón «porque su novia ha tenido que volver». Tras esta tristeza que compartimos afectados, esa misma tarde y a la misma hora, en otro extremo madrileño, hubo cumpleaños cinematográfico.

Ríanse de las pasarelas hollywoodienses ante la que montó la productora Bambú para su décimo aniversario. Desde el lanzamiento que supuso «Velvet» en sus comienzos no paran de acaparar audiencias, incluso exportando trabajos como «Bandolera» «Gran reserva», «Fariña» o «La distinta». Pepe Sacristán, de auxiliador lino crema ante la calurosa tarde, ahora protagoniza un thriller de los que faltan en su filmografía. Delgado, muy barbudo y con 80, que no aparenta, igual que Concha Velasco (78), hablaron desde sus estrellatos, mientras la sensacional Ángela Molina, que parece una máscara trágica de intenso dramatismo, comentó con el recuperado Juan Ribó de cuán inolvidable fue su «Cándida» teatral con la irrepetible María Dolores Pradera, cuyo hueco nadie cubre. Era elegante y muy divertida, añoraba Ana Alvárez, mientras Ana Belén ceñía su delgadez con ajustado traje de piqué blanco y Lourdes Barroso ordenaba para que ningún famoso quedara sin hacer declaraciones. Sudó porque eran muchos.

Muy distantes de la sobriedad escénica, Rosauro Varo se dejaba ver con sonrisa feiz. Chocó que llevase tirantes, algo observado por Aitana Sánchez-Gijon, refrescada con la espalda desnuda de su traje rojo. Tina Sáinz era un recuerdo del ayer y Amaia Salamanca brilló más que ninguna, pese al escotazo de Nadia de Santiago.