Doña Sofía, cumpleaños sin Don Juan Carlos

Imagen de Doña Sofía.
Imagen de Doña Sofía.

«La jubilación no entra en mis planes», dice la Reina emérita, que cumplirá 77 años el lunes. Seguirá en activo mientras sea útil a la institución. Vive en La Zarzuela y no en Londres, como señalan los falsos rumores.

La Reina Sofía cumple el lunes 77 años, una cifra más que respetable a la que llega en un momento de plenitud de su vida, con una muy buena forma física y sin que por su cabeza haya pasado en ningún momento la idea de retirarse de su labor de apoyo a la Corona que el Rey Felipe, su hijo, le sigue encomendando. La jubilación es una palabra que no entra dentro de sus planes. La madre del actual Monarca es consciente de que, a su edad, la mayoría de las personas están más que jubiladas, pero no cree que esa situación le afecte a ella, ya que su plan es el de seguir en activo mientras se piense que puede continuar siendo útil a la institución de la Monarquía y se le siga pidiendo que continúe con su tarea institucional. Cuando alguien comenta a Doña Sofía, en alguno de los actos oficiales que protagoniza con frecuencia: «Señora, ya veo que no para, no parece una persona que esté ya retirada», ella responde enseguida: «La jubilación no entra dentro de mis planes porque tengo que seguir cumpliendo con las tareas que me encarga el Rey prácticamente todas las semanas». Para la Reina Sofía es esencial desempeñar su trabajo en esta nueva etapa de su vida que comenzó el día de la proclamación del nuevo Rey. Ella, aunque mantiene su título de Reina, sabe que el relevo en el trono le ha supuesto abandonar la primera fila que ha ocupado durante 39 años y que a partir de ese momento su papel pasaba a pertenecer a la nueva Reina.

Proyecto «from bubble»

De esa manera, el tránsito de ceder el papel protagonista de Doña Sofía a Letizia se ha hecho dentro de una normalidad total en instituciones como el Patronato de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, FAD, la Agencia Española de Cooperación Internacional, el Patronato de Discapacidad y otros organismos relacionados con la cultura, la sanidad y la educación. Pero se ha permitido a la Reina Madre conservar su papel protagonista en otras entidades como la Escuela de Música Reina Sofía, el Comité Protector de Música para el Reciclaje y, por encima de todo, trabajar desde la presidencia de la Fundación Reina Sofía, volcada en los últimos años en el apoyo a la investigación del alzhéimer y la ayuda a los afectados por el mal y sus familiares.

Su interés por esta enfermedad le ha llevado a aceptar la presidencia de honor del comité organizador de un proyecto artístico que distribuirá por Madrid dos mil esculturas en forma de burbuja que representan el cerebro de un enfermo afectado por el deterioro neurológico que provoca el alzhéimer. Ayer mismo, Doña Sofía acudió al Palacio de Cibeles para presidir la inauguración y puesta en marcha de ese proyecto, en la que estuvo acompañada de la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. La Reina madre se mostró interesada desde el primer momento por la instalación artística que persigue dar a conocer desde una doble perspectiva, la científica y la plástica, el deterioro del cerebro enfermo que es incapaz de procesar la información que le llega desde el exterior. Doña Sofía, sensibilizada al máximo con las consecuencias de la enfermedad, ha prometido asistir a un ciclo de conferencias que intentará relacionar la ciencia y el arte.

Su colaboración con el proyecto «From Bubble» tiene mucho que ver con su papel en la fundación creada en 1977, hace 38 años, que lleva su nombre y es la única en la que Doña Sofía desempeña la presidencia ejecutiva. Desde ese puesto, ella y un equipo reducido de personas desarrollan una serie de programas destinados a concienciar a la opinión pública de la importancia de investigar el mal que borra la memoria de las personas y termina por despojarlas de cualquier vestigio del pasado. El interés de la Reina se ha centrado en los últimos años en este tema pero sin olvidar otros de gran interés, como es el de la ayuda directa a las personas que sufren carencias de primera necesidad. Es el caso de la colaboración de la Fundación Reina Sofía con los bancos de alimentos, que ha supuesto destinar un millón de euros de los fondos de la entidad a esas organizaciones que proporcionan víveres para llenar las despensas de las familias sin recursos y que se hallan en grave riesgo de exclusión social.

Lucha contra la pobreza

Apoyar el sistema de los microcréditos, creados por el llamado banquero de los pobres, Mohamed Yunus, premio Nobel de la Paz, fue otra de las causas sociales a las que dedicó una buena parte de su tiempo después de conocer a fondo la eficacia del sistema de dar pequeños préstamos a mujeres extremadamente pobres para poner en marcha sus negocios y sacar a sus hijos adelante. La Reina contribuyó de forma decisiva a dar visibilidad al tema de los microcréditos y a que muchas organizaciones no gubernamentales los adoptaran en sus programas de ayuda contra la miseria. Acompañada del profesor Yunus, Doña Sofía recorrió algunos de los lugares de los países más pobres de la tierra para compartir la experiencia de las personas que, gracias a insignificantes cantidades de dinero que se les prestaban, lograban subsistir e incluso poder enviar a sus hijos a las escuelas.

Pura discreción

Ahora que Doña Sofía ha abandonado sus obligaciones de consorte del Rey Juan Carlos, ella puede dedicar buena parte de su tiempo a su familia, especialmente a sus hijos, y también, como no podía ser menos, a sus nietos.

A pesar de la difícil situación que se vive en el seno de una familia en parte desestructurada por el alejamiento impuesto a la Infanta Cristina y a su marido por el «caso Nóos», que afecta también a sus cuatro hijos, y a la nula relación de Don Juan Carlos y Doña Sofía como matrimonio, ella ha tratado de mantener los lazos familiares por encima de todo.

En el Palacio de la Zarzuela, su vivienda habitual en contra de los falsos rumores que señalaban la capital británica como su lugar de residencia, vive acompañada de su hermana, la Princesa Irene de Grecia, y despacha sus asuntos de trabajo con su equipo de secretaría, que encabeza Arturo Coello, una persona de su confianza que lleva ya tiempo a su servicio y que le acompaña en todos sus desplazamientos.

También cultiva a su reducido grupo de amistades que, como narraron Carmen Enríquez y Emilio Oliva en el libro «Doña Sofía. La Reina habla de su vida», prefiere mantener en el anonimato por pura discreción y para evitar que nadie los interrogue ni les pida detalles de su relación amistosa con la Reina.

Donde Doña Sofía se mueve sin cortapisas y disfruta mucho, sin duda, en Palma de Mallorca, donde ha permanecido durante una larga temporada el verano pasado. Sale y entra en el Palacio de Marivent con total libertad y aprovecha al máximo las visitas que le hacen sus familiares, como su prima Tatiana Radziwill, y muy especialmente sus nietos, los Marichalar y los Urdangarín, a los que acompaña siempre a su primer día de clase de la escuela de vela de Palmanova.

Además de esos momentos, los mallorquines están acostumbrados desde hace muchos años a verla pasear por la zona comercial de Palma, entrar en algunas de sus tiendas y grandes almacenes y asistir a conciertos y representaciones teatrales.

Premios y distinciones

En esta época nueva que Doña Sofía encara con ilusión y energía hay algo que la hace sentirse bien consigo misma. Se trata de recoger los frutos de toda una vida dedicada a hacer el bien a los demás y que instituciones muy prestigiosas se lo reconocen concediéndole distinciones que premian su intensa labor en defensa de la cultura o de su labor humanitaria. Hace una semana, la Reina ha recibido en Nueva York el Premio Adriano en reconocimiento de su trabajo para concienciar y dar a conocer la herencia cultural de España e Iberoamérica. Pero tan importante o más que recoger ese galardón fue escuchar de boca del prestigioso médico español Valentín Fuster que es «una de las personas más dignas de la Tierra» y que esa dignidad que ella posee «se percibe por cualquier tipo de personas: ricos o pobres, enfermos o sanos, intelectuales o no». Y como ejemplo de esto último, el doctor Fuster narró lo que le dijo un taxista de Madrid hacía una semana acerca de Doña Sofía al contarle que «ella era tan fabulosa por haber sido capaz de llegar a todo el mundo y que era necesario que hubiera mucha gente como la Reina madre».

Su labor no ha pasado inadvertida tampoco para el grupo de catedráticos que la propusieron hace unas semanas para el premio Nobel de la Paz, una candidatura que permanece vigente ante el Comité de los galardones a pesar de que se conceda a otras personas. Su dedicación a la enfermedad de alzhéimer, su apoyo al sistema de microcréditos y su defensa de la cultura han pesado, sin duda, a la hora de hacer la propuesta que algunos escépticos han puesto en duda dentro de nuestro país. Como siempre, tienen que venir de fuera que reconozcan la labor de una mujer que llega a los 77 años llena de empuje, generosidad y energía.

Felicidades, Señora.