El artículo de Lomana: La soledad del éxito

En su mercadillo, junto a Susana Watts
En su mercadillo, junto a Susana Watts

Valencia siempre ha sido y será una ciudad muy amada por mí, una de las más bellas, acogedoras y con mejor clima de España. Y los valencianos, alegres, explosivos y generosos, son la expresión misma de la esencia mediterránea. Así era Rita Barberá: excesiva en todo, alegre, cariñosa. La conocí bien, al igual que a su hermana; tenemos muchos amigos comunes y me encantaba su naturalidad y cómo disfrutaba sintiéndose querida por sus conciudadanos. Nunca olvidaré esas fallas en las que participé como Fallera Mayor de La Avenida de Francia. Rita me invito al balcón del Ayuntamiento para ver la Mascletá, la gente la aclamaba con pasión y ella los jaleaba, feliz.

Vivía por y para Valencia, ciudad a la que dio un maravilloso cambio radical. Ella era la alcaldesa eterna y el bastión fundamental del Partido Popular en esa comunidad autónoma. Rita ha muerto de pena, atenazada por la angustia, la incomprensión y la falta de cariño y apoyo. Ha sido tan machacada y vilipendiada por sus adversarios políticos como evitada e ignorada por sus correligionarios. Todo ello bajo una cobertura informativa de determinados medios de difusión despiadada. Toda esta persecución, no cabe duda, ha sido una de las causas fundamentales de su tan repentino fallecimiento.

A la alcaldesa no se le han encontrado bienes ocultos ni cuentas no declaradas. Tenía un modesto patrimonio. Todo ha sido por un supuesto blanqueo de 1.000€ euros en una donación al PP. Que esto ocurra en el país de los Pujol, Bárcenas y Urdangarin es francamente injusto por el agravio comparativo. A ella se la sentenció y prácticamente linchó desde el primer momento de una forma despiadada, sin estar ni tan siquiera imputada. Además, la palabra imputado no significa culpable, al menos hasta que se demuestre lo contrario. Toda esta actitud me lleva a la reflexión sobre la diferente tabla que empleamos para medir y juzgar a las mujeres. Me viene a la cabeza Isabel Pantoja que fue insultada y arrastrada por una multitud hasta producirle un desmayo. Los españoles parecen disfrutar con la desgracia ajena y, si es una mujer, la actitud es despiadada. Los compañeros políticos de Barberá la han tratado en algunos casos de una forma cainita, evitándola sin ningún respeto. Los mismos que hace muy poco mataban por hacerse una foto con ella. Rita, sólo quiero recordarte en todo tu esplendor con tu franca sonrisa y tu eterno collar de perlas, ese toque de feminidad que nunca dejó de acompañarte. Quizá elegiste, si es que lo hiciste, el mejor momento para morir y no seguir con ese calvario que fueron tus últimos meses.

Esta semana se me ha pasado en un soplo con el enorme trabajo de preparar mi mercadillo solidario, en el que como saben vendo mi ropa y objetos queridos para dar lo recaudado a obras sociales. Siempre me he sentido muy comprometida con el momento que me ha tocado vivir. En un principio, lo reunido iba destinado a comedores sociales. La idea surgió ante la impotencia que sentía al ver, en plena crisis, las colas de personas que se habían quedado sin trabajo y acudían a ellos en busca de una comida caliente al día. Pensé que para llamar la atención lo mejor era vender mi ropa, ya que siempre se me relacionaba con la moda, y así puse en marcha este mercadillo que se ha convertido en un clásico gracias a tanta gente que acude cada año y a los que nunca les estaré lo suficientemente agradecida por su apoyo y fantástica respuesta.

Me emocionan los fans que en un arrebato de amor cogen un avión desde las Canarias y se presentan para verme y comprar algún objeto mío, como sucedió ayer con un chico adorable que se llevó un par de zapatos de Jimmy Choo. La vida continuamente me sorprende con muestras de cariño como ésta.