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Ella es la verdadera chica del pañuelo rojo

Después de 75 años se descubre la auténtica identidad tras la mujer que puso cara al famoso lema «¡Nosotras podemos hacerlo!» (en inglés, «We can do it!»), convertido hoy en icono del feminismo

  • El póster junto a una recreación actual que ha hecho Naomi Parker-Fraley
    El póster junto a una recreación actual que ha hecho Naomi Parker-Fraley
  • Captura de Instagram de Beyoncé emulando a la chica del famoso cartel
    Captura de Instagram de Beyoncé emulando a la chica del famoso cartel
  • Naomi Parker-Fraley trabajando en 1943 en la Estación Aérea Naval de Alameda, California
    Naomi Parker-Fraley trabajando en 1943 en la Estación Aérea Naval de Alameda, California

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25 de abril de 2017. 22:12h

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25/4/2017

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Cuando Naomi Parker-Fraley vio por primera vez el mítico cartel de «¡Nosotras podemos hacerlo!» («We can do it!», en inglés) se dio cuenta de que la chica de la imagen le resultaba familiar: «Siempre he pensado que se parece mucho a mí, pero nunca nadie lo ha dicho». La famosa ilustración, convertida hoy en icono feminista –hasta la misma Beyoncé se ha fotografiado en Instagram emulando a la joven de pañuelo rojo y brazos flexionados con el puño cerrado– fue creada en 1943 por J. Howard Miller por encargo de la empresa estadounidense The Westinghouse Power Company para animar a sus trabajadoras. En realidad, fue una de las muchas representaciones gráficas que a comienzos de los 40 surgieron como propaganda para fomentar la incorporación laboral de las mujeres, ya que, coincidiendo con la II Guerra Mundial, muchos hombres abandonaron sus puestos de trabajo para partir al frente, por lo que se buscaba convencerlas para que ocupasen su lugar en las fábricas.

Fueron muchas las trabajadoras fotografiadas durante su jornada laboral con el objetivo de seguir alimentando el material propagandístico y captar así a más adeptas. Entre las cientos de retratadas sobresalió una joven con pañuelo rojo y lunares blancos, cuya fotografía –sin pie– tardó segundos en publicarse en los diarios de todo el país y que inspiró a Miller para la ilustración de su «We can do it!». Sin embargo, no fue hasta 1982 cuando, supuestamente, se descubre la identidad de aquella chica, Geraldine Doyle, quien tras percatarse de la famosa imagen en una revista aseguró ser ella la protagonista. Su testimonio trascendió sin ser cuestionado dado el enorme parecido físico. De hecho, Doyle murió hace siete años convencida de ello, sin conocer a Naomi Parker-Fraley, que después de 75 años se ha pronunciado para desmentir su versión.

Recientemente Parker-Fraley contaba a la revista «People» que no fue hasta 2009 cuando descubrió, durante una exposición conmemorativa de la II Guerra Mundial, que en el pie de la imagen el nombre de la chica no era el suyo sino el de Geraldine: «No podía creérmelo porque era yo. Me quedé sorprendida», ha declarado. Naomi movió cielo y tierra para intentar que se supiera la verdad e incluso envió a un periódico la captura original, que ella posee. Sin embargo, el testimonio de Doyle había calado demasiado hondo: «Me sentí devastada. Tan sólo quería que se me reconociera mi identidad», afirma, y añade: «No deseaba fama ni dinero, tan sólo lo que me corresponde».

Sin embargo, la historia dio un giro en 2015, cuando Naomi conoce a James J. Kimble, profesor de la Universidad Seton Hall de Nueva Jersey, quien, convencido de que la chica del pañuelo rojo no era Geraldine, llevaba más de seis años inmerso en una investigación con la que pretendía dar con la auténtica «Rosie, la remachadora» (en inglés, «Rosie the Riveter»), nombre genérico con el que se identificó a todas aquellas mujeres que pusieron rostro al material propagandístico de los 40.

«A Naomi se le ha robado parte de su historia», afirma Kimble. «Es muy doloroso. Es como si el tren hubiera salido de la estación y te quedaras ahí mirando, ya que no puedes hacer nada porque tienes 95 años y nadie se cree lo que dices», añade. El profesor conoció los detalles de su historia tras una invitación a la casa de Naomi. Allí le prometió que haría todo lo que estuviese en su mano para hacer constar oficialmente su testimonio. Y así fue, ya que el año pasado Kimble publicó en la revista «Rhetoric and Public Affairs» un artículo donde daba fe a la comunidad académica de la historia de Parker-Fraley. Hoy, a sus 95 años, tras haber sido camarera, haberse divorciado una vez y enviudado dos, está lista para la esfera mediática: «Las mujeres de mi país necesitan iconos. Si me consideran uno de ellos, estaré encantada de serlo», concluye.

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