Andorra

Guillermo Cervera: «Soy capaz de dirigir un museo»

Guillermo Cervera asegura a LA RAZÓN que no podrá hacer compatible su pasión por la pastelería con la dirección artística del nuevo centro

Las aficiones de Guillermo Cervera son muchas, entre ellas está el submarinismo
Las aficiones de Guillermo Cervera son muchas, entre ellas está el submarinismolarazon

Guillermo Cervera asegura a LA RAZÓN que no podrá hacer compatible su pasión por la pastelería con la dirección artística del nuevo centro

Es consciente de que el foco y las miradas están desde hace tiempo puestas sobre él. Estudió Museología en Inglaterra y está familiarizado con el arte desde muy niño. «Soy consciente de la situación y sabía que el hecho de que yo esté al frente de este museo de Andorra va a generar bastante controversia si no lo ha hecho ya. Tengo los necesarios conocimientos tanto teóricos como prácticos para asumir esta responsabilidad. Durante mucho tiempo me he mantenido en la sombra pero he estado ligado al mundo del arte desde siempre, no es algo que me venga de nuevo y no sepa cómo afrontar. Soy capaz de dirigir este museo y en ello me estoy empleando», dice para abrir fuego Guillermo Cervera, hijo del fallecido hermano de la baronesa y sobrino de Carmen Cervera.

Comenta que su tía «ha estado muy encima de la organización porque es una persona tremendamente activa que ha dado su opinión, pero me ha dejado plena libertad y ha confiado en mí. Se ha desarrollado una buena sinergia y nos hemos entendido perfectamente. Siempre tomo en cuenta sus consejos», asegura. Y añade: «Pero las decisiones las he tomado yo». Cervera, de 47 años, se muestra muy satisfecho con la selección de obras: «Están todas que quise que estuvieran». Todas a excepción de dos, una de ellas un Kandinsky que había viajado bastante en los últimos meses y que era necesario que descansara para que no sufriera más de lo conveniente. ¿Y no ha habido trato de favor en las peticiones por ser sobrino de quien es? «Se ha seguido el protocolo exactamente igual que si se tratara de cualquier otro museo que pide un préstamo. No ha habido favoritismo. Soy bastante perfeccionista y deseaba una serie de cuadros para poner en pie la idea que tenía. Y aquí están».

Aún le da vueltas a cómo será el día en que abra las puertas el museo, pues desea hacer algo especial: «No vamos a vivir de la inauguración, sino que ése será el primer día y seguirán un segundo y un tercero, así hasta once meses. Las cosas hay que tenerlas bien pensadas y no improvisar», comenta. Y para ese arranque está prevista una reunión de los más mediáticos de la familia, una fotografía en la que Borja Thyssen, que es patrono del museo andorrano, tendrá su lugar. ¿Son buenas las relaciones entre ustedes? «Él ha estado pendiente y al día de todo lo que ha sucedido, tiene una participación activa. Muchas de las conversaciones que hemos mantenido han sido a tres bandas, con él y con mi tía. Todo marcha muy bien entre nosotros».

Enamorado del submarinismo y de la pastelería (fue finalista de un prestigioso concurso de chocolate en 2013, el World Chocolat Masters), Cervera tendrá que dejar de lado su faceta más dulce para centrarse en cuerpo y alma en el museo: «No podré hacer compatible ambas responsabilidades, es imposible y lo siento de verdad, pero la pastelería lleva muchas horas de trabajo y concentración y la dirección artística de un museo también, pues requiere estar encima las veinticuatro horas. Sabía lo que quería y también lo que era necesario dejar a un lado. Sé lo duro que es esto porque tenía experiencia cuando se me pidió que participara en la puesta en marcha de los centros de Málaga y el de San Feliu de Guíxols».

Cuando echa la vista atrás recuerda las temporadas que pasaba junto a sus tíos en Lugano. Cada día era una lección en vivo: «Tengo grandes y buenos recuerdos, sobre todo de una exposición en Lugano cuando yo no tendría más de 16 o 17 años. Ahí me dí cuenta de que el arte me había tocado. Hablé con mi tío y le dije que eso era lo que me gustaba. Yo quería que se diera cuenta de mi sensibilidad y él lo hizo, y me ayudó a canalizarla».