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La política de silencio de Felipe Froilán

El sobrino del Rey se ha negado a comentar el incidente ocurrido en el AVE esta semana. «No voy a contestar nunca. Se dicen cosas de mí que no son ciertas», afirmó en una ocasión sobre su relación con la Prensa.

El sobrino del Rey se ha negado a comentar el incidente ocurrido en el AVE esta semana. «No voy a contestar nunca. Se dicen cosas de mí que no son ciertas», afirmó en una ocasión sobre su relación con la Prensa.

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Felipe Juan Froilán sigue la línea editorial de sus padres: que hablen y digan lo que quieran de ellos, porque no tienen intención de responder ni aclarar nada. Eso es lo que piensa también el sobrino mayor del Rey y así me lo afirmó el verano pasado en Mallorca: «No voy a contestar nunca porque se dicen cosas de mí que no son ciertas y podéis poner lo que queráis. Yo no puedo decir lo que tienen que escribir, pero se equivocan muchas veces». Meses después me lo confirmaba cuando coincidimos en el palco del Real Madrid. Tras la supuesta discusión que mantuvo en el AVE esta semana con algunos dirigentes de Izquierda Unida, que habrían criticado a su abuela y a la Reina, Felipe no cambia de idea: no tiene intención de aclarar nada sobre su comportamiento.

Cejas pobladas, andares como cansinos, buen pelo, incipiente barba, nariz borbónica, ojos oscuros y caídos, directamente de herencia materna, y un porte que de espaldas puede ser confundido con su padre. Son dos calcos. A Felipe, Filip o Flip, según el grado de confianza de quien se dirija a él, le cayó el sambenito cuando a su abuelo se le escapó el nombre de Froilán para dirigirse a él y cuando, siendo un crío de cinco años, formó parte de la comitiva de pajes que portaban las arras y cestitas en la boda de Don Felipe. La niña a la que daba regias patadas en los aledaños del altar mayor de la catedral de la Almudena le sacaba dos años y trataba de tranquilizarle. Fue entonces cuando Felipe, al que en aquella época de guardería llamaban Pipe, se lió a patadas con la pequeña conciliadora, Victoria López Quesada, hija de un amigo íntimo del ahora Rey y de una prima lejana de la rama Borbón-Dos Sicilias.

Como una penitencia

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Un incidente que posiblemente no tenga las mismas consecuencias que los desplantes de la Princesa Leonor con su abuela en Palma. Dos nietos, dos actos desafortunados y dos catedrales. Froilán lo lleva desde entonces como una penitencia. Ha sido imposible desprenderse de esas dos cruces de su pasado porque se convierten en presente en cada nuevo acto en el que se ve involucrado y, por más que el joven insista en que se le deje de llamar Froilán, siempre salta su tercer nombre de pila. Tanto es así que en Twitter hay un perfil, Froilán I de España, con una foto suya de niño y el lema «La mano dura de la monarquía», con casi 30.000 seguidores, y otro denominado Partido Froilanista, que con sus 4.600 seguidores propone «coronar al futuro Duque de Lugo como Don Froilán III». Él, para no cargar más las tintas, tiene sus perfiles privados en las redes sociales.

Aunque le incomoden las noticias que se publican sobre su vida, Felipe se salió con la suya de no seguir estudiando en el extranjero, que es lo que su madre hubiera deseado. Una vez terminado el bachillerato, la Infanta investigó las limitadas salidas que tenía su primogénito, dado su boletín académico y la propia actitud displicente del joven. Consultó con varios profesores y amigos y, en concreto, se asesoró sobre la universidad americana de la calle Velázquez, The College for International Studies de Madrid, CIS, donde su hijo quería estudiar Administración de Empresas, dado que a las que piden Selectividad y un rendimiento escolar alto no puede acceder.

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