La última cita de madame Claude

Fernande Grudet murió ayer en Niza, a los 92 años. Era la dueña de un prostíbulo frecuentado por políticos, artistas y banqueros en los sesenta

  • Madame Claude tenía una red de 500 chicas en Francia, Reino Unido, Italia, Suiza e Ibiza
    Madame Claude tenía una red de 500 chicas en Francia, Reino Unido, Italia, Suiza e Ibiza

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23 de diciembre de 2015. 01:06h

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23/12/2015

Madame Claude fue la proxeneta de lujo más famosa de Francia, y ejerció su negocio con toda impunidad. Ayer falleció a los 92 años, sola, en un hospital de Niza. Políticos, artistas, banqueros, industriales, grandes fortunas... fueron clientes de sus chicas. «Yo he sido la mejor del siglo», decía sin ningún complejo. Muchos fueron los que pasaron por el 32 rue de Boulainvilliers, el hotel parisino que albergaba su establecimiento, pero la mayoría de sus nombres se fueron con ella a la tumba. «Confiaron en mí entonces, ¿por qué los traicionaría hoy?», contaba Madame Claude. Sólo algunos más ilustres, y ya fallecidos, aparecieron en las páginas de su autobiografía «Madame»: el sha de Persia, John F. Kennedy y Gianni Agnelli fueron algunos de los que frecuentaron sus salones. De los franceses nunca dio un solo nombre.

Unas 500 chicas pasaron por su red de prostitución, que tuvo su gran apogeo en los años 1960 y 1970. «Estaban obligadas a aprender ciertas cosas», contaba Madame Claude en una entrevista en televisión, «a hablar de cierta manera y evitar ciertos temas». Las confidencias que les hacían, y que Madame Claude transmitía a los servicios secretos, le permitieron mantener su prostíbulo sin sufrir contratiempos en una época en la que la prostitución estaba penada.

Pero la elección de Valéry Giscard-d’Estaing en 1974 y el nombramiento de Michel Poniatowski como ministro del Interior supusieron el inicio del fin para ella. El juez Jean-Louis Bruguière, más tarde especializado en temas antiterroristas, terminó con la red de prostitución de la rue Boulainvilliers, atacando donde más dolía: los impuestos. El fisco reclamó a Madame Claude varios millones de francos, pero ella pudo huir a Estados Unidos utilizando el pasaporte suizo que había obtenido gracias a un primer matrimonio. Fue condenada a cinco años sin poder pisar territorio francés, y cuando regresó en 1985 volvió a reconstituir una red de «call-girls» para intentar pagar sus deudas.

En 1992 fue detenida de nuevo. Según ella, fue denunciada por alguien que no quería que le hiciera la competencia. En su defensa, dijo al juez que ella simplemente educaba a las chicas para que «triunfaran en la vida, pero eran consejos muchas veces desinteresados». Su red estaba formada por medio centenar de chicas que trabajaban en Francia, Inglaterra, Italia, Suiza e Ibiza. A muchas las obligaba a someterse a operaciones de cirugía estética. Luego les organizaba las citas y se quedaba con el 25 por ciento de las tarifas, que giraban en torno a los 1.500 euros. Fue condenada a seis meses de prisión y a pagar un millón de francos de multa, que canceló rápidamente gracias a una primera entrevista en la televisión.

Madame Claude, que se llamaba en realidad Fernande Grudet, había poseído numerosas cuentas bancarias, casas de vacaciones y apartamentos sin cuento, y hasta un hotel en Haití, pero ahora no le quedaba más que una modesta pensión.

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