Las Campos, a tres bajo cero en Nueva York

La madre junto a sus dos hijas en el Rockefeller Center
La madre junto a sus dos hijas en el Rockefeller Center

El miércoles las veremos pateando Nueva York realmente rendidas porque es la única manera de conocer la «city»: cómodamente calzadas, eso sí, sin los estiletos de 13 centímetros de tacón que la matriarca solo se ponía durante el rodaje. Apenas la entrevieron y a causa del «jet lag», que llega y vence cuando nadie lo espera, Teresa pasó muchas horas en la cama recuperando el ritmo habitual generalmente frenético. «Fue todo un reto», me cuenta Raúl Hernández, autor con «La fábrica de la Tele» de este salto internacional, siempre buscando un más allá con Teresa, Terelu y una Carmen que asombrará en esta nueva experiencia donde sostiene a tope el sarcasmo. Es un buen soporte a la temible blandenguería navideña. Quizá lo haga porque mamá Campos ya casi delegó en su hija mayor el papel de portavoz, un agravio comparativo hacia la pequeña, a la que veo casi enrabiada pero sosteniendo la sonrisa.

–En Nueva York no tuvimos tiempo de nada...

–¿Ni de comprar?

–De nada. Suerte que Miami resultó más propicio, aunque también íbamos contrarreloj.

Volvieron emocionadas con el fastuoso montaje navideño, luz y color que estos días hay en la Gran Manzana, especialmente en la concurrida plaza del Rockefeller Center con su gigantesco árbol con miles de bombillas. Es una tradición conservada y engrandecida desde 1930. Deberíamos copiar el buen gusto de los aderezos, adornos y relumbres nada cargantes ni de mal gusto como los de algunas de nuestras calles. El Ayuntamiento debería supervisarlos antes de aprobarlos. Allí miman lo tradicional, mientras que aquí apenas valoramos nuestras menos vistosas aunque más enraizadas tradiciones. Producirá sensación ver a una adelgazada Teresa, que perdió doce kilos.

Desayuno en Ttiffany’s

Posa ante los restallantes escaparates de Tiffany’s al final de la Quinta Avenida, tan abarrotada estos días comparable casi a la Gran Vía madrileña o el barcelonés Paseo de Gracia. La originalidad de Carmena de hacer pasear en una sola dirección es caótica. Una anticipada broma de los inocentes, ella es así: se le ocurre y lo pone en marcha sin siquiera ensayarlo. Antológico e histórico resulta ver a Teresa, croissant en mano, viendo los joyones que antaño, igualmente epatada, admiró Audrey Hepburn en el mismo sitio. Traje de terciopelo negro y cascada de gruesos perlones al cuello para acentuar ese homenaje fílmico más conseguido que el de Terelu con la falda levantada por el aire del metro tal Marilyn en su película inconclusa. Imagen histórica y glamurosa.

Carmen cuenta y no acaba de su miedo a viajar en avión, más aún en un vuelo transoceánico de ocho horas. Hidalgo debería bautizar una de sus naves como «Las campos». Confortada por la primera clase de Air Europa, tomó un pastillómetro y desapareció el recelo sostenido toda su vida. «Ha sido un fenómeno y hoy podría dar la vuelta al mundo», me resumió, igual que Teresa la alegría de iniciar la tercera parte de «Las Campos», «cuando al principio creímos que no pasaría de dos programas. Pero el público disfruta viendo que en la tele nosotras discutimos igual que en casa». Tras Nueva York y Miami les esperan Tokio y Dubái, destinos de moda donde seguramente viajarán más ligeras de equipaje. Con las prisas hicieron las maletas tarde y mal: «Pensad que un abrigo de invierno ya llena una sola maleta», observó la Campos, siempre preocupada por el frío y bajo los rascacielos rodaron a tres bajo cero. Eso me recordó cuando años atrás, una madrugada impuesta por el cambio de horario, hicimos «Protagonistas» en La Voz de América teniendo por estrella a Plácido Domingo, que luego nos invitó a verle en «Carmen» en el Metropolitan. Fuimos a la matiné de las dos de la tarde, nos dio platea de segunda fila y Luis del Olmo se durmió nada más sentarse.

Las Campos no llegaron a tanto por falta de tiempo o a causa del excesivo equipaje. Teresa siempre pone de más «por asi acaso, que nunca se sabe». Es tan previsora que en uno de sus veranos en el marbellero hotel Coral Beach llegué a contar hasta 37 modelos diferentes. Los llevó para todas las horas: sandalias a playeras, tacón bajo para media tarde y taconazo de noche. «En Marbella eso lo cuidan y controlan mucho», detalló como disculpa de lo que semejaba un catálogo de Elda-Petrel o los fabricantes mallorquines. «Tengo verdadera ansia de recuperar mi programa y volver a la tele de siempre, no a esta de hoy donde las noticias son solo rumores».