Laurent de Bélgica: «Estoy cansado de ser príncipe»

Laurent de Bélgica afirma que su padre y su hermano boicotean su espíritu emprendedor

Toda familia tiene a su oveja negra. Y la real belga no va a ser menos. En este caso, la oveja descarriada es el príncipe Laurent, hermano del monarca. Es especialista en meterse en todos los charcos posibles. No se sabe si por el deseo imperioso de llamar la atención en una familia en la que el heredero siempre ha acaparado los focos o por su incapacidad para calibrar los daños que causan sus desatinos. El último escándalo se debió a un encuentro durante el mes de julio con las autoridades chinas sin permiso del ejecutivo de Charles Michel. Sin querer ocultar este hecho, el propio príncipe mostró vía Twitter una foto en la celebración del 90 aniversario del ejército popular chino. Tras meses de análisis, el Gobierno Federal ha decidido recortar la asignación que el príncipe recibe de las arcas públicas en un 15 por ciento. Lejos de aceptar el castigo con resignación y el gesto contrito que correspondería a un miembro de la familia real, Laurent de Bélgica, fiel a sí mismo, asegura que esta reducción de su salario, de 308.000 euros anuales, es una «violación de los derechos humanos» e incluso amenaza con ir a los tribunales. A las más altas instancias, al de Estrasburgo si es preciso.

Tensas relaciones

La querencia del príncipe por reunirse con autoridades extranjeras sin que nadie se lo pida ni nadie le dé permiso no es nueva. También intentó participar en una conferencia auspiciada por partidarios del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, pero el ejecutivo consiguió abortar la cita. Como agravante, Bélgica y Turquía mantienen relaciones diplomáticas muy tensas ya que Ankara considera que el país europeo ampara a la minoría kurda que se manifiesta de manera asidua en Bruselas, en frente de las instituciones comunitarias, contra el régimen turco. A Laurent le gustan las relaciones internacionales con mandatarios peligrosos. Entre 2008 y 2010 se reunió en varias ocasiones con un hijo de Muamar Gadafi. Una actividad quizá no demasiado extraña cuando Gadafi padre se fotografiaba sin parar con casi todos los líderes de Occidente que lo consideraban su amigo, pero muy curiosa ya que esas visitas tuvieron lugar en pleno derrocamiento del régimen por parte de las potencias internacionales.

En 2011, Laurent Sajonia-Coburgo-Gotha también viajó sin autorización a la República Democrática del Congo, antigua colonia belga, justo antes de la celebración de comicios en país. Por si fuera poco, en 2015 el Tribunal de Cuentas belga comprobó que había calificado como gastos oficiales facturas de supermercado y viajes de placer privados y le pidió la devolución de varios miles de euros. Además, siempre ha estado involucrado en negocios ruinosos, aunque él siempre ha sostenido que su familia (antes su padre, ahora su hermano) han boicoteado su espíritu emprendedor.

Las relaciones con su hermano son muy frías y nada indica que vayan a mejorar. En noviembre de 2016 quizo demostrar su oposición al tratamiento injusto que, según él, recibe de su familia. El 15 de ese mes se celebró en Bruselas el tradicional día del rey. La familia real asistió en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula al Te Deum (liturgia de acción de gracias) de costumbre. Aunque Laurent sí se presentó en la ceremonia, evitó saludar a sus padres, hermana y cuñado. Meses antes había asegurado a la cadena pública francófona RTBF que su familia se comportaba como la Stasi, la policía política de la Alemania de Este. Las crónicas de la prensa europea recogieron con una mezcla de escándalo y deleite estos rifirrafes. Pero este año, las cosas han ido incluso peor y el príncipe, ante la inminencia del castigo pactado entre el ejecutivo de Charles Michel y su hermano, decidió no acudir a la celebración.

Laurent no tiene por costumbre morderse la lengua. «Cuando se trata de servir a una buena causa, me siento motivado. Pero ciertamente estoy harto de ser príncipe», contestó a un estudiante belga que le preguntó por su cometido durante la visita a su colegio. La escuela de San Pablo había estado durante 14 años enviando invitaciones a la casa real para que conociera el centro y parece que para el príncipe esta actividad no era la más interesante de su agenda.

En otras ocasiones, el aparentemente frívolo Laurent ha sorprendido con declaraciones de tinte esotérico. El príncipe asegura ser capaz de comunicarse con los muertos desde que en 2015 se le sometiera a un coma inducido para ser tratado de una neumonía. Parece que en el mundo de los muertos Laurent se siente más cómodo que en el el Castillo de Laeken, residencia de su hermano.