Leonor, la reina del violonchelo

La hija mayor de los Reyes de España es una apasionada de este instrumento. Sigue así la estela musical de su abuela, Doña Sofía, que era íntima amiga del violonchelista Rostropóvich, y también de su madre, la Reina Letizia

La Princesa de Asturias, a su llegada a la misa de Pascua en la catedral de Palma de Mallorca
La Princesa de Asturias, a su llegada a la misa de Pascua en la catedral de Palma de Mallorca

La hija mayor de los Reyes de España es una apasionada de este instrumento. Sigue así la estela musical de su abuela, Doña Sofía, que era íntima amiga del violonchelista Rostropóvich, y también de su madre, la Reina Letizia.

La Princesa de Asturias ha heredado la pasión de su abuela paterna por la música. Realmente, de su abuela paterna y de su madre, la Reina Letizia.

A sus diez años, Leonor de Borbón Ortiz, a quien veíamos el pasado Domingo de Resurreción en la Misa de Pascua, tras un tiempo apartada de las cámaras y los flashes, pues la Reina Letizia es muy celosa con la intimidad de sus dos hijas, es una apasionada del violonchelo.

A finales de noviembre trascendió que los Reyes habían ido con sus hijas al Auditorio Nacional de Madrid a un concierto a cargo del grupo La Ritirata. No se trataba de un recital infantil, sino de uno en el que escucharon obras de compositores barrocos como Boccherini o Scarlatti con instrumentos de época. «Rendidas a la magia del violonchelo», se titulaba, entonces, sin saber que la Princesa toca ese instrumento. Y es que Leonor –que en el colegio puede estudiar música y escoger cuerda– es una apasionada del chelo, algo que sus padres quieren fomentar, al igual que cultivar a sus hijas en las bellas artes como la música, el ballet, la pintura o el cine.

Leonor de Borbón, Princesa de Asturias y heredera al trono, es, hoy por hoy, una pequeña de diez años que vive una niñez lo más normal posible, dentro de sus particulares circunstancias. Esa es una de las obsesiones de sus padres, que procuran que su día a día en el colegio de Los Rosales, en Madrid, no difiera en nada al del resto de los niños.


En el patio del colegio

Ello no impide que tenga, al margen, una formación como futura Reina de España, tal y como ha quedado de manifiesto en los actos públicos a los que ha tenido que acudir con su hermana, la Infanta Sofía, como la proclamación de su padre como Felipe VI, donde el comportamiento de las niñas en un acto tan solemne traspasó las fronteras, despertando elogios por su impecable educación.

Pese a ser un acontecimiento histórico, se trataba de una ceremonia larga –y aburrida, no nos engañemos– para unas pequeñas como Leonor, que aún no había cumplido los nueve años, y Sofía, que entonces tenía siete. Ese día, una vez más, las hijas de Felipe y Letizia volvieron a superar con nota su papel como herederas de un linaje que entronca con los Reyes Católicos.

Pero volvamos a Leonor, que corretea en el recreo por el patio del colegio como una niña más y que toca el violonchelo. Como ya hemos apuntado, tanto su padre como su madre quieren que así sea, a pesar de su educación en Zarzuela como futura Reina, su ingreso en hermandades como el Toisón de Oro –creada en 1429 y una de las órdenes de caballería más exclusivas e importantes del mundo– y su presencia en actos institucionales o, incluso, en eventos no oficiales, pero en los que deben posar para la Prensa, como la Misa de Pascua a la que asistieron, como es tradición, junto a sus padres y abuela en la Catedral de Palma.

En el colegio, Leonor es una niña más. Y la Reina Letizia, la mamá de Leonor y Sofía. Como complemento a la educación académica, con especial hincapié en los idiomas (se ha publicado que tanto Leonor como Sofía ya son casi bilingües en inglés, y Doña Sofía les habla en la lengua de Shakespeare), las bellas artes son también una prioridad. Y entre ellas, la música. La Princesa de Asturias se ha decantado por el violonchelo y en la pasada función escolar navideña ya mostró sus dotes tocando este instrumento con sus compañeros ante sus padres y el resto de los alumnos.

Leonor parece que sigue así una tradición musical que se mantiene en la familia por vía femenina, al menos en los últimos años. De sobra es conocida la poca afición que tiene Don Juan Carlos y la pasión por la música de Doña Sofía. De Don Felipe tampoco hay constancia de su melomanía, así como sí que la hay de su debilidad por deportes como la vela, el esquí o, incluso, el fútbol al ser un colchonero de pro, seguidor del Atlético de Madrid. La Reina Letizia, sin embargo, sí que es aficionada y quiere que sus hijas sigan por esa senda. Sabemos que Leonor se ha decantado por el chelo y que no se le da mal; de Sofía, por el momento, no tenemos constancia.

Está claro que la Reina tiene una fuerte personalidad y ha impuesto un nuevo estilo con su forma de actuar, mucho más acorde a los tiempos, y que ha dado como resultado que la imagen de la Familia Real haya remontado en un tiempo récord. Intenta que la condición de heredera de su primogénita no afecte en esta primera etapa de su formación y sigue muy de cerca su día a día en el colegio. En su vida privada, Letizia ha mantenido sus aficiones, como salir a cenar por barrios madrileños como Malasaña o asistir a conciertos y festivales de música indie. Pero no deja de lado la música clásica. El cine es otra de sus pasiones y es muy frecuente que el matrimonio vaya con sus hijas generalmente a ver películas en versión original en inglés con subtítulos en español, pues así las niñas practican este idioma.


La Reina marca la pauta

Hasta la llegada de Doña Letizia a la vida del hoy Monarca Felipe VI no había constancia de muchas salidas del entonces Príncipe de Asturias a este tipo de actividades, por lo que está claro que es la Reina ­ –que estará encantada de las dotes musicales de su hija Leonor y que la animará a que continúe con ellas– quien está marcando las pautas en estas aficiones. Tras ser proclamado, Don Felipe redecoró su despacho y puso presidiendo un cuadro de Carlos III, monarca de la Ilustración y mecenas de las Bellas Artes. Doña Sofía, gran melómana y Reina de vasta cultura, que era íntima amiga del grandísimo y recordado chelista Mstislav Rostropóvich (cenaban juntos cada vez que él venía a Madrid y la Reina acudió a Moscú a su funeral y entierro), también ve feliz cómo su nieta ha heredado esta afición. Quién sabe si con el tiempo, además de ceñir –metafóricamente hablando– el cetro y la Corona de España, de sus manos y su violonchelo sale, como conseguía el querido amigo chelista de su abuela, otra sublime versión de los «Conciertos para violonchelo» de Haydn... Seguro que Doña Sofía atesora valiosos secretos y confidencias del músico que podrá compartir con ella.

Mientras, Leonor –que hace casi un año hizo la Primera Comunión con sus compañeras de colegio, como una niña más, acompañada por sus padres y abuelos, y no en el Palacio de La Zarzuela– disfruta de esta etapa de su infancia con sus amigos entre correrías de pasillo y patio de colegio, donde ya demuestra unas inquietudes que la hacen ser una niña curiosa que pregunta por todo. Las pasadas Navidades, los Reyes también fueron con sus hijas a ver «Don Quijote», la nueva apuesta de la Compañía Nacional de Danza en el Teatro de la Zarzuela, otro de los templos musicales de la capital. Una nueva forma de entender la educación de la heredera al trono, en la que la música tiene un papel protagonista que suena muy fuerte y, por ahora, bastante bien.