Marilyn, lo que sólo sus amigos saben

Neil Sean recopila en su más reciente libro los recuerdos de varias estrellas, desde Debbie Reynolds hasta Jack Lemmon y Joan Rivers, que compartieron con la actriz y que la describen como la «femme fatal» pero también como una mujer religiosa y familiar.

Marilyn Monroe retratada por Bert Stern en 1962

Neil Sean recopila en su más reciente libro los recuerdos de varias estrellas, desde Debbie Reynolds hasta Jack Lemmon y Joan Rivers, que compartieron con la actriz y que la describen como la «femme fatal» pero también como una mujer religiosa y familiar.

Cuando Neil Sean tenía 9 años se encontró a Laurence Olivier en el Queen’s Hotel de Londres. «¿Eres Laurence Olivier?», le preguntó, maravillado. «Todo el mundo dice que lo soy», fue la respuesta del icónico actor. Los padres de Sean trabajaban en el mundo del espectáculo y por eso el niño se cruzó en varias ocasiones con muchos de los artistas de la época, a los que hacía preguntas, grabadora en mano. Hoy, Sean escribe para el «Mail Online» y trabaja como locutor y presentador de televisión en Reino Unido. Su más reciente libro, «I met Marilyn» (Maycon), recopila muchas de las entrevistas que ha hecho a lo largo de su vida, incluidas algunas de su infancia, que tienen a la rubia más sexy como punto en común. «El año pasado hablé con Chris, hijo de Jack Lemmon, y él me mencionó a Marilyn. A raíz de esa conversación decidí desenterrar mis antiguos casetes y, al escucharlos, me di cuenta de lo increíbles que eran algunas de las declaraciones», afirma Sean, que incluye en su libro conversaciones con Jack Cardiff, Charlton Heston, Bette Davis y Mickey Rooney, entre otros.

Su fascinación por Marilyn Monroe comenzó cuando era adolescente: «Vi un anuncio sobre un libro escrito por su criada en el que se contaba cómo era “la verdadera Marilyn”. Como no podía comprarlo, iba a una librería y leía un poco cada día». Sean se refiere a «Marilyn Monroe Confidential», de Lena Pepitone, que causó revuelo a finales de los setenta por los detalles que contaba de la actriz, como que no se bañaba a menudo. Tras leerlo, Sean recuerda haber pensando: «Esta mujer no sólo era hermosa, sino que también tenía problemas, pero no los entendía. Así comienza el culto a su alrededor: ¿por qué era infeliz cuando parecía tenerlo todo?».

Marilyn participó en 29 películas, 24 de ellas en sus primeros ocho años de carrera. Pero no sólo se convirtió en un icono por su trabajo en la gran pantalla, sino también por ser considerada la mujer más atractiva de todos los tiempos y por su tumultuosa vida sentimental, de la que habrían formado parte J. F. Kennedy, entonces casado con Jackie Onassis, y su hermano, Bobby. Al halo de misterio que la rodea se suma su muerte prematura en 1962, cuando tenía 36 años, en circunstancias que todavía son muy discutidas. En la obra de Sean, muchos ponen en duda que se tratara de un suicidio, si bien afirman que era muy melancólica. El autor tampoco cree que quiso acabar con su vida: «Estuve en su casa de Estados Unidos hace años y la mujer que vivió allí después de ella me dijo que encontró escuchas telefónicas en la habitación principal. Y una vecina suya aseguró haber visto a Robert Kennedy entrar su casa la noche antes de que muriera».

Jack Lemmon, compañero de reparto de Marilyn en «Con faldas y a lo loco», afirma en el libro haber sido testigo de su idilio presidencial. El intérprete vivía en la antigua mansión de su mentor, Harold Lloyd, y recuerda que un día «llegué a casa y había unos hombres con trajes y gafas mirando a Marilyn Monroe y a JFK jugando en la piscina. Así que de todas las historias que se cuentan de ella, ésta era cierta: tenía una relación con él». Lemmon también asegura a Sean que Marilyn estuvo embarazada: «Decía que parecía demasiado gorda. Y lo estaba, porque esperaba un bebé, aunque entonces no lo sabíamos». Lemmon la describe como «una chica muy infeliz y con bastantes problemas» y lo achaca a la crisis matrimonial que tuvo con su tercer y último marido, el escritor Arthur Miller: «No tengo idea qué tenían en común. Él siempre parecía un miserable durante los rodajes y quería llevársela pronto, como si temiera que alguien le señalara lo aburrido que era».

Su lado maternal

Cuando la «femme fatale» grabó «El príncipe y la corista» en los estudios Pinewood coincidió con Norman Wisdom, que entonces protagonizaba «Esta perra vida». El humorista recuerda que solía colarse en su set de rodaje y que «sin quererlo, arruinó un par de escenas. No podía evitar reírse y en dos ocasiones le pidieron que abandonara el lugar». El cómico hace hincapié en su lado más maternal: «Era una gran mujer y no parecía deprimida como muchos la han retratado. Creo que la verdadera historia es que, aunque amaba ser una estrella de cine, también quería una familia. Estaba fascinada con mis hijos pequeños».

El último premio que la actriz recibió fue un Globo de Oro, que le entregaron Charlton Heston, Rock Hudson y Stefanie Powers. La galardonada acudió con su última conquista, el mexicano José Bolaños, de quien Heston dice en el libro que «era un tipo que sabía que ser fotografiado con ella le haría mucho bien». Según el protagonista de «Ben-Hur», Marilyn estaba «muy sola y sentía que no tenía amigos». También revela que fue muy cariñosa con él tras la entrega de los premios, pero que la rechazó porque estaba felizmente casado.

Marilyn era una mujer consciente de sí misma y de su repercusión en el mundo. Eddie Fisher dice a Sean que le había confesado: «Sé que tengo un aspecto artificial. Pero también espero que dé alguna esperanza a las chicas ordinarias como yo, que quizá no sean las más grandes bellezas». Además, el cantante recuerda en el libro cómo una noche de los años sesenta Liz Taylor y Monroe acudieron a ver a Frank Sinatra, amante de la última. Durante el evento, Marilyn entregó un papel a Fisher con el número de su habitación y le dijo: «Si te gusto, vendrás». Él no acudió a la cita porque aún estaba casado con Taylor. La primera esposa del cantante, Debbie Reynolds, también fue amiga de Marilyn, con quien acudía a misa: «Ella era muy religiosa. Me dijo que era lo único en su vida que no le había decepcionado». Reynolds responde rotunda cuando Sean le pregunta sobre la muerte de la de melena rubia y ondulada: «Creo que fue asesinada porque muchos temían que saliera la verdad». Además, admite que le advirtió «que tuviera cuidado con los Kennedy porque sólo usaban a la gente».

Otra actriz que aboga por esta posibilidad es la fallecida Joan Rivers, que la conoció en una cena en Nueva York cuando ella tenía apenas 17 años y la actriz estaba grabando su último filme. Dice que era una persona muy servicial: «Hablamos del teatro en Nueva York y le pedí consejos sobre representantes. Estaban allí Lee Strasberg, Arthur Miller y Elia Kazan, y de pronto ella me miró y me dijo: “Los hombres son todos iguales. Son sencillamente tontos y les gustan los pechos grandes”».