Natalia de la Nuez: «Me decía que para él era un horror acostarse con la misma mujer toda la vida»

Juan Fernando López Aguilar, ex ministro de Justicia en la etapa de Zapatero, ¿es un maltratador? ¿Ha insultado, vejado y agredido a su ya ex mujer? O por el contrario, ¿es Natalia de la Nuez una mentirosa patológica incapaz de aceptar que su ex marido la ha abandonado, pero capaz de destrozar su prestigio e incluso mandarle a la cárcel? La opinión pública asiste desconcertada y atónita al cruce de declaraciones que ambos han protagonizado desde que a principios de esta semana el periodista Antonio Gándara destapara la marejada en la que estaba sumido el matrimonio. El ex ministro, de 53 años, dio la cara desde el primer minuto para clamar su inocencia: «Mi ex esposa se ha vuelto loca. No ha sabido aceptar que la dejase por otra mujer. Se me advirtió en numerosas ocasiones de que si seguía adelante con el divorcio, me iba a destruir, a hundir hasta aniquilarme. Soy inocente de las acusaciones. Jamás, de ninguna manera, la he maltratado». De ser verdad lo que cuenta, su ex mujer se habría inventado las agresiones físicas y verbales sabedora de que si asumía el rol de víctima, aunque falsa, iba a generar una ola de solidaridad a su alrededor que la meciera confortablemente y provocar un chorro frío de desprecio y repudia contra su ex marido. ¿Y cuál sería la razón? López Aguilar apunta a una venganza por despecho.

Pero, ¿qué cuenta ella? En su declaración judicial se describen episodios de agresiones físicas y verbales profusas en detalles. «A mí me ha insultado muchas veces con expresiones como ‘‘gorda’’, ‘‘puta loca’’, ‘‘me merezco una mujer con más pecho’’, ‘‘vaya anchura que tienes’’, ‘‘malvada’’, ‘‘no vales para nada’’, ‘‘vieja, estás arrugada’’, ‘‘eres una foca apestosa’’, y a mis hijos les ha dicho cosas como ‘‘tu madre está mal de la cabeza’’». Esta versión la apoya su hermana Patricia de la Nuez quien declaró ante la Policía: «Hace siete años que Natacha viene demostrando signos de malos tratos por parte de su marido Juan Fernando. Él siempre ha mantenido una actitud de desprecio hacia ella con gritos continuos, insultos y vejaciones. Mi hermana me ha llegado a contar episodios de malos tratos físicos».

Ante la titular del Juzgado número 2 de Violencia sobre la Mujer de Las Palmas de Gran Canaria, De la Nuez hizo el siguiente relato: «Alguna vez he sufrido agresiones físicas. La última ocasión fue en noviembre del año pasado. Estaba duchando a los niños cuando sentí que me cogían por detrás. Creía que me iba a abrir la cara en dos porque él tenía un dedo en mi nariz y otro en la boca (se supone que tiraba hacia los lados). Los niños gritaron que me soltara, pero como no se quedó a gusto, mientras yo los calmaba, me golpeó en la cabeza con una palangana. Este pasado verano me dio un empujón contra la mesa. Antes de 2009 recuerdo haber tenido un ojo morado mientras estábamos en Madrid que me lo hizo dándome cabezazos». Estos son sólo algunos de los episodios de agresiones que describe. En el tiempo, algunos se produjeron antes de que en julio de 2013 Natalia cazara una infidelidad de su marido. «Juan Fernando estaba encerrado en el baño hablando por el móvil. Le escuché decir ‘‘¿pero me quieres o no me quieres?’’, ‘‘entonces ¿por qué me mandas a la mierda?’’». Natalia se sumergió a partir de aquel episodio en una dinámica se sospechas y dudas que la impulsaban a cotillear el móvil de su marido buscando pruebas de su infidelidad porque «él me decía que estaba loca cuando le reprochaba que me era infiel». Llegó a obsesionarse: «Encontré fotos y las reenvié por rabia a todo bicho viviente. Además, una vez le vi tirar un preservativo usado por la ventana y exploté». Natalia asegura que Juan Fernando protestaba cuando le pedía que rompiese con la amante y le respondía: «No puedes exigirme que acabe con ella, para mí es un horror pensar en acostarme sólo con la misma mujer toda la vida».

Los bandos se han polarizado tanto que sólo queda acudir a los que podrían considerarse testigos imparciales, los vecinos del matrimonio mientras ambos convivieron. Sus testimonios los recabó la Policía después de recibir el pasado 28 de marzo una llamada de que estaba ardiendo la casa de la ex mujer de Juan Fernando. «Aquel día me llamaron a la puerta y me dijeron que la casa de Natacha estaba ardiendo. Salí corriendo e intenté tirar la puerta porque eran las nueve de la noche y los niños estaban dentro. No lo logramos. Miré por la ventana del patio de luces y vi cómo tenía encendida la inducción. Encima una sartén con aceite hirviendo y generando mucho humo», relata un vecino. Los efectivos de la Policía y los bomberos no tardaron en llegar: «Entre todos, logramos forzar la puerta con una radiografía. Natacha y los dos menores estaban tumbados en la cama de matrimonio completamente dormidos. Ella olía a alcohol. Los bomberos intentaron despertarlos a los tres. Primero lo consiguieron con ella, pero con los menores les costó más de lo habitual. Un rato después, Natacha se puso agresiva y comenzó a insultar a los presentes. Decía que la estábamos robando y que no entendía porqué había tanta gente en su casa».

Intentos de suicidio

A raíz de aquel extraño episodio, los agentes sondearon a los vecinos. Una mujer les explicó: «Natacha se ha abandonado desde que su marido la dejó. Él se fue en diciembre de 2014 pero desde entonces yo la he oído hablar con él ficticiamente, sin que estuviera». Otro de sus vecinos, en este caso un hombre, apunta: «Los problemas que ha tenido ella con su marido han desencadenado su alcoholismo. Se ha intentado suicidar varias veces. Una intentando tirarse por la ventana y otra en la que se encerró con unas tijeras en el baño amenazando con quitarse la vida y saliendo con el pelo totalmente trasquilado. Recuerdo una ocasión en la que vi a los dos por la mirilla de la puerta. Tuve que intervenir porque estaban forcejeando en el suelo después de una fuerte discusión». Otros vecinos hablan de violencia verbal: «El 5 de enero vi cómo Juan Fernando salía de casa a la una de la madrugada. Dio un fuerte portazo y gritó: ‘‘Eres una idiota’’. Él es una persona poco sociable». Otros apuntalan esta versión: «En mi casa se puede escuchar lo que sucede en la de Natalia. La relación no es buena desde hace años. Había muchas discusiones y gritos de él. Ella no respondía. La llamaba idiota, le decía que no valía para nada. Estas veces sí la escuché encararse». Sin embargo, cuando se le pregunta por violencia física, la mujer asegura no haber visto ningún episodio, ni haber detectado síntomas de que fuese maltratada.

Dos versiones opuestas, pero ¿a quién creer? La elección se antoja compleja entre hombre maltratador o mujer vengativa y mentirosa. Decantarse por cualquiera de las dos opciones dibuja un panorama oscuro y terrible. Ni siquiera la decisión de la Justicia menguará la polémica. Si el fallo favorece al ex ministro, Natalia dirá que en este país no hay justicia, y si le perjudica, será él quien use el argumento.