Atlético de Madrid

«Olalla, estate tranquila, Fer está bien»

La mujer de Fernando Torres no se despegó del teléfono, que ella no dejaba ni sonar, y respiró aliviada cuando supo que el jugador del Atlético estaba consciente.

La mujer de Fernando Torres no se despegó del teléfono, que ella no dejaba ni sonar, y respiró aliviada cuando supo que el jugador del Atlético estaba consciente.

Fueron 2-3 minutos, los más largos del mundo, pero menos de 180 segundos los que pasaron hasta que Olalla Domínguez, la mujer de Fernando Torres, recibió la primera llamada. Afortunadamente eran noticias alentadoras. No dejó ni que el teléfono sonase. «Dime», contestó. «Estate tranquila que Fer está bien. Está consciente. ¿Tu cómo estás?». «Angustiada», respondió con aparente serenidad a quien estaba al otro lado de la línea, que no era otro que el jefe de Prensa de Fernando Torres, Antonio Sanz, el mejor aliado del futbolista para hacer frente a ese difícil binomio que conjuga a la persona con el papel de deportista mediático.

A Sanz, al igual que a Olalla, la dramática caída de Fernando le pilla en Madrid trabajando y viendo el partido por televisión. Antonio reconoce que estaba «acojonado» hasta que Rafa Alique, director de comunicación del Atlético, le llama para tranquilizarle. La segunda vez que llama a Olalla, sus padres, que estaban en el campo y a quienes se les puede ver a ras de césped junto a la camilla que transporta a Torres, la han llamado para decirle que van en el coche detrás de la ambulancia. Más tarde, ellos mismos la telefonearán para contarle los resultados del TAC y lo que, para ella, su marido le había pedido que le dijeran para que estuviera tranquila.

Una vez quedó patente que el accidente no revestía la gravedad de los primeros instantes y pudo hablar con él, Olalla buscó billetes de avión para volar la mañana de ayer a Santiago de Compostela, junto a los tres hijos de la pareja –Nora, de 7 años, Leo, de 6, y Elsa, de 15 meses– para pasar con Fernando el fin de semana, pues el delantero rojiblanco tiene el alta hospitalaria pero no la médica. Por ahora, debe estar tres días en reposo absoluto hasta que el lunes vuelvan a evaluarlo, ya en Madrid, los galenos del Atlético.

La aparente serenidad de Olalla, aunque con el paso de las horas confesó a sus más cercanos que estaba viendo la televisión, durante esos tres eternos minutos, «acongojada y muy asustada», es producto de su reservado carácter gallego. «Es una niña muy entera», dice de ella su entorno. «Y muy madura», añaden.

Esta misma persona cuenta a LA RAZÓN que a Olalla no le gusta conceder reportajes. Sólo ha hecho uno, como favor a la diseñadora Rosá Clara, junto a dos de sus mejores amigas durante su estancia en Liverpool y Londres, Yolanda y Lorena, las mujeres de Pepe Reina y Mikel Arteta, respectivamente, y «lo pasó fatal». «No le gusta aparecer en los medios más que en lo imprescindible de la carrera de Fernando Torres (presentaciones y celebración de títulos). Siempre se ha mantenido en un segundo plano. Sabe a la perfección su función en este circo», cuenta dicha persona. Sus amigos la definen como «una madraza». No trabaja, pero tiene inquietud por el diseño, algo que estudió junto a otros módulos profesionales una vez que terminó COU en Galicia y se trasladó a Madrid para estudiar y vivir con Fernando. De hecho, se ha encargado de la decoración interior de los dos gimnasios que su marido tiene en la capital española: uno en el centro y otro en Pinto.

La «anti wag»

Con la discreción que le caracteriza, su escasa vida social y el convencimiento de mantenerse dos pasos por detrás de la condición de personaje público de su marido, se ha ganado el respeto de los medios para poder hacer su vida de forma casi anónima. Ese mismo hermetismo consiguió lograrlo de la Prensa inglesa, que a la llegada de la pareja a Liverpool –equipo por el que fichó Fernando Torres en 2007– estaban ávidos por un binomio que sustituyera a los emigrados Beckham en las portadas de las revistas. Pronto se dieron cuenta de que Olalla no tenía el mismo estatus que otras «WAGs» (en inglés, «wifes and girlfriends», es decir, mujeres y novias): natural y sencilla en su forma de vestir, poco dada a los escotes y a desfilar cual modelo en las gradas de los estadios. Siete años pasaron en tierras inglesas, donde nació el segundo hijo de la pareja sin que nada alterase su tranquila vida familiar. Lo mismo ocurrió en Italia o a su vuelta a España.

No hace declaraciones, pero da igual, desde la naturalidad otros lo hacen por ella para corresponder a la demanda que inspira. Todos hablan bien de ella. Por algo será. Da igual que lo diga por su boca o por la de otros para no adquirir un protagonismo no deseado, lo importante es que todo ha quedado en un susto y que, como ella, el mundo del deporte aguantó la respiración durante esos 2-3 largos minutos y después sintió alivio.

«UNA HISTORIA DE AMOR VERDADERO»

En el fútbol hay historias de amor de toda la vida, amores de juventud que no han sucumbido al dinero o a los envites de la fama temprana, como los de nuestros internacionales David Villa o Rubén de la Red. Es el caso también de Fernando Torres y Olalla Domínguez, que se enamoraron en la playa de Estorde, el pueblo gallego en el que las familias de ambos veraneaban. Dicen quienes los conocen desde entonces que Olalla tuvo claro desde el principio que era «el hombre de su vida» y él, que sería «la madre de sus hijos» (en la imagen, junto a ellos, dos de sus tres hijos, Nico y Nora, en la Eurocopa 2012). Ni siquiera la distancia pudo con un amor de verano quinceañero, los que tenía ella cuando Fernando, ya en el primer equipo del Atlético, pero sin carnet de conducir, pues aún no tenía 18, le pidió a un amigo que le acercara al aeropuerto para viajar a Santiago y allí le esperaba su hermano para llevarle a cumplir su propósito: pedirle salir a Olalla. Todo en cuestión de horas, aprovechando un día libre, que es como a partir de entonces se verían, hasta que ella acabó el colegio y se vino a Madrid a estudiar y a vivir con él.