«Si hablas te amenazan»

Tras salir a la luz los casos de abusos sexuales en Hollywood, las actrices españolas reconocen que en nuestro país también se producen acosos. Sin embargo, el miedo a las represalias hace que pocas se atrevan a contarlo

Tras salir a la luz los casos de abusos sexuales en Hollywood, las actrices españolas reconocen que en nuestro país también se producen acosos. Sin embargo, el miedo a las represalias hace que pocas se atrevan a contarlo.

Existe miedo a las represalias, amenazas y desunión entre nuestras actrices para enfrentarse al problema de los abusos sexuales con todas las de la ley. El acoso no es de ahora. Actrices como Bárbara Rey o María Jiménez han confesado que ellas lo sufrieron hace décadas. Ana Obregón manifiesta que «esto ha pasado porque ha habido una predecesora que en su momento dijo que sí y pasó por el aro. Conmigo lo han intentado alguna vez, pero yo siempre he sido muy cortante». Entre las intérpretes afectadas surgen los nombres de hombres poderosos que usaban sus influencias y sus promesas de un futuro mejor para llevarlas a la cama.

Bárbara Rey tenía 20 años y reconoce que «me lo hicieron pasar muy mal. En una ocasión, cuando trabajaba en el programa “Palmarés”, me recomendaron que tuviera una cita con cierto directivo de TVE y que era sí o sí. Y en otra, un productor intentaba tocar mi cuerpo siempre que podía. No pasó nada porque yo no quise. Dejé la película que él producía, me marché».

El cine del destape

Lo mismo le ocurrió a la desaparecida Nadiuska, sex symbol de toda una generación, quien un día me contó que «hay un representante que no me deja en paz, me acosa a diario para llevarme a la cama. Es insoportable». Aquel hombre hizo lo mismo con muchas actrices del «cine del destape», pero ninguna denunció. La cantante María Jiménez afirma que «el acoso existirá siempre. De mí abusaron sexualmente gratis en mis comienzos. Tendría que haberlo denunciado antes, pero ya ha caducado después de tanto tiempo».

En el mundo de la moda, Cristina Piaget también sufrió lo suyo: «Vivía en Nueva York, tenía 25 años y me llamaron para hacer un reportaje. El fotógrafo era Marc Hispard y me prometió el oro y el moro. Una noche me dijo que iba a dejar la puerta de su habitación abierta. Hice caso omiso y se acabaron las promesas». También la actriz y directora Leticia Dolera ha confesado que «en una fiesta de despedida de uno de mis primeros trabajos, el director se me acercó y me tocó los pechos. Y lo mismo ocurrió diez años después». La barcelonesa contó las traumáticas experiencias que marcaron su carrera en un texto escrito en primera persona para un medio digital con el fin de denunciar que los abusos son mucho más frecuentes en la industria y fuera de ella de lo que se cree, y que no siempre llevan la etiqueta Hollywood: «Ahora se habla de Harvey Weinstein, pero no es solo este tipo con poder y dinero, son Woody Allen y Oliver Stone defendiéndole, son también los cientos de testigos callando durante décadas, callando cada día».

En el caso de Aitana Sánchez-Gijón, el acosador fue un productor en la habitación de un hotel madrileño: «Solamente quería manosearme con el pretexto de estudiar ángulos para una película. Inmediatamente, me fui. Es un tema difícil de abordar, por supuesto. Aquel señor empezó a tocarme la cara, a colocarme el cuerpo y a aproximarse mucho. Me sentí fatal y me marché. Ahora, gracias a lo que está llegando de Estados Unidos, las mujeres tenemos cada vez menos miedo a hablar y a alzar la voz. ¿Por qué tomar como normal algo que no lo es?».

A Maru Valdivielso le obligaron a desnudarse de cintura para arriba: «Me sentí culpable mucho tiempo. Pensé que tendría que haberme ido de allí en el primer minuto, cuando me enseñó el dormitorio. Y renunciar por completo a la película. En tonces no tenía claros los límites. Ahora sí». Carla Hidalgo se negó a subir a una habitación en compañía de un actor, director y productor «muy conocido, que me amenazó con un “si te vas y no te acuestas conmigo me voy a encargar de que no trabajes nunca más”. Se quedó con las ganas, desde luego».

De Luisa Martín abusó un profesor de arte dramático: «Di un respingo y dije: Uy, ¿qué había aquí debajo? ¿Un bicho? Y seguimos trabajando. Por mi cara debió ver que no me hacía gracia». Incluso Yvonne Blake, actual presidenta de la Academia del Cine Español, reveló que fue violada por un productor americano durante el rodaje de una película británica cuando tenía 24 años: «Fue una experiencia indeseada y horrible. Además, él era una persona famosa y yo tenía miedo. No podía decir nada a nadie. Fue horroroso. En esos años me daba vergüenza hablar de ello y solo se lo dije a mi más íntima amiga». Hoy, Blake, de 77, se alegra de que salgan a la luz los casos de acoso: «Siempre se ha dicho que la mujer era la culpable y no es así. Es muy injusto. Esto pasa también en todos los negocios, no únicamente en el cine».

También en Miss España

A Terelu Campos se le insinuó un alto directivo de una cadena autonómica, y ella le contestó: «Qué pena ser tan mayor y actuar de esta forma». Y su compañera María Patiño recibió propuestas sexuales telefónicas a las que no hizo el menor caso.

Tampoco se libraron algunas de las ganadoras del certamen Miss España, como María José Besora y Juncal Rivero. Y a Eugenia Santana «un fotógrafo llegó a romperme la camisa para verme los pechos». El hecho es que el problema se dispara y las amenazas vuelven a hacer acto de presencia. La psicóloga Ana Torres recomienda que «esas actrices acosadas deberían formar un colectivo y llevar sus casos a la Justicia. Seguro que entonces acabarían las amenazas. Pero no veo que todas las que están denunciando ahora se movilicen para crear un frente común».

Aun así, la Asociación de Mujeres Cineastas y Audiovisuales (CIMA), que reúne a 300 del sector, ya ha anunciado una reunión de sus asociadas para analizar las últimas revelaciones y tomar una postura común para proteger al colectivo y prevenir que sucedan nuevos casos. Berta Ojea, actriz y secretaria de Igualdad de La Unión de Actores, denuncia que muchas intérpretes viven en «una cárcel de miedo y silencio, mientras sus compañeros miran para otro lado porque nadie quiere problemas. Eso las deja aisladas, solas. Así es muy difícil atreverse a denunciar».

Un productor dijo en una ocasión a un grupo de actrices que «si no tienes padrino te quedas en el camino». Lo soltó riéndose, pero sonaba a amenaza. Era la campaña del «braguetazo», como la denomina una cantante. O «el silencio de las braguetas», como califica el miedo a denunciar Agatha Lys, quien añade que, en determinadas épocas, «si no aceptabas hacer ciertos favores te despedían fulminantemente».