Un «toallero» para Carmen Thyssen

La baronesa atracó ayer en aguas ibicencas junto a sus hijas y unos amigos, aunque su sombra fue en todo momento la del encargado de velar por su ajuar playero

Cada vez que la baronesa emergía, cual sirenita, del agua ahí estaba él para extenderle sin demora su toalla
Cada vez que la baronesa emergía, cual sirenita, del agua ahí estaba él para extenderle sin demora su toalla

La baronesa atracó ayer en aguas ibicencas junto a sus hijas y unos amigos, aunque su sombra fue en todo momento la del encargado de velar por su ajuar playero.

La llegada ayer de Carmen Cervera a Ibiza podría haber sido como la de otro año cualquiera, pero no fue el caso. La tan sola presencia de una persona que no le quitó ojo de encima en ningún momento hizo posible que descubriéramos quién será durante estas vacaciones la luz y sombra de la baronesa Thyssen, quien, seguro, sabrá valorar la comodidad de contar con un «mayordomo» a pie de playa con el que podrá bañarse sin preocuparse de que algún bañista malintencionado pueda robarle la toalla.

A primera hora de la mañana de ayer, Carmen atracaba en la isla Pitiusa a bordo del «Mata Mua», el excluisvo yate con el que suele veranear todos los años y donde los cojines que decoran el sofá del salón están forrados con imágenes del cuadro homónimo de Paul Gauguin que da nombre a la embarcación y que es una de las joyas más preciadas de su colección. Llegaba procedente del municipio de Denia, donde el miércoles realizó una breve parada para tomar fuerzas y continuar su destino hasta las Baleares. Allí la esperaban quienes cada verano se acercan para pasar «revista» a los que la acompañan hasta la isla por estas fechas.

De carne y hueso

El séquito de este año lo componen, en primer lugar y como ya es tradicional, sus dos hijas, las mellizas Carmen y Sabina, que el pasado siete de julio cumplían 11 años. Bajaron del yate acompañadas por unos amigos. Les siguió la baronesa y tras ella, siempre a un paso por detrás y atento en todo momento a que nada se le pudiera caer de su ajuar playero, él, su fiel acompañante, al que muchos ya han bautizado como el «toallero» personal, de carne y hueso, de Carmen Cervera.

Ya en la playa, cada vez que la baronesa, cual sirenita, emergía del agua cristalina, haciendo gala de una figura estupenda a sus 74 años, ahí estaba él, dispuesto a tender su mano disimuladamente para que se secara sin demora las últimas gotas. Su «toallero» la conoce tan bien que incluso supo que, además de la toalla, Carmen también echaría mano de su camiseta al salir del agua. Por eso, supo anticiparse con acierto y, para cuando la baronesa extendió su mano para agarrarla, él ya la tenía preparada, estando así a la altura de las exigencias de su puesto. Pero, a ratos, también pudo tomarse un merecido respiro. De este modo, mientras Carmen tomaba el sol tranquilamente junto a sus hijas y amigos, él, ataviado con su bañador, aprovechaba para darse algún que otro chapuzón, aunque siempre atento a lo que ella pudiera solicitarle.

Lo cierto es que la baronesa ha de estar muy satisfecha con su compañía, ya que hace apenas un mes varias instantáneas inmortalizaron el momento en que él le acercaba, una vez más, la toalla a Cervera al abandonar las playas de Marbella, ciudad que visitó antes de partir a Ibiza aprovechando unos trámites que debía realizar en el Museo Thyssen de Málaga.

Una de las ausencias ayer en el séquito de la coleccionista fue, sin duda, la de su hijo Borja, su nuera, Blanca Cuesta, y sus cuatro nietos (Sacha, Eric, Enzo y Kala), aunque se espera que pronto se produzca el esperado reencuentro y el consiguiente posado familiar. A Borja se le pudo ver hace un mes por tierras ibicencas junto a su mujer e hijos, y hace cinco días volvían para celebrar su 37 cumpleaños. Así pues, muy probablemente se reúna dentro de poco tiempo con su madre y hermanas, y juntos partirán hacia su próximo destino, Italia, ya que recientemente (precisamente el día del cumpleaños de Carmen y Sabina) la baronesa adelantaba que este verano navegaría unos días por ese país junto a sus hijas y que también las acompañaría Borja.

Para éste, la compañía de su progenitora le es necesaria en el que no está siendo el mejor verano de su vida, ya que se va acercando el día en el que tendrá que sentarse en el banquillo de los acusados por un supuesto delito de fraude fiscal.